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Rueda de prensa del Santo Padre

Rueda de prensa del Santo Padre

Rueda de prensa del Santo Padre
septiembre 17

El Papa concedió este martes 10 una conferencia de prensa en el avión que lo llevó de retorno a Roma, luego de su viaje apostólico a los países africanos de Mozambique, Madagascar y Mauricio, donde estuvo del 4 al 10 de septiembre. El Papa se reunió con los periodistas acompañantes y habló con ellos durante una hora y media respondiendo a sus preguntas:

-Julio Mateus Manjate (Noticias, Mozambique): Durante su visita a Mozambique, se reunió con el Presidente de la República y con los dos presidentes de los dos partidos presentes en el Parlamento. Me gustaría saber cuáles son sus expectativas para el proceso de paz y qué mensaje le gustaría dejar a Mozambique. Y dos comentarios rápidos sobre dos fenómenos: la xenofobia que existe en África y el impacto de las redes sociales en la educación de los jóvenes.

-El primer punto sobre el proceso de paz. Hoy Mozambique se identifica con un largo proceso de paz que ha tenido sus altibajos, pero que al final han logrado concluir con un abrazo histórico. Espero que esto continúe y rezo por ello. Pido a todos que hagan un esfuerzo para garantizar que ese proceso de paz continúe. Porque todo se pierde en la guerra, todo se gana con la paz, dijo un Papa antes que yo (Pío XII). Eso está claro, no debemos olvidarlo. Es un largo proceso de paz porque tuvo una primera etapa, luego se detuvo, luego otra… Y el esfuerzo de los líderes de los partidos opositores, por no decir enemigos, es ir uno al lado del otro. También es un esfuerzo peligroso, algunas personas arriesgaron sus vidas, pero al final se ha llegado a la conclusión. Quiero dar las gracias a todas las personas que han participado en este proceso de paz, a todas las personas que han prestado su ayuda. Comenzando por la primera, que comenzó con un café…. Había gente, un sacerdote de la Comunidad de San Egidio, que será nombrado cardenal el próximo 5 de octubre (Mons. Matteo Zuppi, arzobispo de Bolonia). Y luego, con la ayuda de tantas personas, incluida la Comunidad de San Egidio, llegaron a este resultado: No debemos ser triunfadores en estas cosas. El triunfo es la paz. No tenemos derecho a ser triunfalistas, porque la paz sigue siendo frágil en su país, como lo es en el mundo. Hay que tratarla como se trata a los recién nacidos, como a los niños, con mucha, mucha ternura, con mucha delicadeza, con mucho perdón, con mucha paciencia, para que crezca y sea robusta. Es el triunfo del país: la paz, la paz, la paz es la victoria del país, hay que entenderlo….. Y eso va para todos los países que son destruidos por la guerra. Las guerras destruyen, hacen que todo se pierda.

Voy a detenerme un poco en esta cuestión de la paz porque la llevo en el corazón. Cuando hace unos meses se celebró el desembarco en Normandía, es cierto que los jefes de gobierno estaban allí para recordar lo que fue el comienzo del fin de una guerra cruel, incluso de una dictadura antihumana y cruel como el nazismo y el fascismo…., pero en esa playa había 46.000 soldados, ese es el precio de la guerra. Confieso que cuando fui a Redipuglia para la conmemoración de la Primera Guerra Mundial grité: ¡Por favor, nunca más la guerra! Cuando fui a Anzio a celebrar el día de los muertos, sentí en mi corazón que teníamos que crear esa conciencia: las guerras no resuelven nada, al contrario, hacen ganar a las personas que no quieren la paz de la humanidad. Disculpadme por este añadido, pero tuve que decirlo ante un proceso de paz por el que rezo y haré todo lo posible para que siga adelante y espero que crezca con fuerza.

