Temas & Noticias



Chilenidad

Chilenidad

Chilenidad

Sol Serrano: «¿Cómo, cuándo y por qué una persona se consideró chilena?».

El término me resulta un tanto artificioso, estereotipado. Es circular: hay chilenidad porque hay chilenos. Se popularizó en la famosa Campaña de la Chilenidad de Aguirre Cerda, en 1939, que buscaba la adhesión al proyecto industrializador y democratizador. Un hallazgo sorprendente fue que los estudiantes no sabían historia de Chile —les tomaron un examen con resultados desastrosos— y… ¡no sabían la letra de la canción nacional!!!! La campaña quiso definir una “cultura chilena”, y cuál su literatura, folklore, costumbres y arquetipos. Nada de aquello era inventado, sino que fue “fijado” y se extendió por las rutas oficiales. También entró a la RAE y a las encuestas.

Cómo se ha usado el término chilenidad es muy distinto a definirla como un concepto. La pregunta básica es cómo, cuándo y por qué una persona se consideró chilena en este territorio cambiante que adquirió Chile por nombre. No es obvio ni evidente.

Es la construcción de una nueva pertenencia, propia de la formación de los Estados nacionales. En las élites del XIX el término era el clásico de patria y República de Chile. ¿Cuál era el sentimiento de pertenencia del 85% que a mediados del XIX vivía disperso en el campo? Pertenecían a una familia extendida, a una localidad generalmente muy pequeña, a la hacienda. ¿Cuándo se encontraron con aquello que llamamos Chile?

El proceso fue diverso y heterogéneo entre grupos sociales, territorios, hombres, mujeres y niños, campo y ciudad, alfabetos y analfabetos. Los mecanismos más señalados son los símbolos nacionales y las guerras. Sin negarlas, a mi juicio fueron esas instituciones intermedias y capilares que se extendieron a través del territorio, la escuela, el subdelegado lego, el ejército y las conscripciones forzadas, la vacuna, las elecciones, fraudulentas, pero que movilizaban en torno a una figura que sería “parlamentario” y que al final derivaron en la militancia en los partidos. Aun así, las pertenencias de lo local a lo nacional requieren de las comunicaciones. Lo sintetizo en una palabra: caminos y más caminos, puentes y el ferrocarril que movilizan personas, productos, ideas; que transforman un territorio horizontal, cruzado por ríos, a uno vertical que cambia el sentido del tiempo en el espacio. Los medios de comunicación hacen lo mismo: el correo de postas a caballo se sube al tren junto con la prensa y aparecen cientos de periódicos locales. Hay más pueblos y ciudades, la población se congrega, al rumor le sucede la lectura en voz alta del pasquín en la estación, la botica, la pulpería. Aparece el telégrafo y la apoteosis es la radio, que incorpora a todos. La migración campo ciudad, el crecimiento del Estado.

En esa pertenencia construida inicialmente desde arriba, surge un nuevo pasado como propio e incorpora las tradiciones. Finalmente Chile terminó siendo un espacio de pertenencia múltiple, institucional y política, tanto como emocional, festiva, un lugar de la memoria forjada por los vínculos.

Las encuestas muestran cuán natural resulta ser chileno. Hemos tenido muchos conflictos, pero no el del nacionalismo separatista que tantos dramas ha causado en la historia. La anexión de los territorios del norte no fue fácil, pero no ha habido separatismo y hace mucho se define como chilena. Distinto fue el caso de la anexión del territorio mapuche, un proceso francamente desgraciado. Y aun así, los grupos mapuches reivindican mayoritariamente el derecho a su identidad más que la independencia.

Aunque “ser chileno” es un término poroso, el que sea compartido al menos como autoafirmación es un patrimonio muy valioso que, lejos de todo nacionalismo, nos permite reinventarlo con nuevos contenidos, sencillamente porque tiene historia.

Columna de Sol Serrano. EL MERCURIO, 18-09-2019

Video de la semana

Video Recomendado

El Monte Carmelo.



Renoir Con Musica

Para mi, lo mejor de la pintura Impresionista



Guadalupe Ortiz de Landázuri



KATICA ILLÉNYI theremin - O sole mio

Humor

El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

---------------------------------------

Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

---------------------------------------