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Más horas en Facebook, en Twitter, en Instagram…

Más horas en Facebook, en Twitter, en Instagram…

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septiembre 25

Las redes sociales están de enhorabuena: el tiempo que dedican los usuarios de Internet a pasar el rato en ellas se ha ido incrementando desde principios de la década, y no es en el mundo desarrollado donde más se percibe esa tendencia.

Una investigación publicada por Global Web Index (GWI) ha establecido un ranking de 45 países según las horas de conexión de sus nacionales a plataformas como Facebook, Instagram, Twitter, Snapchat, etc. Llama la atención que en el top ten no hay un solo país europeo, ni tampoco están EE.UU., Canadá o Australia.

La lista la encabezan los filipinos, que de 2:49 horas de conexión en las redes sociales en 2012, pasaron a más de cuatro horas en los primeros meses de 2019. Les siguen los brasileños (3:45), los colombianos y nigerianos (3:36), los argentinos (3:27), y así. Los españoles están en el puesto 36, con 1:43 horas, mientras que los últimos sitios se los reservan los alemanes (1:15) y los japoneses (0:45).

¿Para qué interesa estar más de dos horas –o el tiempo que sea– en una red social? La respuesta que cualquiera imaginaría es: “Para estar en contacto con otras personas”. Pero no es exactamente así. Aunque por la mínima, el deseo de estar informado de los últimos sucesos y noticias aventaja al motivo antes mencionado (40% frente a 39%). Otras causas son poder ver contenidos divertidos o entretenidos (38%), “matar el tiempo” (37%), compartir fotos o vídeos (33%), o “que muchos de mis amigos están ahí” (30%).

El principal motivo de conexión a la red social es, según los encuestados, el deseo de estar informado de los últimos sucesos

Con estas pistas, se adivina que la más visitada de todas es Facebook. El 84% de quienes navegan por Internet son usuarios de esa red –salvedad hecha de los internautas chinos, que no pueden acceder a ella, y que tienen para consolarse otras plataformas más al gusto del Partido Comunista: WeChat y Tencent QQ. Fuera de ese país, a FB le siguen en preferencia YouTube (80%), el Messenger del propio FB (73%), WhatsApp (67%), Instagram (64%), Twitter (56%) y otras más.

Entrar, pero no interactuar

El reporte de GWI hace además una segmentación por grupos de edad y por regiones, y revela algunas tendencias interesantes.

Según ha podido constatar, el número de cuentas de un usuario en una o varias redes sociales ha escalado desde 2013. Ese año, un internauta tenía 3,8 cuentas, mientras que en 2018 eran ya 8,2. ¿Quiénes tenían más? Pues los más jóvenes: los millenials (de 25 a 34 años) y los de la Generación Z (de 16 a 24 años), con 9,1 cuentas. Los ya canosos babyboomers están a la cola en esto, con “apenas” 5,1 cuentas en redes. Por distribución geográfica, los latinoamericanos son quienes más tienen (más de nueve), y los europeos, los que menos (casi siete).

Salta a la vista, sin embargo, que muchos que disponen de muy buena conectividad –como quienes viven en países desarrollados– parecen estar utilizando las redes de un modo menos activo. Al menos es así en aquellas plataformas en que los usuarios cuelgan públicamente sus opiniones, imágenes, artículos de su agrado, etc.

“Los usuarios de Internet en EE.UU. y el Reino Unido son ahora más dados a compartir con sus conocidos información o contenidos por medio de apps de mensajería privada”, apunta el informe. Según explica, esos canales de intercambio están cobrando auge, por lo que las marcas comerciales “no deben ignorarlos”.

Los latinoamericanos son quienes más cuentas tienen en redes sociales (más de nueve), y los europeos, los que menos (casi siete)

Otra tendencia creciente por parte de los internautas es, al introducir la contraseña y entrar a la red social, no interactuar: quedarse simplemente de observadores, sin colgar una foto o escribir un post. En Facebook e Instagram ha crecido el número de quienes afirman proceder así: de 30% en 2015 a 42% en el primer trimestre de este año.

Esta actitud más cautelosa, tal vez derivada de la abundante información que se publica sobre las consecuencias de abusar de las plataformas de interacción social –“las investigaciones sugieren que las personas que pasan más tiempo en las redes sociales son menos felices”, dice a la BBC Ashley Williams, profesora de la Harvard Business School–, ha llevado a muchos jóvenes usuarios a dosificar su tiempo en esas webs. Para ello, colocan en sus dispositivos programas que rastrean el tiempo que dedican a estas, y les avisan cuando se pasan del límite que se han fijado. Quienes más uso hacen de estos software son los internautas de 16 a 24 años: el 28% de ellos los utiliza.

El entretenimiento, por delante del trabajo

La lista de países donde más tiempo pasan los usuarios en las redes sociales, muestra entre los primeros veinte a naciones con importantes niveles de desigualdad y pobreza. En ese caso están la India (puesto 130 en el Índice de Desarrollo Humano de la ONU), Ghana (140), Kenya (142) y Nigeria (157), entre otros.

Los entusiastas de la difusión de las nuevas tecnologías como palanca que ayude a desatascar la situación económica de millones de familias en países como los mencionados, podrán asombrarse ante la constatación de que los dispositivos móviles, los ordenadores y la conexión a Internet por medios impensables en áreas remotas –lo mismo utilizando globos que pequeños aviones–, sirve fundamentalmente para… chequear el “feis”.

En efecto: la digitalización les ha facilitado mucho las cosas a habitantes de países en desarrollo. En Kenya, por ejemplo, la creación de un sistema para la transferencia de pagos mediante el móvil, el M-Pesa, les “salva la vida” a los residentes de áreas rurales, donde no hay bancos. Asimismo, contribuye a la seguridad, pues evita la necesidad de llevar dinero en metálico en zonas consideradas peligrosas. Otra empresa, M-Shamba, hace llegar a los campesinos, por SMS, información necesaria sobre los cultivos, las condiciones meteorológicas para la siembra y la cosecha, y los precios del mercado para sus productos.

Internet es la economía del ocio de los pobres del mundo, según opina una profesora de la Erasmus University de Rotterdam

Pero los usos enfocados en la movilidad social o en la mejora del nivel de vida no son la norma en todos los contextos de pobreza. Datos de un estudio del Pew Research Center en África subsahariana muestran que el 85% de los que acceden a Internet lo hacen para contactar con amigos o familiares, y que apenas un 14% se conecta para recibir clases o apuntarse a un curso.

En relación con esto, The Economist hace referencia a los proyectos de empresarios y benefactores para difundir el acceso a la web en países pobres, que idealiza escenas de agricultores que buscan en Internet los posibles precios de sus cosechas, de mujeres que se interesan por temas de salud materna o de niños que se apuntan a cursos formativos.

Una profesora de la Erasmus University de Rotterdam, Payal Ayora, disipa esos castillos en el aire: Internet es la economía del ocio de los pobres del mundo. Según explica, en Occidente se tiende a pensar que la pobreza “es motivo más que suficiente para que los pobres, cuando se conecten, elijan temas de trabajo por sobre la diversión”. Y no: cuando hay conexión en el móvil, “el juego predomina sobre el trabajo, y las actividades de entretenimiento triunfan sobre las laborales”.

Una mirada al ranking de GWI puede revelar si la docente ha estado realmente muy descaminada.

Luis Luque. ACEPRENSA, 19-09-2019

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El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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