En segundo lugar, el problema de la juventud. África es un continente joven, tiene una vida joven, si lo comparamos con Europa, y repetiré lo que dije en Estrasburgo: la madre Europa casi se ha convertido en “abuela Europa”. Ha envejecido, estamos viviendo un invierno demográfico muy grave en Europa. Leí –no recuerdo en qué país, pero es una estadística oficial del gobierno– que en 2050 habrá más pensionistas en ese país que personas trabajadoras: ¡eso es trágico! ¿Cuál es el origen de este envejecimiento de Europa? Yo –es una opinión personal– creo que el bienestar está en la raíz. Aferrarse al bienestar: “Pero, estamos bien, no tengo hijos porque tengo que comprar el chalet, tengo que hacer turismo…, estoy bien así, un niño es un riesgo, nunca se sabe”. Bienestar y tranquilidad, pero es un ser que te lleva a envejecer. En cambio, África está llena de vida. Encontré en África un gesto que había encontrado en Filipinas y en Cartagena (Colombia). La gente cría a los niños como si dijeran: “este es mi tesoro, esta es mi victoria, mi orgullo”. Es el tesoro de los pobres, el niño. Pero es el tesoro de un país. Vi el mismo gesto en Europa del Este, en Iasci, especialmente esa abuela que mostraba al niño: este es mi triunfo… Tienes el reto de educar a esos jóvenes y hacer leyes para esos jóvenes; la educación en este momento es una prioridad en tu país. Es prioritario que crezcamos teniendo leyes de educación. El Primer Ministro de Mauricio me habló de eso. Dijo que tenía en mente el desafío de aumentar el sistema de educación gratuita para todos. La gratuidad del sistema educativo: es importante porque hay centros educativos de alto nivel, pero de pago. Hay centros educativos en todos los países, pero hay que multiplicarlos para que la educación llegue a todos. Las leyes sobre educación y salud en este momento son la prioridad allí.

Tercer punto: la xenofobia. He leído en los periódicos sobre la xenofobia, pero no es sólo un problema de África. Es una enfermedad humana, como el sarampión… Es una enfermedad que entra en un país, entra en un continente, y nosotros ponemos paredes. Pero los muros dejan en paz a los que los construyen. Sí, dejan fuera a mucha gente, pero los que se quedan dentro de las murallas se quedarán solos y al final de la historia derrotados por las grandes invasiones. La xenofobia es una enfermedad. Una enfermedad “justificable” por ejemplo para mantener la pureza de la raza, por nombrar una xenofobia del siglo pasado. Y muchas veces la xenofobia se sube a la ola del populismo político. Dije la semana pasada, o la otra, que a veces en algunos lugares oigo discursos que se parecen a los de Hitler en 1934. Es como si hubiera un pensamiento en Europa.

Pero vosotros en África también tenéis un problema cultural que debéis resolver. Recuerdo haber hablado de ello en Kenia: el tribalismo. Allí se necesita educar, reunir a diferentes tribus para crear una nación. Hace poco conmemoramos el 25º aniversario de la tragedia de Ruanda: es un efecto del tribalismo. Recuerdo en Kenia, en el estadio, cuando pedí a todos que se pusieran de pie y se dieran la mano y dijeran: “no al tribalismo, no al tribalismo”. Tenemos que decir que no. Eso es un cierre. Y también hay xenofobia interna, pero sigue habiendo xenofobia. Debemos luchar contra esto: tanto la xenofobia de un país hacia otro, como la xenofobia interna, como en el caso de algunos lugares de África y con el tribalismo que conduce a una tragedia como la de Ruanda.

-Marie Fredeline Ratovoarivelo (Radio Don Bosco, Madagascar): Ha hablado usted del futuro de los jóvenes durante su visita apostólica. Creo que la fundación de una familia es muy importante para el futuro. Los jóvenes de Madagascar viven en situaciones familiares muy complejas debido a la pobreza. ¿Cómo puede la Iglesia acompañar a los jóvenes ante el hecho de que sus enseñanzas se consideran anticuadas ante la revolución sexual de hoy?

