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Un ¡aleluya! contra el autoritarismo en Hong Kong

Un ¡aleluya! contra el autoritarismo en Hong Kong

Un ¡aleluya! contra el autoritarismo en Hong Kong

La presencia de numerosos cristianos en las protestas contra una ley de extradición a China, y el orden en que transcurrieron, dejan ver el rastro de la fe en el territorio.

Varios observadores de las protestas que se sucedieron contra el gobierno de Hong Kong en días pasados –para que este echara atrás una polémica ley de extradición a China continental–, tomaron nota, con sorpresa, del civismo mostrado por los manifestantes.

En un artículo para The Federalist, la escritora Helen Raleigh ilustró el asombro a partir de los tuits de algunos testigos. Una usuaria subrayaba la cortesía de los locales, como aquel desconocido que le cedió un casco y una sombrilla en cuanto la policía empezó a lanzar gas lacrimógeno en dirección a donde estaba ella. Otro pedía, para los hongkoneses, “el Nobel de la Paz: dos millones de manifestantes que protestan en orden, que reciclan, que dan paso a las ambulancias, que ofrecen cascos de protección y equipamiento a los corresponsales extranjeros… ¿hay mejor ejemplo de resistencia pacífica en 2019?”.

Raleigh tiene una tesis para ese comportamiento: la educación de raíz cristiana que ha tenido buena parte de la población de la antigua colonia británica, desde que se plantó allí la primera iglesia católica en 1841, un año antes de que China entregara el territorio al Reino Unido. Se puede decir que, en adelante, la Iglesia tomó la vanguardia en cuanto a “obra social” en la colonia, al gestionar orfanatos, hospitales, escuelas y otros servicios. Ello arraigó positivamente en la conciencia colectiva, al punto de que “los hongkoneses –dice la autora– tienen más confianza en el liderazgo moral de la Iglesia que en el gobierno”.

“Los hongkoneses tienen más confianza en el liderazgo moral de la Iglesia que en el gobierno”

Preguntado por Aceprensa, el cardenal retirado Joseph Zen, la pesadilla del régimen comunista en la “región administrativa especial”, confirma ese ascendiente: “Hemos sido nosotros, católicos y protestantes, quienes hemos subrayado: ‘Protestas, sí, pero sin violencia; indignación, pero no odio’. Y usted puede ver esas enormes manifestaciones, sin ningún choque ni incidente. Nuestra lucha por los derechos humanos es pacífica”.

Que el sábado 15 de junio la jefa del ejecutivo local, Carrie Lam, haya decidido suspender el trámite de la ley de extradición y un día después se haya reunido con varios líderes católicos y evangélicos para pedirles que oraran por ella, dice mucho del predicamento moral que tienen las instituciones cristianas en la sociedad local.

A los antimotines, un poco de música

Apenas uno de cada nueve hongkoneses –en una población de 7,5 millones– es cristiano, según estadísticas citadas por el New York Times: 850.000 fieles con más de 1.500 iglesias de diversas denominaciones.

En el tema educativo, la labor de la Iglesia católica es destacable: tiene 300 instituciones y un 25% del total de estudiantes. Una periodista, Louisa Lim, que siguió de cerca las manifestaciones y que visitó al cardenal Zen, también refiere que este le dijo que, si no había brotado la violencia en la manifestación de dos millones de ciudadanos el domingo 16 de junio, había sido precisamente gracias a la educación.

Pero curiosamente habría que añadir otro elemento de tipo religioso a los factores que evitaron el choque ese día y otros en los que la tensión se cortaba en el aire: la música. Los convocantes adoptaron como estrategia entonar una pieza cristiana: “Canta Aleluya al Señor”, algo que les paró los pies a los policías antimotines. ¿Por qué?

Según explicaba a la BBC Edwin Chow, líder de la Hong Kong Federation of Catholic Students, “la gente escogió la canción porque tiene solo una línea: es breve y fácil de recordar”. Pero también porque le servía de escudo legal.

“De acuerdo con la ley –señaló–, ninguna asamblea religiosa en zonas públicas puede considerarse ilegal, por tanto, si las personas cantan himnos mientras se mantienen juntas, ello puede funcionar como protección y garantía de que nadie las molestará”.

Una cuestión de valores

Bien con cantos religiosos, bien con apelaciones llanas y en prosa al gobierno autonómico a no ceder a las pretensiones de Pekín, las congregaciones cristianas exhibieron ampliamente su liderazgo. Muy tempranamente, el miércoles 12, el cardenal John Tong y el pastor Eric So, presidente del Hong Kong Christian Council, solicitaron a Lam que retirara la ley de extradición y permitiera una investigación independiente sobre los excesos cometidos por la policía en su primera reacción a las protestas.

Esta influencia en el desarrollo de los acontecimientos ha contribuido al poner el foco en los valores cristianos. Chan Shun-hing, profesor de Religión y Filosofía en la Hong Kong Baptist University, nos comenta que precisamente el ideal de lucha pacífica con que algunos cristianos participaron en las protestas de 2014 –la Revolución de los Paraguas– partió de la prédica de Martin Luther King Jr., y es la que también ha influido en las manifestaciones de junio.

En la autonomía viven 850.000 cristianos, y hay más de 1.500 iglesias de diversas denominaciones

“Los valores de paz, racionalidad y no violencia han continuado vivos en el ánimo de los manifestantes y en el tono del movimiento contra la ley de extradición. Algunos participantes eran radicales; otros, moderados. Los radicales estaban listos para enfrentarse a la policía, pero los moderados únicamente pedían al gobierno la retirada de la ley, y marchaban. En las dos marchas, la del 9 y la del 16 de junio, mientras caminaban con el pueblo, muchos de ellos entonaron el ‘Canta aleluya al Señor’, un himno que expresaba las emociones más espirituales y pacíficas, y que terminó suprimiendo las reacciones más radicales y violentas. Y el gobierno terminó archivando la ley. De ello se desprende que los valores cristianos han ayudado a preservar la democracia en el territorio”.

Podría decirse, sin embargo, que en una región irremediablemente destinada a ser absorbida del todo por el apetito totalitario de Pekín, los cristianos tendrán que bregar con aun mayor ánimo. “China es enorme; Hong Kong es pequeña –nos dice el cardenal Zen–, y a veces parece que lo único que podemos hacer es evitar que la situación vaya a peor, pero nos esforzaremos para promover la unión y la colaboración entre todos los que luchan por la libertad y la democracia”.

En relación con lo anterior, el profesor Chan concluye que los cristianos, significativamente presentes en altos puestos políticos, y como profesionales en varios sectores –muchos son abogados, médicos, profesores universitarios, etc.–, “podemos ayudar a fortalecer a la sociedad civil y promover las virtudes cívicas. Continuaremos defendiendo la paz, la razón y la no violencia en los movimientos sociales que impulsan la democracia y la reforma institucional en Hong Kong”.

Luis Luque. ACEPRENSA, 18-06-2019

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Humor

Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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