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Boris Johnson, “el turco”: el primer ministro que vino de la Anatolia profunda

Boris Johnson, “el turco”: el primer ministro que vino de la Anatolia profunda

Boris Johnson, “el turco”: el primer ministro que vino de la Anatolia profunda

El bisabuelo del ‘premier’, Ali Kemal, nació en Estambul, trabajó como periodista y llegó a ser ministro de Interior. Meses después, tras el triunfo de los nacionalistas, Kemal fue condenado a muerte

De los pasillos frenéticos de Westminster a las callejuelas soporíferas de una aldea perdida de Turquía hay un tiro de piedra. Lo sabe el flamante primer ministro, Boris Johnson, y lo saben en Kalfat, el pequeño reino de la calma chicha cuyos vecinos celebran ser parientes lejanos del nuevo premier británico, pese al destino rocambolesco e infame que tuvo su antepasado común. «Es un honor y un orgullo que de esta estirpe puedan surgir líderes mundiales», comenta jocoso al medio turco T24 Mustafa Bal, uno de sus satisfechos habitantes.

No es una estirpe cualquiera. Por asombroso que parezca, la melena rubia oxigenada de Johnson es de factura turca. Kalfat, cuatro casas esturreadas en medio de la planicie anatólica, a cien kilómetros de Ankara, es la cuna de la familia conocida como Sarioglangiller, o ‘hijos del rubio’. Las tumbas de quienes dejaron este mundo siguen conservando el apelativo Sari (Rubio); los vivos, como Satilmis Karatekin, a la postre primo lejano de Boris Johnson, aseguran que «había muchos rubios, pero murieron o se mudaron».

La razón parece estar en las migraciones experimentadas durante el período de declive del Imperio Otomano, cuando Anatolia empezó a acoger musulmanes procedentes de territorios perdidos. Entre ellos los circasianos, conocidos por sus facciones próximas a las europeas. Se cree que un antepasado de Johnson pudo relacionarse con una inmigrante circasiana y dar pie a tan característica descendencia. Pero, ¿y esos arrebatos que tiene el ocurrente líder? Parece ser que también son turcos.

Johnson y el primer ministro turco, en una foto tomada en Ankara en 2016.REUTERS

EL BISABUELO TURCO DE JOHNSON

Remontémonos cuatro generaciones. Haci Ahmet Riza Efendi es un vecino de Kalfat exitoso en sus negocios. Su destino es triunfar en Estambul. A finales del siglo XIX se muda a la entonces capital otomana, donde viene al mundo Ali Kemal, el bisabuelo del primer ministro británico. El vástago nace con estrella y acabará estrellado. Pero no avancemos acontecimientos. Con la Sublime Puerta agonizante, sus élites miran a Occidente en busca de inspiración para superar aquella gran crisis.

Gracias al empeño de su padre, Ali Kemal se forma en las mejores escuelas europeas. «Ali Kemal fue, a diferencia de su bisnieto, el nuevo Primer Ministro, un periodista con principios y un historiador talentoso. Su mayor obra, ‘Rical-i Ihtihal’ (Hombres Revolucionarios, 1913), exploró su profundo interés en las ideas de la Revolución Francesa», recuerda el historiador Michael Talbot. Ali Kemal se empapa de los nuevos vientos e investiga el papel de la mujer en la historia. Pero tamañas ínfulas liberales, que contribuyen a formar el influyente colectivo de los Jóvenes Turcos, no acaban de gustar en Estambul. Acusándolo de «traidor», el sultán Abdülhamit II ordena el exilio forzoso de Ali Kemal en la ciudad hoy siria de Alepo, donde tuvo que permanecer cinco años.

En 1903, se casa en Londres con la anglosuiza Winifred Brun (ambos en la foto). Seis años después nace Osman Wilfred Kemal. Pero a Ali Kemal todavía le quedan desventuras por vivir. Tras la repentina muerte de Brun, con la Primera Guerra Mundial a punto de estallar, él obedece la llamada del deber político y regresa a Estambul. El pequeño Osman Wilfred Kemal queda a cargo de su abuela, Margaret Johnson, de quien heredará su apellido. Crecerá en el suroeste británico y en 1940 tendrá un hijo, Stanley: el padre de Boris.

Regresemos a Ali Kemal, de nuevo afincado en ‘el enfermo de Europa’. El bisabuelo trabaja de periodista, diplomático y político, y fracasará estrepitosamente en las tres facetas. Bajo mandato del trágico 36º y último sultán otomano, Mehmed VI, Ali Kemal sirve como ministro de Interior y Educación. Dura apenas tres meses. El Imperio Otomano hace aguas tras su desastrosa decisión de apoyar al Eje, durante la Gran Guerra, y su Gobierno acaba a merced de las potencias europeas vencedoras.