-La familia ciertamente tiene la responsabilidad de criar a los niños. La manera de expresarse de los jóvenes de Madagascar fue emocionante, lo vimos también en Mauricio y también con los jóvenes de Mozambique en el encuentro interreligioso por la paz. Dar valores a los jóvenes, hacerlos crecer. En Madagascar el problema de la familia está ligado al problema de la pobreza, a la falta de trabajo y muchas veces también a la explotación del trabajo. Por ejemplo, en la cantera de granito, los trabajadores ganan un dólar y medio al día… Las leyes que protegen el trabajo y la familia son fundamentales. Y también los valores familiares, que existen, pero que a menudo son destruidos por la pobreza: no los valores sino la capacidad de transmitirlos y de continuar la educación de los jóvenes.

Ayer en Mauricio, después de misa, encontré a Monseñor Rueda con un policía, alto, grande, sosteniendo de la mano a un niño, que tenía más o menos dos años. Se perdió y lloraba porque sus padres no estaban allí. Lo habían anunciado por los altavoces y mientras tanto el policía lo acariciaba y ahí vislumbré el drama de tantos niños y jóvenes que perdieron sus lazos familiares a pesar de vivir en una sola familia: en este caso fue sólo un accidente.

Y también el papel del Estado en la protección y desarrollo de los mismos. El Estado debe ocuparse de la familia, de los jóvenes. Es el deber del Estado, el deber de llevarlos adelante. Entonces, repito, para una familia, tener un hijo es un tesoro. Y tienes esta conciencia, tienes la conciencia del tesoro. Pero ahora es necesario que toda la sociedad tenga conciencia de hacer crecer ese tesoro, de hacer crecer el país, de hacer crecer la patria, de hacer crecer los valores que darán soberanía a la patria. Una cosa de los niños que me llamó la atención en los tres países fue que la gente saludaba. Había niños pequeños que también saludaban, estaban contentos. Pero de alegría me gustaría hablar más tarde.

-Jean Luc Mootoosamy (Radio One, Mauricio): El Primer Ministro de Mauricio le agradeció su preocupación por el sufrimiento de nuestros conciudadanos que se vieron obligados a abandonar su archipiélago del Reino Unido tras la separación ilegal de esta parte de nuestro territorio antes de la independencia. Hoy hay una base militar americana en la isla de Diego García. Santo Padre, los chagosianos en el exilio forzoso desde hace 50 años quieren regresar a su patria y las respectivas administraciones de los Estados Unidos y del Reino Unido no permiten que esto suceda a pesar de que hubo una resolución de las Naciones Unidas el pasado mes de mayo. ¿Cómo puede usted apoyar la voluntad de los chagosianos y ayudar a la gente de Chagos a regresar a casa?

-Quisiera repetir lo que dice la Doctrina de la Iglesia al respecto. Las organizaciones internacionales, cuando las reconocemos y les atribuimos la capacidad de juzgar a escala mundial –pensamos en el tribunal internacional de La Haya o en las Naciones Unidas– cuando hacen declaraciones, si somos una humanidad tenemos el deber de obedecer. Es cierto que no siempre las cosas que parecen buenas para toda la humanidad serán buenas para nuestros bolsillos, pero hay que obedecer a las instituciones internacionales, para eso se crearon las Naciones Unidas y los tribunales internacionales. Luego hay otro fenómeno que, sin embargo, lo digo claramente, no sé si tiene algo que ver con este caso. Cuando llega la liberación de un pueblo (la independencia) y el Estado dominante tiene que irse –en África se han producido muchos procesos de independencia, desde Francia, Gran Bretaña, Bélgica, Italia, todos han tenido que irse, algunos han madurado bien–, pero en todos siempre existe la tentación de salir con algo en el bolsillo: sí, doy libertad a este pueblo, pero unas migajas me las llevo… Doy libertad al país, pero desde el suelo hacia arriba, el subsuelo sigue siendo mío. Es un ejemplo, no sé si es verdad, pero siempre existe esa tentación.

