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La clase media

La clase media

La clase media

 Ante la ausencia de un patrimonio relevante se endeudan para la compra de vivienda o de bienes de consumo durable. Le temen a una vejez pobre. Es decir, se trata de un grupo vulnerable a los shocks de gastos y/o ingresos, y exigen que el sistema lo proteja.

Todos hablan de la clase media, pero no existe una definición consensuada de qué es la clase media. Según la OCDE el 47% de los hogares chilenos es de clase media, un 14% menos que el promedio de los países miembros. Pero la clase media de un país rico no es igual que la de un país de ingreso medio, como Chile (¿cuál será la definición de país de ingreso medio?). Es como la definición de pobreza, que en las economías desarrolladas difiere de la nuestra. Incluso la definición actual de pobreza en Chile es distinta a la de antes, porque somos más ricos. Se trata de términos que son relativos. Con todo, no sabré definir a la clase media pero sé cuál es. Y, más que definirla y medirla, intentaré explicarla y comprenderla.

Partamos por lo básico: una persona es de clase media porque no es pobre ni rica. Para no polemizar, me quedo con la definición actual de pobreza multidimensional de la Casen. El resto de la población correspondería a la clase media y los ricos. Una persona rica (definición ad hoc) sería la que cuenta con un patrimonio tal que, en la ausencia de otros ingresos, aún permanecería fuera de la pobreza. Según este razonamiento, la clase media estaría constituida por los hogares que, sin ser pobres, requieren mantener un flujo de ingresos y gastos que les permita permanecer fuera de la pobreza. La merma de ingresos por una cesantía prolongada podría ser un drama para ese grupo. O una enfermedad catastrófica podría elevar su gasto hasta provocar el retorno a la pobreza. Ante la ausencia de un patrimonio relevante se endeudan para la compra de vivienda o de bienes de consumo durable. Le temen a una vejez pobre. Es decir, se trata de un grupo vulnerable a los shocks de gastos y/o ingresos, y exigen que el sistema lo proteja. Sus temas de políticas públicas se enfocan en la seguridad. Los sistemas de salud, de pensiones y de seguridad ciudadana están enfocados precisamente en eso.

Esos son los miedos de la clase media. Pero también tiene aspiraciones. La principal de ellas es que sus hijos los superen integralmente. Que puedan estudiar más y mejor que ellos. Que tengan las oportunidades que ellos no tuvieron. Que no sufran las limitaciones en las que crecieron, ni de los abusos que les tocó vivir, ni de las discriminaciones, y así.

Y así ha sido la clase media siempre. Los sistemas de bienestar (salud, pensiones y educación) surgieron masivamente en EE.UU. y los países más avanzados de Europa a fines del S. 19 y comienzos del S. 20, cuando allí ya se consolidaba la clase media como el grupo socioeconómico más poderoso. Y en democracia, como fue el caso de todos ellos, no se puede ignorar al grupo mayoritario. Pero esos países son lo que son porque construyeron sus sistemas de bienestar de manera gradual pero persistente, al ritmo que permitían los recursos que generó el crecimiento. ¿Y cuánto Estado de Bienestar? No hay respuesta fácil, pero sí se observa cierta tendencia a que mientras más traumática fue la miseria previo al crecimiento de la clase media mayor es el Estado de Bienestar actual.

Manuel Marfán, Director programa Cieplan U. de Talca

LA TERCERA, 08-06-2019

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.