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¿Cómo recuperar nuestra competitividad país?

¿Cómo recuperar nuestra competitividad país?

¿Cómo recuperar nuestra competitividad país?

Eduardo Frei: “…por mucho esfuerzo que el Gobierno haga por mejorar la eficiencia en los negocios, es poco probable que obtenga resultados en forma inmediata. Es necesario aprobar leyes y reglamentos, lograr que los efectos de estos sean traspasados a las empresas y luego se verán los resultados…”.

El miércoles de la semana pasada se publicó el Ranking de Competitividad Mundial elaborado por la Escuela de Negocios Suiza (IMD) con la Escuela de Negocios de la Universidad de Chile. Tal como era de esperarse, el resultado para nuestro país deja mucho que desear. La caída que registra la competitividad nacional es la mayor desde el año 2000, ocupando el Nº 42 a nivel mundial, siete lugares por debajo de la última medición. Si nos remontamos al 2005, la caída es más alarmante aún. Ese año ocupamos el lugar Nº 19, consolidando una estrategia de dinamización de nuestra economía a partir de la profundización de nuestra relación con los mercados internacionales.

Dado que nuestro principal motor de la economía sigue siendo nuestra capacidad competitiva a nivel internacional, bien vale la pena preguntarse acerca de las razones de esta pérdida de posición relativa y de las posibilidades que como país tenemos de revertir esto a la mayor brevedad. Por lo que muestra el indicador, en eficiencia en los negocios es donde más hemos perdido, pasando del lugar 26 al 41. En desempeño económico nos ubicamos en el lugar 48, después de haber ocupado el lugar 41, y en eficiencia de gobierno pasamos del lugar 24 al 26.

En ninguna de estas dimensiones es posible corregir rumbo al corto plazo. En efecto, por mucho esfuerzo que el Gobierno haga por mejorar la eficiencia en los negocios, es poco probable que obtenga resultados en forma inmediata. Es necesario aprobar leyes y reglamentos, lograr que los efectos de estos sean traspasados a las empresas y luego se verán los resultados. En el caso del desempeño económico, las autoridades han sido particularmente cautas y progresivamente han ido bajando las expectativas de crecimiento de un 4% para este año a menos del 3,5%, aunque “el mercado” ya pronostica cifras menores que esas.

En el caso de la eficiencia de gobierno, nuestra posición relativa sigue siendo buena, aunque menor que en la medición anterior. Pasamos del lugar 24 al 26. De alguna manera esto demuestra los avances que ha habido en la modernización del Estado durante los últimos 30 años y las capacidades que hay para reaccionar a las demandas que surgen de la ciudadanía. Lo que es más preocupante es la posición relativa que ocupa el país en infraestructura básica (caímos del lugar 27 al 34), infraestructura tecnológica (40 al 45) e infraestructura científica (50 al 52). En cada una de estas dimensiones, el Gobierno puede actuar directamente, y si ha habido un retroceso es porque desde el momento en que ocupamos un lugar de privilegio en los rankings mundiales, a mediados de la década pasada, se descuidó la acción del sector público en estos aspectos. Recuperar el ritmo ha sido muy difícil, pero comienzan a verse frutos.

En este sentido, el esfuerzo que se está haciendo por incrementar en forma significativa la inversión en infraestructura de comunicaciones y transporte, por ejemplo, es una muy buena señal de cómo enfrentar esa menor competitividad. Entre ellos cabe destacar los recientes anuncios hechos por el Gobierno en la reciente Cuenta Pública en relación con la fibra óptica nacional e internacional; al Puerto de Gran Escala; las tres nuevas líneas de Metro para Santiago; la expansión de los servicios de ferrocarriles de cercanía en Santiago, Valparaíso, Concepción, y la acogida a trámite de los proyectos de tren a Valparaíso, a través del sistema de concesiones de Obras Públicas.

A estos hay que sumar los anuncios del MOP en relación con el destrabe de iniciativas que durante muchos años se vieron en dificultades para iniciar obras; el plan de intervención en 10 mil km de caminos secundarios; el esfuerzo especial por mejorar más de 3,3 mil km de caminos en La Araucanía; la concesión de nuevas carreteras y autopistas y la ampliación de las existentes, y la financiación a través de privados, entre otros, de nuevos modos de transporte para el acceso al aeropuerto de Santiago, así como de conexiones urbanas no contaminantes por medio de teleféricos. Todo ello es una demostración de que esta caída en la competitividad en el área de la infraestructura básica no ha dejado indiferente a las autoridades.

Como Consejo de Políticas de Infraestructura miramos con confianza estos anuncios y nos ponemos a disposición para acompañar este proceso y profundizarlo, de modo de recuperar, al menos en este campo, el lugar de privilegio con el que se nos calificó hace menos de 10 años.

Eduardo Frei

Ex Presidente de la República

Presidente Consejo de Políticas de Infraestructura

EL MERCURIO, 07-06-2019

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.