Creo que las organizaciones internacionales deben hacer un proceso de acompañamiento, reconociendo a las potencias dominantes lo que le hicieron a ese país y reconociendo la buena voluntad de salir y ayudándoles a salir totalmente, libremente, con espíritu de hermandad. Es una lenta labor cultural de la humanidad y en eso las instituciones internacionales nos ayudan mucho, siempre, y debemos seguir adelante haciendo que las instituciones internacionales sean fuertes: las Naciones Unidas que hagan bien su papel, que la Unión Europea sea más fuerte, no en el sentido de dominación, sino en el sentido de la justicia, la fraternidad, la unidad para todos. Creo que esa es una de las cosas importantes.

Y hay otra cosa que me gustaría aprovechar para decir después de su intervención. Hoy no hay colonizaciones geográficas, al menos no muchas, pero hay colonizaciones ideológicas, que quieren entrar en la cultura de los pueblos y cambiar esa cultura y homogeneizar a la humanidad. Es la imagen de la globalización como esfera, todos los puntos equidistantes del centro. En cambio, la verdadera globalización no es una esfera, es un poliedro en el que cada pueblo conserva su propia identidad, pero se une a toda la humanidad. En cambio, la colonización ideológica trata de borrar la identidad de los demás para hacerlos iguales y llegan a vosotros con propuestas ideológicas que van en contra de la naturaleza de ese pueblo, de la historia de ese pueblo, en contra de los valores de ese pueblo. Y hay que respetar la identidad de las personas, es una premisa que siempre hay que defender. La identidad de los pueblos debe ser respetada y por eso expulsamos toda colonización.

Antes de dar la palabra a EFE –que es privilegiada, “vieja”, tiene 80 años– me gustaría decir algo más sobre el viaje que tanto me ha impresionado. Me impresionó mucho la capacidad de su país por la unidad interreligiosa, el diálogo interreligioso. La diferencia entre las religiones no se borra, pero se subraya que todos somos hermanos, que todos tenemos que hablar. Eso es una señal de la madurez del país. Al hablar ayer con el Primer Ministro, me sorprendió cómo han desarrollado esta realidad y la viven como una necesidad de coexistencia. Hay una comisión intercultural que se reúne… Lo primero que encontré ayer cuando entré al episcopado –es una anécdota– fue un hermoso ramo de flores. ¿Quién lo envió? El gran Imán. Vosotros sois hermanos, la hermandad humana que está en la base y respeta todas las creencias. El respeto religioso es importante, por eso digo a los misioneros que no hagan proselitismo. El proselitismo es una falacia para el mundo de la política, del deporte –anima a mi equipo, a tu equipo–, pero no para la fe. Pero, ¿qué significa para usted, Santo Padre, evangelizar? Hay una frase de San Francisco que me ha iluminado mucho. Francisco de Asís dijo a sus frailes: “Llevad el Evangelio, si es necesario también con palabras”. Es decir, evangelizar es lo que leemos en el libro de los Hechos de los Apóstoles: el testimonio. Y ese testimonio provocó la pregunta: “Pero, ¿por qué vives así, por qué haces esto? Y allí les explico: “Es por el Evangelio”. La proclamación viene antes que el testimonio. Primero vives como cristiano y, si te preguntan, habla.

