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La entereza de renunciar

La entereza de renunciar

La entereza de renunciar

El pasado 7 de junio, la Primera Ministra de Reino Unido, Theresa May, renunció a su cargo luego de que el Parlamento rechazara por tercera vez sus propuestas de acuerdo de salida de la UE. Cada vez que el Parlamento de Reino Unido rechazó las propuestas de May para salir de la UE. ¿Amenazó May con cerrar el Parlamento? No. Obviamente ni se le pasó por la cabeza esa absurda posibilidad. A los pocos días, un nuevo Primer Ministro,

Boris Johnson, sucedía a May, nombrando de inmediato a su equipo de Gobierno. En su discurso de salida, May declaró que “la prioridad inmediata debe ser completar la salida de la Unión Europea de una manera que funcione para todo el Reino Unido… Si se lleva a cabo esta tarea con éxito, será un nuevo comienzo para el país que puede llevarnos más allá del estancamiento actual y hacia un futuro brillante”. Finalmente agradeció al pueblo británico: “Ser primera ministra del Reino Unido es un gran honor. La enorme responsabilidad se ve compensada por la posibilidad de servir al país”.

Como se puede apreciar, a May no se le ocurre pechar o amenazar al Parlamento británico; no le pone plazos perentorios para que aprueben “sus propuestas” bajo amenaza de su disolución y cierre. Ello solo sería propio de alguna vil dictadura en algún país bananero del planeta. May no pierde el foco del problema: encontrar la mejor alternativa para completar la salida de Reino Unido de la UE y “de una manera que funcione para todo Reino Unido”. May como buena estadista no pierde la perspectiva ni egoístamente se aferra al cargo. Su meta es encontrar lo mejor para Reino Unido a fin de sacarla del estancamiento en que está sumergido con miras a un “futuro brillante”. Esa es la meta y la razón de ser del importante cargo que ocupa. Es consciente que ser la primera ministra es un gran honor, una gran responsabilidad y sobre todo, un servicio al país.

¡Qué diferencia con la actitud de nuestro presidente! Desde que Vizcarra asumió el cargo mostró una actitud tan contradictoria e incoherente con su discurso inicial. Hablaba de unión, de esfuerzo conjunto por sacar al país adelante, y sin embargo al minuto siguiente criticaba, pechaba y de manera altanera amenazaba al Congreso, Fiscalía, jueces y a todo aquél que le diera la contraria. Comenzó a presentar propuestas al Congreso –lo cual está en todo su derecho como presidente de la República tal como establece la Constitución- pero dichas propuestas van acompañadas de amenazas, presiones y plazos perentorios. ¿En qué democracia decente en el mundo un presidente amenaza al Parlamento –esto es, al pueblo representado- con disolverlo o cerrarlo si no cumple con su voluntad? Solo en países como Cuba o Venezuela en donde no existe un Estado de Derecho. Todo ello ha ido dividiendo y polarizando al Perú.

Precisamente y volviendo a May, durante uno de sus últimos actos como primera ministra, May expresó su preocupación por la creciente polarización de la sociedad británica y pidió que se buscara un “terreno común” en el Brexit, insistiendo en la necesidad de “estar preparados para llegar a compromisos”. En cambio al presidente peruano la polarización no le preocupa. Todo lo contrario, la busca a cada rato confrontando tontamente al Congreso. Si bien es verdad que eso le da cierta popularidad –tomando en cuenta que el Congreso se ganó a pulso su desprestigio- la confrontación no ayuda al Perú a crecer económicamente, a resolver sus urgentes y graves problemas como lo son la inseguridad ciudadana, el desempleo, la reconstrucción del norte, el aumento de la pobreza o las inversiones públicas y privadas paralizadas. Estos problemas para el presidente se encuentran en quinto lugar. Primero están sus “importantes y urgentes propuestas”. En cambio veamos a Theresa May. Luego de presentar diversas propuestas y que estas fueran rechazadas por el Parlamento, declaró: “Lo intenté tres veces. Lo intenté tres vecesCreo que era correcto perseverar incluso cuando las probabilidades de éxito eran bajas, pero ahora creo que está claro que lo mejor para el país es que un nuevo primer ministro dirija ese esfuerzo”. A estas tres derrotas, debemos agregar que la primera ministra también sobrevivió a una cuestión de confianza interna en el Partido Conservador y a una moción de censura en la Cámara de Representantes. May es consciente que debe irse. Lo intentó tres veces pero no aprobaron sus propuestas. No le queda otra cosa que la renuncia y que otro Primer Ministro asuma el poder y forme un nuevo gobierno. May supo escuchar la sugerencia del opositor David Evennett: “Necesitamos un nuevo primer ministro, un nuevo gobierno y un nuevo enfoque del Brexit”.