VERSOS PARA LOS ‘JOHNSON’

Pero lo que para el anglófilo Ali Kemal es una bendición, para la corriente nacionalista disidente encabezada por Mustafa Kemal ‘Atatürk’, que en 1920 se alza en armas contra el tratado de Sèvres – que certifica la repartición del territorio otomano entre los ganadores de la contienda -, es una infamia. Y Ali Kemal, de nuevo, un «traidor». Sirvan como ejemplo estas líneas que le dedica Nazim Hikmet, el mayor poeta en lengua turca del siglo XX.

– ¿Quién es ese tal Ali Kemal?

– Un periodistucho / Pagado por los ingleses / Hombre del Califa. / Gafotas, gordo.

Pluma con sangre goteando / sólo inmundicia / sólo sangre sucia.

A medida que avanza el día / la herida se abre más / enemigo de la pluma/ de los enemigos del Mauser.

Paradójica e inconscientemente, un siglo después, Boris Johnson respondería a aquel feo también en verso y escribiría un poema describiendo al presidente turco Recep Tayyip Erdogan teniendo sexo con una cabra. Una gracia que puede tener consecuencias negativas para las relaciones bilaterales, de no ser por la necesidad, del Reino Unido post Brexit, de forjar nuevas relaciones más allá de la UE. Pero volvamos, una vez más, a un Ali Kemal que va cayendo en desgracia a medida que las tropas de Atatürk recuperan territorio.

UN TRÁGICO FINAL

Cuando los nacionalistas triunfan, en 1922, el Sultán recibe la ayuda de los ingleses, que lo sacan clandestinamente de su imperio en ruinas escondido en una ambulancia, rumbo a Malta. Pero Ali Kemal, quizás recordando su previa experiencia en el exilio, rechaza tal apoyo y decide quedarse. «Ali Kemal admiraba al filósofo Condorcet como un liberal que ‘ofreció su mayor servicio al país y a la humanidad a través de sus ideas, su conocimiento y su pluma’, lamentando amargamente el fatal final que Condorcet tuvo, a manos de radicales violentos», recuerda Michael Talbot. Ironías del destino, Ali Kemal, que en búsqueda y captura por la autoridad ataturquista, sufrirá un desenlace similar.

Una mañana de otoño de 1922, el bisabuelo de Boris Johnson firma su sentencia de muerte yendo al barbero a acicalarse. Descubierto, las fuerzas de seguridad no tardan en llegar y capturarlo. La orden es juzgarlo por «traición» en Ankara, y a tal efecto es subido a un tren con destino a la nueva capital turca. Pero a los nuevos dueños del poder en Turquía les pueden la sed de venganza y las prisas por consumarla. Apenas el tren pasa por Izmit, al este de Estambul, una turba aborda el vehículo.

En las siguientes citas, de la edición del New York Times del 13 de noviembre de 1922 se narran los atribulados momentos finales del antecesor del nuevo premier del Reino Unido: «Fue llevado frente al general Nureddin Pasha, quien pronunció dramáticamente su sentencia de muerte». «En nombre del Islam, en nombre de la nación turca, te condeno a muerte por traidor». «Ali Kemal permaneció pasivo, sin proferir una palabra de protesta. Sus manos fueron atadas, fue llevado a un andamio […] Sin embargo, antes de llegar a la horca, una multitud de mujeres furiosas se abalanzaron sobre él y lo atacaron con cuchillos, piedras, palos, rasgando su ropa y golpeando su cuerpo y su cabeza con sables […] Tras unos minutos de tortura insoportables, la víctima expiró. Su cuerpo fue arrastrado por las calles por la multitud y expuesto a la mirada pública, en el andamio, durante varias horas».

Lluis Miquel Hurtado. EL MUNDO, España, 27-07-2019

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Diagnósticos errados

En 1878, el profesor de la universidad de Oxford Erasmus Wilson (1809-1884) pronosticó:

—En lo que respecta a la luz eléctrica, hay mucho que decir a favor y en contra. Creo poder afirmar que la luz eléctrica morirá con el fin de la Exposición Universal de París. Luego no volveremos a oír hablar de ella.

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En 1864, el rey Guillermo I de Prusia (1797-1888), cuando le comentaron los avances del ferrocarril, afirmó convencido:

—Nadie pagará dinero por ir de Berlín a Potsdam en una hora cuando puede llegar a lomos de su caballo en un día y gratis.

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En 1940 el profesor de Harvard, Chester L. Dawes afirmó:

—La televisión nunca será popular. Hay que mirarla en una habitación semioscura y exige continua atención.

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