El testimonio es el primer paso y el protagonista de la evangelización no es el misionero, sino el Espíritu Santo que lleva a los cristianos y a los misioneros a dar testimonio. Entonces vendrán las preguntas o no vendrán, pero el testimonio de vida cuenta. Ese es el primer paso. Es importante evitar el proselitismo. Cuando ves propuestas religiosas que siguen el camino del proselitismo, no son cristianas. Buscan prosélitos, no adoradores de Dios en verdad. Aprovecho la oportunidad para subrayar esta experiencia interreligiosa suya que es tan hermosa. El Primer Ministro también me dijo que cuando uno pide ayuda a otro, dan la misma ayuda a todos, y nadie se ofende, porque se sienten como hermanos. Y eso hace la unidad del país. Es muy, muy importante. También en las reuniones no sólo había católicos, había cristianos de otras religiones, y había musulmanes, hindúes…, y todos eran hermanos. Lo he visto también en Madagascar y en el Encuentro Interreligioso por la Paz de los Jóvenes, con jóvenes de diferentes religiones que han querido expresar cómo viven su deseo de paz. La paz, la fraternidad, la convivencia interreligiosa, no el proselitismo, son cosas que debemos aprender para la paz. Esto es algo que quería decir. Luego, otra cosa que me llamó la atención –la vi en los tres países, pero me refiero a Madagascar–, la gente, en las calles, estaba la gente, se auto-convocó. En la misa del estadio, bajo la lluvia, había gente que bailaba bajo la lluvia, estaban contentos… E incluso en la Vigilia nocturna, la Misa –que dicen que ha superado el millón, no sé, las estadísticas oficiales lo dicen–, yo voy un poco más abajo, digamos 800 mil. Pero el número no interesa, interesa la gente, la gente que fue a pie desde la tarde anterior, estuvieron en la vigilia, durmieron allí –pensé en Río de Janeiro en 2013 en los que durmieron en la playa–, era la gente la que quería estar con el Papa. Me sentí humilde, muy pequeño ante la grandeza de la soberanía popular. ¿Cuál es la señal de que un grupo de personas es gente? La alegría. Había gente pobre, había gente que no había comido esa tarde para quedarse allí, estaban alegres. En cambio, cuando la gente o los grupos rompen con ese sentido popular de la alegría, la pierden. Es uno de los primeros signos, la tristeza de los solitarios, la tristeza de los que han olvidado sus raíces culturales. Ser consciente de ser un pueblo es ser consciente de tener identidad, de tener conciencia, de tener una forma de entender la realidad, y eso une a las personas. Pero la señal de que estás en el pueblo y no en una élite, es la alegría, la alegría común. Quería subrayar esto. Y por eso los niños se despidieron así, porque sus padres les contagiaron de alegría.

-Cristina Cabrejas (de la agencia española EFE que celebra los 80 años de fundación): En primer lugar, damos por sentado que uno de sus planes de futuro es venir a España, y esperamos que sea posible. La primera pregunta que quiero hacerle: para estos 80 años de EFE hemos preguntado a varias personas, líderes mundiales: ¿cómo cree usted que será la información del futuro?

-Necesitaría la bola de cristal… Iré a España, si vivo, pero la prioridad de viajar a Europa es a los países pequeños, luego a los grandes. No sé cómo será la comunicación del futuro. Creo que la comunicación era como cuando era niño, sin televisión, con la radio, con el periódico, incluso con el periódico clandestino que fue perseguido por el gobierno de turno, vendido por la noche con voluntarios…, e incluso de forma oral. Si lo comparamos con esto, era información precaria y la información de hoy quizás sea precaria en comparación con la del futuro. Lo que permanece como una constante en la comunicación es la capacidad de transmitir un hecho, y de distinguirlo de la historia, de lo que se cuenta.

Una de las cosas que daña la comunicación, del pasado, del presente y del futuro, es lo que se informa. Hay un estudio muy bonito, publicado hace tres años, por Simone Paganeni, lingüista de la Universidad de Aquisgrán, que habla del movimiento de comunicación entre el escritor, lo escrito y el lector. La comunicación siempre corre el riesgo de pasar del hecho a lo contado, y eso arruina la comunicación. Es importante que sea el hecho y que siempre se acerque al hecho.

