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Columna debida

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Columna debida

“Todos los sectores de la sociedad, más allá de cualquier diferencia política, debemos plantear una condena inequívoca a los actos terroristas”, sostiene el abogado Patricio Zapata

Están las columnas que uno publica y están las otras: las que uno pensó publicar pero que, por alguna razón, nunca lo hizo. De las columnas que llegan a imprimirse, yo recuerdo algunas que me han producido cierta satisfacción (al menos a mí) y otras de las que francamente me arrepiento. Otro tanto pasa con las columnas que se quedaron en el tintero (o en el archivo personal de los no enviados). En la clase de las columnas nonatas existen casos en que uno se alegra mucho de no haber seguido adelante. Pues bien, y así como existen columnas que uno se alegra de no haber mandado al diario, existen textos que uno se arrepiente de no haber publicado cuando debió haberlo hecho.

Corría principios de 2011. Primer gobierno del Presidente Piñera. Rodrigo Hinzpeter (en la foto) se desempeñaba como ministro del Interior. A pocos metros del Palacio de La Moneda, en el frontis de la Casa Central de la Universidad de Chile, se desplegó por semanas, a vista y paciencia de las autoridades de la Casa de Bello, un enorme lienzo con la cara de Hinzpeter, con una vergonzosa esvástica de adorno y dibujada en su frente la marca de la mira de un rifle. Tengo que haber pasado unas diez veces frente al afiche. Siempre tuve claro que esta no era una expresión artística o literaria. Este era un mensaje político odioso y peligroso. Me propuse dedicar una columna al asunto. No para pedir censura. Para expresar una condena moral. Recuerdo haber comenzado el texto tres o cuatro veces. Nunca lo terminé. La causa: falta de coraje. En momentos en que arreciaba la crítica a la gestión de Hinzpeter, mucha de ella justificada, no tuve el valor necesario para aparecer diciendo algo que pudiera ser interpretado, por la mayoría opositora de entonces, como apoyo al cuestionado político derechista.

No creo que los estudiantes que pintaron y colgaron el lienzo descrito tuvieran ánimo de incitar la comisión de un crimen. Deben haber estado convencidos que era una manera de expresar su repudio a la represión policial desatada contra algunos de los participantes en la marchas estudiantiles. Lo que a mí me faltó, en ese momento, fue fuerza para manifestar que el odioso cartel en cuestión naturalizaba la violencia y la intolerancia.

Hace unos pocos días, mentes llenas de odio enviaron encomiendas cargadas de explosivos para matar a Rodrigo Hinzpeter y a cuantos carabineros pudieran alcanzar en la Comisaría de Huechuraba. Hay que dar gracias a Dios que no hubo víctimas fatales. Todos los sectores de la sociedad, más allá de cualquier diferencia política, debemos plantear una condena inequívoca a los actos terroristas. Sin duda, hay cosas que podemos mejorar de la legislación vigente. Hay mucho que hacer en el terreno de la acción de policías y fiscales. Mientras tanto, mostremos a los violentistas que su acción criminal es repudiada por todos los sectores del país. Sin cálculo político. Sin complejos.

Columna de Patricio Zapata. LA TERCERA, 30-07-2019

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Humor

El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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