Que situaciones tan parecidas y qué actitudes tan diferentes las de May y Vizcarra. Salvando las distancias entre los problemas del Perú y del Reino Unido, Vizcarra no tiene la humildad y entereza de reconocer su fracaso como presidente, como gestor. Todo lo contrario, recurre a la amenaza y a la presión contra el Congreso para que le aprueben sus propuestas –lo cual es una conducta totalmente antidemocrática y contra el Estado de Derecho al no reconocer la independencia de poderes y no respetar a los demás poderes del Estado-. De otro lado, May presenta sus propuestas y deja que el Parlamento las debata, discuta y estudie libremente, respetando lo acordado por el Parlamento. No lo insulta ni lo menosprecia como Vizcarra. Son las reglas de la democracia. Finalmente, luego de tres intentos y de tres rechazos por parte del Parlamento, May comprende que ya no puede hacer más. Debe renunciar y renuncia. No por eso es menos persona o merece menos respeto. Es consciente que otra persona debe tener la oportunidad de asumir el cargo y resolver los problemas del Reino Unido, en especial la salida de la UE. Vizcarra por el contrario, no renuncia. En su mensaje presidencial, luego de una hora y veinticinco minutos de presentar propuestas –algunas absurdas y populacheras; alguna que otra razonable- como el Plan Nacional de Competitividad e Infraestructura a largo plazo, por ejemplo, da un giro de 180 grados: “patea el tablero” recurriendo a una medida que no está contemplada en la Constitución, como lo es el adelanto de elecciones, paralizando económicamente y por tiempo indeterminado al país. Para ello debe primero reformar la Constitución pues ¡lo sugerido no es constitucional! Adicionalmente propone un referéndum para aprobar dicha reforma y finalmente, la celebración de elecciones en un año. Una propuesta incoherente y totalmente contradictoria con lo que venía hablando en la mayor parte de su discurso, además de materialmente poco viable.

En conclusión, al igual que May tuvo la entereza de reconocer su fracaso y, tomando en cuenta el futuro de Reino Unido, renuncia, Vizcarra tiene el camino constitucional (art.115) para “adelantar” elecciones: presentar su renuncia –previo acuerdo para que también lo haga la segunda vicepresidente Araoz- y que el presidente del Congreso asuma temporalmente la presidencia de la República, convoque de inmediato a elecciones y punto. Le ahorraría tiempo y dinero al país. Esperemos pues que el presidente tenga la entereza de renunciar, pensando no en su conveniencia sino tomando en cuenta el futuro del Perú. El país entero se lo agradecerá presidente.

Alfredo Gildemeister. LA ABEJA, Perú, 01-08-2019

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Diagnósticos errados

En 1878, el profesor de la universidad de Oxford Erasmus Wilson (1809-1884) pronosticó:

—En lo que respecta a la luz eléctrica, hay mucho que decir a favor y en contra. Creo poder afirmar que la luz eléctrica morirá con el fin de la Exposición Universal de París. Luego no volveremos a oír hablar de ella.

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En 1864, el rey Guillermo I de Prusia (1797-1888), cuando le comentaron los avances del ferrocarril, afirmó convencido:

—Nadie pagará dinero por ir de Berlín a Potsdam en una hora cuando puede llegar a lomos de su caballo en un día y gratis.

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En 1940 el profesor de Harvard, Chester L. Dawes afirmó:

—La televisión nunca será popular. Hay que mirarla en una habitación semioscura y exige continua atención.

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