También lo veo en la Curia: hay un hecho y luego cada uno lo decora a su modo, sin mala intención, esa es la dinámica. Así que la ascesis del comunicador es siempre volver al hecho, reportar el hecho, y luego decir que mi interpretación es ésta, me lo dijeron, distinguiendo el hecho de lo que se cuenta. Hace algún tiempo me contaron la historia de Caperucita Roja, pero sobre la base de lo que se informó, y terminó con Caperucita Roja y la abuela que puso al lobo en la olla y se lo comió. La historia cambió las cosas. Cualquiera que sea el medio de comunicación, la garantía es la fidelidad: “dices que” ¿se puede usar? Sí, se puede utilizar en la comunicación, pero siempre en busca de la objetividad de “se dice que…”. Es uno de los valores que hay que perseguir en la comunicación. En segundo lugar, la comunicación debe ser humana, y en términos humanos quiero decir constructiva, es decir, debe hacer crecer al otro. La comunicación no puede ser utilizada como un instrumento de guerra, porque es antihumana, destruye. Hace poco le pasé un artículo al Padre Rueda en el que le decía que había encontrado una revista que se titulaba: “las gotas de arsénico de la lengua”. La comunicación debe estar al servicio de la construcción, no de la destrucción. ¿Cuándo está la comunicación al servicio de la destrucción? Cuando defiende proyectos no humanos. Piensa en la propaganda de las dictaduras del siglo pasado, fueron dictaduras que sabían comunicarse bien, pero que fomentaban la guerra, las divisiones y la destrucción, no sé qué decir técnicamente porque no estoy ducho en la materia. Quería hacer hincapié en los valores a los que la comunicación, por cualquier medio, debe ser siempre coherente.

-Cristina Cabrejas (segunda pregunta): Vayamos al viaje. Uno de los temas de este viaje fue la protección del medio ambiente, de los árboles amenazados por la deforestación y los incendios. En este momento está ocurriendo en el Amazonas. ¿Cree usted que los gobiernos de esas zonas están haciendo todo lo posible para proteger ese pulmón del mundo?

-Voy a volver a África. Ya lo dije en otro viaje, hay un lema en el inconsciente colectivo: “hay que explotar a África”. Nunca pensamos: “Europa debe ser explotada”. Debemos liberar a la humanidad de ese inconsciente colectivo. El punto más fuerte de la explotación es el medio ambiente, con la deforestación, la destrucción de la biodiversidad. Hace un par de meses recibí a los capellanes del mar y en la audiencia había siete jóvenes que pescaban en un barco que no era más largo que este avión. Estaban pescando con medios mecánicos como nosotros ahora, un poco aventureros. Me dijeron: en pocos meses recogimos 6 toneladas de plástico… En el Vaticano hemos prohibido el plástico, tenemos esa meta. Esto es sólo una realidad de los mares. La intención de la oración de este mes es precisamente la protección de los océanos, que también nos dan el oxígeno que respiramos. Luego están los pulmones grandes, en África Central, toda el área amazónica, y luego otros más pequeños. Debemos defender la ecología, la biodiversidad, que es nuestra vida, defender el oxígeno, que es nuestra vida.

