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Camilo Cammás: La expropiación de los hijos

Camilo Cammás: La expropiación de los hijos

Camilo Cammás: La expropiación de los hijos
julio 03

La izquierda ideológica ha adoptado nuevas banderas. Ya no busca (por el momento) expropiar las empresas, sino que a los hijos, pues su mente en formación es mucho más moldeable que la de un adulto. Al pasar el Estado de un rol subsidiario a uno preferente en lo que es el cuidado y educación de los menores, le será sumamente fácil implantar su visión única, formándolos y configurándolos bajo ésta.

Hace tiempo que ronda en el Congreso una especie de esquizofrenia legislativa. Nuestros legisladores, en lugar de cumplir el rol que les corresponde, que es legislar al servicio de todos los chilenos, se dedican a tratar asuntos de carácter ideológico, los que, bajo títulos muy seductores, que resultan ser políticamente irrenunciables, se esconden verdaderos Caballos de Troya.

Cuando estas grandes reformas encuentran alguna dificultad, entonces se las trata de introducir por la ventana o por debajo de la puerta, por medio de pequeños cambios aislados a determinados cuerpos legales. Uno de estos Caballos de Troya consiste en el proyecto de Ley de Reforma Constitucional, el cual trata de Garantías y Derechos del Niño. Esta iniciativa oculta, bajo un título aparentemente inofensivo, un contenido sumamente nocivo, pues vendría a consolidar bajo un rango constitucional el concepto de Autonomía Progresiva.

Por autonomía progresiva podemos entender a la capacidad de los menores de ejercer, con grados crecientes de independencia, sus derechos por sí mismos frente a sus padres o representantes. Esto supone que, en la medida que avanzan en el desarrollo de sus capacidades, de acuerdo a la edad, van adquiriendo, gradualmente, más control sobre la forma en que quieren ejercer determinados derechos.

Esto constituiría un límite frente a la autoridad de los padres, lo que puede afectar en cosas aparentemente triviales, como los permisos para salir y las horas de llegada, pasando por el “derecho a la privacidad” hasta decisiones tan importantes como solicitar la eutanasia (si es que llega a aprobarse como ley) o el cambio de identidad de “género”.

Esta reforma no es un proyecto aislado, sino que una pieza más de un conjunto de normas, iniciativas y políticas que apuntan hacia un mismo objetivo: el deterioro de la familia y de la identidad de las personas, con el fin de otorgar un mayor control al Estado y aquellos grupos de interés que lo controlan.

Como consecuencia de lo anterior, la familia sufrirá un grave deterioro, ya que esto generará un conflicto entre los padres y los hijos, poniendo el Estado todo su aparataje para intervenir a través de la Defensoría de la Niñez y también (en caso de aprobarse los respectivos proyectos) del Servicio de Protección a la Niñez y del Sistema de garantías de los derechos de la niñez.

A mayor abundamiento, el proyecto establece que cuando un menor sufra una privación, perturbación o amenaza de estos derechos, deberán ser interpretados resguardando su especial condición y teniendo presente lo dispuesto en los tratados internacionales ratificados por Chile y que se encuentren vigentes, lo que quiere decir que vemos una fuerte intención de ceder soberanía nacional a organismos internacionales tales como ONU, UNICEF, UNESCO y su agenda globalista.

Preocupante es también que un grupo no menor de parlamentarios y otros personeros del oficialismo, en lugar de oponerse a esta iniciativa, trabajan por su aprobación.

Hoy la izquierda ideológica ha adoptado nuevas banderas. Ya no busca (por el momento) expropiar las empresas, sino que expropiar a los hijos, pues su mente en formación es mucho más moldeable que la de un adulto. Al pasar el Estado de un rol subsidiario a uno preferente en lo que es el cuidado y educación de los hijos, le será sumamente fácil implantar su visión única, formándolos y configurándolos bajo ésta.

Esta iniciativa debe ser rechazada, no debiendo el oficialismo validarla en ninguna de sus partes. Debe tenerse siempre presente que esta reforma no es un proyecto aislado, sino que una pieza más de un conjunto de normas, iniciativas y políticas que no ocurren únicamente en nuestro país y que apuntan hacia un mismo objetivo: el deterioro de la familia y de la identidad de las personas, con el fin de otorgar un mayor control al Estado y aquellos grupos de interés que lo controlan.

Camilo Cammás Brangier. Abogado, analista legislativo

EL LIBERO, 24-06-2019

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El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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