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Caminar. Las ventajas de descubrir el mundo a pie

Caminar. Las ventajas de descubrir el mundo a pie

Caminar. Las ventajas de descubrir el mundo a pie
septiembre 05

Autor: Erling Kagge. Taurus. Barcelona (2019). 173 págs. 16,90 € (papel) / 8,99 € (digital).Traducción: Lotte Katrine Tollefsen.

Aventurero, explorador y escritor, este es el segundo libro traducido, tras El silencio en la era del ruido, de Erling Kagge, un personaje interesante, capaz tanto de atreverse a descubrir una Nueva York inédita, andando por sus cloacas, como de completar el desafío de llegar al Polo Norte, al Polo Sur y a la cima del Everest, andando también, por supuesto. De esas experiencias vitales nacen libros como estos, que respiran pausa y que, también, como buen editor y lector, remiten a otros autores y textos, siempre con cercanía y sin pretensiones.

Sobre el caminar como algo profundamente humano –andar erguidos, pudiendo mirar el horizonte, a diferencia de los animales– se ha escrito mucho antes y, curiosamente, ahora en la última década, cuando menos andamos en los países desarrollados. Rousseau, Thoreau y Stevenson fueron, entre otros, tres grandes defensores del caminar, y son referencia obligada sobre el tema. Pero también recientemente han aparecido más de una docena de ensayos y algunos han batido récords de ventas, como Elogio del caminar, de David Le Breton, o Andar, una filosofía, de Frédéric Gross. Muy ligado al activismo figura el de Rebecca Solnit, Wanderlust, una historia del caminar, también un éxito de ventas mundial.

Cuando un perro o un gato están enfermos intentan siempre andar, levantarse y dar unos pasos, luchan contra la inmovilidad que precede a la muerte. Andar, pasear, desplazarse a pie nos da, según Kagge, una idea de lo que nos rodea, de lo que se encuentra más cercano, pero también alejado. Proporciona al hombre una medida más real del tiempo interior y exterior, así como del propio cuerpo, y una consciencia diferente. Andar es complemento fundamental a pensar y a pensarnos, a conocer y conocernos.

“Quien lee mucho y anda mucho, ve mucho y sabe mucho” se lee en El Quijote. Adán y Eva oyeron que Dios se paseaba por el Edén a la hora de la brisa, cuenta la Biblia. Se puede andar con un motivo –encontrarse con la manada de mamuts que está lejos para cazar alguno finalmente, ir al trabajo o al colegio, etc.– o pasear sin un objetivo definido. En la cultura japonesa hay una terapia conocida como baños de bosque, que consiste en andar por el bosque como remedio. A veces ir más lento, andando, implica poder ver y sentir cosas diferentes que nos perdemos habitualmente. Lentitud y memoria están ligadas y nuestra velocidad actual implica olvidar rápidamente.

El libro de Kagge no es una aproximación sistemática al caminar, como los ensayos de Gross o Le Breton; sería, más bien, como un Thoreau moderno, breve y sugerente. Al igual que El silencio en la era del ruido, el autor liga sus reflexiones a otros valores como la sobriedad, la importancia del esfuerzo, el recuperar cierta pausa, y dedicar tiempo a pensar y no a hacer solamente.

Aurora Pimentel. ACEPRENSA, 27-08-2019

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El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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