Me reconforta que sean los jóvenes los que llevan adelante esta lucha, los que tienen una gran conciencia y dicen: ¡El futuro es nuestro, con el tuyo haz lo que quieras, pero no con el nuestro! Creo que haber alcanzado el acuerdo de París fue un buen paso adelante, y luego los demás también…. Son reuniones que nos ayudan a tomar conciencia. Pero el verano pasado, cuando vi esa foto del barco que navegaba en el Polo Norte como si nada, sentí angustia, y hace poco todos vimos la fotografía del simbólico acto funerario de ese glaciar que ya no estaba en Groenlandia. Todo esto pasa de prisa y debemos tomar conciencia empezando por las cosas pequeñas. ¿Los gobernantes lo están haciendo todo? Algunos más, otros menos. Es cierto que hay una palabra que debo decir y que se encuentra en el corazón de la explotación medioambiental. Me conmovió el artículo en el Messagero de Franca Giansoldati, que no escatimó palabras y habló de maniobras destructivas y rapaces, y esto no sólo en África, sino también en nuestras ciudades, en nuestras civilizaciones. Y la mala palabra es corrupción: necesito hacer esto y para hacerlo tengo que deforestar y necesito el permiso del gobierno o de la administración provincial. Me dirijo a la persona encargada –y aquí repito literalmente lo que me dijo un empresario español–, y la pregunta que oímos cuando queremos que se apruebe el proyecto es, descaradamente: “¿Cuánto para mí? Esto es lo que sucede en África, América Latina y también en Europa. En todas partes, cuando se toma la responsabilidad sociopolítica como beneficio personal, se explotan los valores, la naturaleza y las personas. “África debe ser explotada”. Y pensemos en tantos trabajadores que son explotados en nuestras sociedades; en Europa tenemos al trabajador a destajo, los africanos no lo inventaron. A la criada se le paga un tercio de lo que se debe, los africanos no lo inventaron; las mujeres engañadas y explotadas para la prostitución en el centro de nuestras ciudades, los africanos no lo inventaron. Aquí también existe esa explotación, no sólo medioambiental, sino también humana. Y eso se debe a la corrupción. Y cuando la corrupción está dentro del corazón, preparémonos, porque llega de todo.

-Jeason Drew Horowitz (The New York Times, Estados Unidos): En el vuelo a Maputo reconoció que estaba siendo atacado por un sector de la Iglesia americana. Obviamente hay fuertes críticas de algunos obispos y cardenales, hay televisiones católicas y sitios web americanos muy críticos, e incluso algunos de sus aliados más cercanos han hablado de un complot contra usted. ¿Hay algo que estos críticos no entiendan de su pontificado? ¿Hay algo que haya aprendido de las críticas? ¿Tiene miedo de un cisma en la Iglesia americana? Y si es así, ¿hay algo que pueda hacer, un diálogo, para evitarlo?

-En primer lugar, la crítica siempre ayuda, siempre. Cuando uno recibe una crítica inmediatamente tiene que hacer autocrítica y decir: ¿es eso cierto o no? ¿Hasta qué punto? La crítica siempre me beneficia. A veces te hacen enojar… Pero hay ventajas. De camino a Maputo, uno de vosotros me dio ese libro en francés sobre cómo los americanos quieren cambiar al Papa. Sabía lo de ese libro, pero no lo había leído. Las críticas no provienen sólo de los norteamericanos, sino que están en todas partes, incluso en la Curia. Al menos los que te lo dicen tienen la ventaja de la honestidad para decírtelo. No me gusta cuando las críticas van por debajo de la mesa: te sonríen mostrando la dentadura y luego te apuñalan por detrás. Eso no es justo, no es humano. La crítica es un componente fundamental, y si su crítica no es correcta, usted está preparado para recibir la respuesta y hacer un diálogo y llegar al punto correcto. Esa es la dinámica de la verdadera crítica.

En cambio, la crítica a las gotas de arsénico de las que hablábamos sobre ese artículo que le di al Padre Rueda, es un poco como tirar la piedra y esconder la mano… Eso no es necesario, no ayuda. Ayuda a pequeños grupos cerrados, que no quieren escuchar la respuesta a las críticas. En cambio, una crítica justa –creo esto, esto, esto y esto– está abierta a la respuesta, eso construye, ayuda. En el caso del Papa: “no me gusta esto del Papa, lo critico, hablo, hago un artículo y le pido que responda…”, es justo. Hacer una crítica sin querer escuchar la respuesta y sin hacer el diálogo no es amar a la Iglesia, es ir tras una idea fija, cambiar al Papa o hacer un cisma. Esto, está claro: siempre una crítica leal es bien recibida, al menos por mí.

