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La doblez del Dr. Jekyll

La doblez del Dr. Jekyll

La doblez del Dr. Jekyll
julio 03

Dejando a un lado la intriga, nos centramos en el fondo, en el mensaje que el autor nos transmite

Hablamos de clásicos, concretamente en literatura, cuando un libro admite varias lecturas, lecturas a veces distanciadas en el tiempo. No es lo mismo leer el Quijote a los 16 años que a los 40 o a los 60. Y eso le pasa a la famosa y breve novela de Stevenson, célebre como pocas: El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Solo por el hecho de haberla leído una vez, la segunda es mucho más sustanciosa, precisamente porque ya está desecho el misterio y, dejando a un lado la intriga, nos centramos en el fondo, en el mensaje que el autor nos transmite.

El Dr. Jekyll es un hombre bueno, o al menos se lo cree él así. Pero tiene un lado malo, un amigo malo, puede uno pensar al principio, una sombra que le persigue. La imagen captada en ese relato es lo que llamaríamos doble vida, relatada en esta historia llena de misterio con una profundidad psicológica y moral magistral. Lo más trágico de ese binomio de personalidades, que es interesante conocer, es descubrir hasta qué punto la personalidad malvada va arrastrando a la buena, en gran medida por la ingenuidad de esta, que considera que es posible ese juego de doblez.

Es una imagen muy acertada, imagen que Stevenson habría observado en muchas ocasiones, pues el autor literario, que nos cuenta historias humanas, es una persona observadora, conocedora de la vida de las personas. Y la doble vida se ha dado siempre, desde Adán y Eva hasta nuestros días. Nos es demasiado fácil descubrirla en los demás, y en ese caso estaríamos juzgando a otros. No es fácil admitirla en uno mismo, porque nos cuesta ver nuestros defectos y valoramos mucho nuestras buenas obras.

Pero puede ocurrir que un hombre, que se considera cristiano, vaya a misa todos los domingos, muy consciente de la importancia que tiene y de que es obligatorio, y luego en sus negocios esté defraudando, o engañando al cliente para enriquecerse, o mal pagando a sus trabajadores para sacar mayor rendimiento. ¿Puede darse? ¿Tiene importancia? ¿Cómo influye en su vida personal? Creo que en la vida pueden darse muchos casos, especialmente si una persona, aunque se considere católico y cumpla con lo esencial, realmente tiene poca formación, o apenas examina su conducta.

Creo que es ahí donde Stevenson se fija, en esa debilidad de vida religiosa, en esa incoherencia vital, en la facilidad que tenemos para engañarnos. Ejemplos podríamos poner muchos, porque la vida es rica en debilidades, pero lo que el autor de esta novelita quiere manifestar es que eso nunca termina bien. Si no eres consciente de tu doble vida, vas cayendo, cada vez más, por la pendiente del mal.

Podemos encontrarnos con un buen padre de familia, fiel a su mujer y cuidadoso con sus hijos, que dedica un cierto tiempo a ver pornografía. ¡Es tan fácil dejarse arrastrar por esas bazofias, están tan al alcance de la mano! Y ese buen padre, si no hace una reflexión a tiempo, va perdiendo fuerza.

La doble vida del Dr. Jekyll no se aguanta mucho, porque la incoherencia arrastra a lo peor. Parece mentira que una novela escrita hace tantos años pueda acertar con tanta exactitud en lo que ocurre con tanta frecuencia. Y qué pocos autores actuales serían capaces de afrontar un tema tan interesante.

Ángel Cabrero Ugarte, en religion.elconfidencialdigital.com.

ALMUDI, 21-06-2019

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El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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