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El Rey León

El Rey León

El Rey León

118 min. Aventuras. Animación. Drama. Público apropiado: Todos-jóvenes

Sinopsis

Dirigida por Jon Favreau, la película viaja a la sabana africana donde ha nacido el futuro rey. Simba idolatra a su padre, el rey Mufasa, y se toma muy en serio su propio destino real. Pero en el reino no todos celebran la llegada del nuevo cachorro. Scar, el hermano de Mufasa y antiguo heredero al trono, tiene sus propios planes. La batalla por Pride Rock está asolada por la traición, la tragedia y el drama, y termina con el exilio de Simba. Con la ayuda de un curioso par de nuevos amigos, Simba tendrá que aprender a madurar y a recuperar lo que le pertenece por derecho. «El Rey León» utiliza técnicas cinematográficas pioneras para dar vida de forma totalmente nueva a los personajes del cásico de 1994.

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Revisitación de El rey león, una de las película animadas más queridas de Disney, 25 años después de ser realizada, en esta ocasión con técnicas digitales fotorrealistas aplicadas a la creación de los animales, que ya había utilizado el director, Jon Favreau, en El libro de la selva. No deja de tener guasa que figure acreditado un solo guionista, Jeff Nathanson, no ligado al film anterior, en el que hasta 29 personas eran mencionadas como participantes en el libreto. Sobre todo, cuando se sigue la trama del original casi al milímetro, incluidas por supuesto las canciones de Elton John y la partitura musical de Hans Zimmer, espléndidas.

En la sabana africana, todos los animales celebran el nacimiento de Simba, un cachorro de león que será su futuro rey. Actualmente lo es su padre, Mufasa, a quien envidia el hermano de éste, Scar, que ni siquiera acude a Pride Rock a la presentación del heredero. Simba es travieso, y disfruta de su infancia en libertad con una amiga leona, Neila, y con las enseñanzas de su padre acerca del ciclo de la vida, del que todos los animales forman parte. Pero su afán de aventuras propicia la tragedia, pues se verá atrapado en un desfiladero, en peligro de ser aplastado por los animales en estampida. Le salva su padre in extremis, pero el precio es muy alto, y Scar hará que el peso de la culpa recaiga en el cachorro, que emprende el autoexilio, mientras el otro se proclama rey, rodeado de un ejército de siniestras hienas. Entretanto, Simba se rehace gracias a dos nuevos amigos, el suricato Timón y el jabalí Pumba, y la filosofía que le inculcan de la despreocupación, Hakuna matata, que mal entendida puede llevarle a la dejación de sus responsabilidades.

La historia, de tintes shakespereanos, sigue siendo tan poderosa como antaño, con el trauma de Simba, un hijo que es consciente de que no ha estado a la altura de su padre, un tío, Scar, que sabe pulsar las teclas adecuadas para acentuar su sentido de la culpa, y un par de secundarios cómicos que hacen las veces de los clásicos bufones y similares que tan bien supo crear el bardo inglés. La principal pega que se puede poner a esta nueva representación es que no aporta nada nuevo, alguna variación o enfoque que ayude a subrayar alguna idea al menos.

Es cierto que otras adaptaciones con actores reales acometidas por Disney de sus cintas animadas, como Dumbo, facilitan la exploración de nuevos caminos, y que da más respeto tocar algo de El rey león, pero ahí estaba el desafío, respetar el original, y hacerlo aún más grande. Existe cierto conformismo, pensar que entregar la historia con animales creados por ordenador, y que parezcan de verdad, es suficiente. Y ciertamente, hay muchos pasajes –no todos, en el arranque se notan en exceso los efectos visuales–, de un realismo asombroso, con los animales hablando, jugando y peleando con toda naturalidad, el espectador llega a aceptar que eso está sucediendo. Pero es pura tecnología, falta el alma.

José María Aresté. DECINE21

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Humor

El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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