Segundo, el problema del cisma: en la Iglesia ha habido muchos cismas. Después del Vaticano I, por ejemplo, la última votación, la de la infalibilidad, un grupo abandonó y fundó los antiguos católicos para ser realmente “honrados” con la tradición de la Iglesia. Luego encontraron un desarrollo diferente y ahora hacen ordenaciones de mujeres. Pero en ese momento eran rígidos, se pusieron detrás de una ortodoxia y pensaron que el Concilio estaba equivocado. Otro grupo se fue en silencio, y no quiso votar… El Vaticano II también tuvo cosas así. Quizás el caso más conocido es el de Lefebvre. Siempre existe la opción cismática en la Iglesia, siempre. Pero es una de las opciones que el Señor deja a la libertad humana. No le temo a los cismas, rezo para que no existan, porque está en juego la salud espiritual de mucha gente. Que haya diálogo, que haya corrección si hay algún error, pero el camino del cisma no es cristiano. Pensemos en los comienzos de la Iglesia, que inició con muchos cismas, uno tras otro: arrianos, gnósticos, monofisitas… Me viene una anécdota: fue el pueblo de Dios el que salvó de los cismas. Los cismáticos tienen siempre una cosa en común: se separan del pueblo, de la fe del pueblo de Dios. Y cuando en el Concilio de Éfeso se habló de la maternidad divina de María, el pueblo –esto es histórico– estaba a la puerta de la catedral cuando los obispos entraron en el concilio. Estaban allí con palos. Se los mostraron a los obispos y gritaron: “¡Madre de Dios! Madre de Dios”, como diciendo: si no haces esto, te estamos esperando… El pueblo de Dios siempre se adapta y ayuda. Un cisma es siempre un desapego elitista provocado por una ideología desprendida de la doctrina. Es una ideología, quizás justa, pero que entra en la doctrina y la separa… Por eso rezo para que no haya cismas, pero no tengo miedo. Eso es resultado del Vaticano II, no de este o de aquel Papa. Por ejemplo, las cosas sociales que digo son las mismas que las de Juan Pablo II, ¡las mismas! Lo copio. Pero dicen: el Papa es comunista… Las ideologías entran en la doctrina y cuando la doctrina se desliza en las ideologías, existe la posibilidad de un cisma. Está la ideología de la primacía de la moral aséptica sobre la moral del pueblo de Dios. Los pastores deben guiar al rebaño entre la gracia y el pecado, porque la moralidad evangélica es ésta. En cambio, una moral de ideología pelagiana te lleva a la rigidez, y hoy tenemos muchas escuelas de rigidez dentro de la Iglesia, que no son cismas sino caminos cristianos pseudo-esquemáticos, que terminarán mal. Cuando se ven cristianos, obispos, sacerdotes rígidos, detrás hay problemas, no hay santidad del Evangelio. Por eso debemos ser mansos con las personas que son tentadas por esos ataques, están pasando por un problema, debemos acompañarlos con mansedumbre.

-Aura Vistas Miguel (Radio Renascença, Portugal): Sabemos que no le gusta visitar países que estén en campaña electoral, y sin embargo lo hizo en Mozambique, un mes antes de las elecciones, ya que el presidente lo invitó, como uno de los candidatos. ¿Por qué esa decisión?

-Sí, no fue un error, fue una opción decidida libremente, porque la campaña electoral comenzó en esos días y fue eclipsada por el proceso de paz. Lo importante era ayudar a consolidar el proceso. Y eso es más importante que una campaña que aún no ha comenzado. Al hacer balance de ambas, es necesario consolidar el proceso de paz. Y luego también me reuní con los dos opositores políticos, para subrayar que lo importante era eso, y no para animar al presidente, sino para subrayar la unidad del país. Lo que usted dice es cierto, sin embargo: tenemos que romper un poco con las campañas electorales.

Fuente: vatican.va / romereports.com

Traducción de Luis Montoya.

ACIPRENSA, 10-09-2019

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—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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