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Enrique Krauze: «Espero que López Obrador no insista en pedir a España que se disculpe»

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Enrique Krauze: «Espero que López Obrador no insista en pedir a España que se disculpe»
junio 27

El historiador inauguró el viernes 21 el ciclo de conferencias sobre Hernán Cortés que la Real Academia de la Historia dedica al conquistador español con motivo del quinto centenario de la expedición que acabaría con la toma del imperio azteca. Su ponencia versará sobre cómo ha ido cambiando la imagen de Cortés con el paso del tiempo

Frente a la Historia como arma arrojadiza, Enrique Krauze (Ciudad de México, 1947) concibe el estudio del pasado como un ejercicio riguroso que no tiene por qué estar desconectado del presente. Sus críticas a Podemos, al chavismo venezolano o al sistema político de su país le han convertido en una figura temida por quienes pretenden manipular el relato histórico.

Precisamente sobre uno de los temas candentes de los últimos meses, el encuentro de España con México, versa la conferencia que imparte en la Real Academia de Historia, titulada La imagen de Hernán Cortés a través de los siglos, y que abre el ciclo dedicado al conquistador español con motivo del quinto centenario de su expedición. Una oportunidad, según él, de enfatizar los aspectos de unión frente a los de división que culminará dentro de dos años, en 2021, cuando se conmemore el quinto centenario de la caída de Tenochtitlán y el bicentenario de la independencia de México.

-¿Cuál es el planteamiento general de su conferencia inaugural en el ciclo?

-La imagen de Hernán Cortés en México a través de los siglos, la que tuvo mientras vivió y luego la larga y compleja posteridad de Hernán Cortés, primero durante el virreinato y más tarde en los siglos XIX y XX hasta nuestros días. Será entonces un recorrido muy vertiginoso, por fuerza, por las distintas fases que atravesó esta imagen.

-¿Cuáles fueron esas fases?

-Fue básicamente un emblema de la población criolla en México, es decir, de los españoles nacidos en México. Mientras en España se le relegaba a un cierto olvido, en México se le tuvo presente durante el periodo de la colonia. Pero luego, con la independencia, de manera natural se pusieron en entredicho nuevamente los derechos de España a la conquista de México. Volvió a ser un tema crucial y a partir de entonces la imagen de Cortés se vio ligada a las distintas y muy contrastadas versiones que hubo en México sobre la conquista: unos, defendiéndola como una hazaña de la monarquía española y de la civilización cristiana, y otros destacando el profundo legado de la civilización indígena, compuesta de muchas culturas y de muchos pueblos que encontró Cortés a su llegada. Ese contraste, esa lucha, sufrió vaivenes a lo largo de los siglos XIX y XX, pero nunca ha cesado.

-¿Por qué?

-Digamos que es una lucha histórica en las entrañas de México, que es también continua, que realmente ha alcanzado niveles de mito y que ha sido utilizada por facciones ideológicas y políticas. Frente a ella, la única forma de encarar esos mitos y luchas ideológicas es mediante el conocimiento histórico, la verdad histórica.

-¿Qué papel han desempeñado los historiadores en ese aspecto?

– Uno muy importante a lo largo de los siglos para esclarecer no quién es bueno y quién es malo, sino lo que verdaderamente ocurrió. Así, mi conferencia es una defensa de la buena tradición historiográfica que siempre ha existido en México y que lo que busca es el esclarecimiento de los hechos y el conocimiento de la verdad, no poner la Historia al servicio de una visión política.

-Hablaba usted del mito. En el caso de España, buena parte de la historiografía, en concreto la franquista, se centró en resaltar los aspectos más heroicos, de gesta, de la conquista americana. ¿Cuán difícil es desprenderse de todos esos significados añadidos? ¿Cómo se hace?

-Yo utilizaría la palabra «documentar». Es decir, esclarecer, clarificar, introducir complejidad ahí donde hay una confrontación simplista entre buenos y malos. Claro que es una labor complicada, pero hemos tenido, desde el siglo XVIII y aún antes, yo diría desde los frailes historiadores del XVI, aportes antropológicos e históricos extraordinarios que nos ayudan a los historiadores del XXI a documentar lo que ocurrió. En el caso de Hernán Cortés y de la conquista, se trató indudablemente de una empresa muy violenta, como suelen ser todas las conquistas, y perpetrada contra una civilización, insisto, muy diversa y avanzada en muchos sentidos. Pero también tuvo, cosa que se olvida a menudo, una historia posterior a la caída de Tenochtitlán, que es la construcción de un reino, de un orden nuevo: puertos, caminos, expediciones, ciudades, pueblos… la introducción de la imprenta, del idioma, de la literatura, de la fe…

-Un proceso bidireccional, como usted suele destacar.

-Es que luego los conquistadores resultaron conquistados en una medida importante, porque se comenzó a desarrollar el mestizaje cultural, que es tan característico de México. Creo que es un fenómeno que hay que verlo no solamente por lo que ocurrió en el momento bélico, de 1519 a 1521, sino en la cuenta más larga de la historia, que desde luego incluye las décadas y hasta los siglos posteriores, todo lo que ocurrió a raíz de ese encuentro tan violento.

-¿Con qué finalidad?

-Siendo un fenómeno tan complejo, debemos hacer llegar al lector, y ésa es toda nuestra misión, la idea de que la historia no es unívoca sino que en todos los aspectos hay complejidad y que la única manera de encararla es mediante la documentación fiel, el cotejo cuidadoso de las fuentes y un trabajo profesional para saber qué es lo que ocurrió. Esto vale para la conquista entera y para la personalidad de Cortés, tan contradictoria y tan intrincada.

-En el pasado usted se ha mostrado incisivo con el presidente Andrés Manuel López Obrador, y le ha criticado cuando solicitó al reino de España una disculpa oficial por la conquista del imperio azteca. ¿Cómo valora su actitud en este momento?

-No me quiero meter mucho en eso. Simplemente, creo que el presidente de México ha reconsiderado su petición y ahora, en la reciente, visita que hizo Irene Lozano, secretaria de Estado de la España, fue muy enfático en subrayar los aspectos de concordia que hay entre nuestros países, sobre todo en el 80º aniversario del exilio republicano. Creo que no se insistirá por esta vía y espero que no se insista.

-¿Por qué cree que las cuestiones referentes a la Historia provocan estos debates tan apasionados y, a veces, incluso violentos?

-Mientras los debates no lleguen a lo que llegaron en los Balcanes, en donde algo que ocurrió en el año de 1300 provocó la guerra entre serbios y bosnios, pues todo está bien. Los debates son positivos y mi visión es optimista: yo creo que tenemos frente a nosotros, en el 2021, una gran oportunidad de debatir, de reunir seriamente a académicos historiadores, escritores de las dos orillas del Atlántico para conversar sobre esos temas. Si dialogamos sobre nuestra historia, si debatimos sobre ella, si escuchamos lo que nos tenemos mutuamente que decir, esas aristas se van a ir limando y espero que lleguemos al 2021 con una conmemoración digna.

-Hablaba antes de mestizaje. En un momento en que tenemos problemas especialmente graves con los otros, ¿qué lugar ocupa esta fusión humana en el engranaje global?

-Si pudiera decir un aporte de México al mundo yo diría que es éste. Es un país en donde esta convergencia de culturas y de personas se ha dado hasta lo largo de los siglos de una manera muy plena. La palabra «mestizo» no se usa en México; usted no ve a nadie que diga: «Mira, por ahí va un mestizo». Por la obvia razón de que todos son mestizos. A diferencia de otros países de América, como Perú o Bolivia o Guatemala, en México hubo esa fusión. No en todo el territorio, porque hay zonas como Yucatán, donde esto no se dio. Y éste es uno de los aspectos que también resultaron de la conquista y que, con el discurrir del tiempo, llevó a un experimento que yo creo ha sido bastante exitoso: de reconocer al otro, de reconocerse en el otro y de convergencia. Es una lección para el mundo: compárese esto con Estados Unidos, donde, sencillamente, arrasaron con la población indígena. Pues mire, México no es así, tiene precisamente esta otra característica. Por eso es tan dramático lo que ocurre ahora, cuando Estados Unidos fuerza a México a que reniegue de esa tradición.

-Su discurso choca con muchos movimientos identitarios actuales.

-No se trata de idealizar o de volver a lo de antes, sino lo contrario. Ni de mitificar, sino lo contrario: ni la civilización indígena anterior, de un lado, ni lo que resultó, del otro. La historia fue como fue, pero resultó más variada y con algunos aspectos no solamente trágicos, sino también constructivos. Finalmente, una parte de esa cultura indígena prevaleció en el alma de los mestizos, mientras que un sector de la población indígena sobrevivió tal cual. México es un mosaico y eso sí es algo que hemos tenido bueno.

Darío Prieto. EL MUNDO, España, 21-06-2019

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