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Trump en campaña

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Donald Trump está en campaña. Por eso acusa de manera reiterada a México de haber invadido de narcotraficantes, drogas y tratantes de seres humanos a Estados Unidos, provocando una crisis de seguridad nacional y le exige cortar de tajo los flujos migratorios.

Sería difícil identificar un antecedente reciente en el cual México se encontrara en el fuego cruzado de una campaña presidencial de reelección en Estados Unidos. Mucho menos, una situación en la que el país fuera uno de los receptores centrales de la artillería pesada, emitida desde la oficina oval de la Casa Blanca, con la virulencia y la falta de sustento que caracterizan los reiterados posicionamientos de su actual mandatario.

Por la magnitud de la relación bilateral, México siempre ha estado presente en el debate electoral de su vecino, aunque con polémicas más matizadas. Sin embargo, un escenario es lidiar con un perfil conflictivo sin mayor poder que su aspiración política montada en un templete frente a un grupo de leales, como de hecho sucedió en la campaña presidencial republicana de 2016, y otra muy distinta, el que ese mismo perfil —obstinado con la polarización— controle no sólo una parte sustantiva del diseño y ejecución de las políticas públicas más potentes del mundo, sino también con amplio impacto sobre nuestro país.

Peor aún, cuando los determinantes de la percepción del electorado estadunidense ofrecen como único incentivo a quien pretende un nuevo periodo de cuatro años al frente de la Casa Blanca, el de mantenerse en la ruta de la polarización y el agravio para tener la mayor probabilidad de dar viabilidad a su carrera política.

Por ello, México no debe abordar la irracionalidad del presidente Trump, de amenazar con la imposición de tarifas a todas las importaciones a su economía procedentes desde nuestro país, desde un enfoque de política pública pura. Sin duda, la alta composición de bienes estadunidenses en la manufactura mexicana conllevaría que esa misma tarifa afectara a la planta productiva de la Unión Americana. 

Se equivoca quien piense que el mandatario busca un efecto de política pública que, en los hechos, haga desistir a empresas estadunidenses de completar sus procesos productivos en territorio mexicano, con el fin de recuperar fuentes de empleo al norte de nuestra frontera. El presidente sí persigue la vigencia de la acusación hacia México, con el objetivo de reactivar a su base de votantes a dos semanas de anunciar formalmente que, de nueva cuenta, hará mancuerna con el vicepresidente Mike Pence, en búsqueda por la reelección.

El presidente Trump está en campaña. Por eso en días recientes acusa de manera reiterada a México de haber invadido de narcotraficantes, drogas y tratantes de seres humanos a Estados Unidos, provocando una crisis de seguridad nacional y le exige cortar de tajo los flujos migratorios. Como también, en plena visita oficial a Reino Unido, se atrevió a definir al alcalde de Londres como un “perdedor” de corta estatura, como respuesta a las críticas que éste le hiciera de promover valores humanos contrarios al de los ingleses. En esa coyuntura, aprovechó para criticar al alcalde de Nueva York y precandidato presidencial demócrata, Bill de Blasio, al señalar que comparte con su homólogo londinense una mala gestión pública.

Así ataca por igual a CNN por su difusión de fake news, al gobierno chino de estar subsidiando a sus empresas para mantener la competitividad tras la imposición de tarifas a los bienes comercializados en Estados Unidos procedentes de ese país, así como a los demócratas de querer emprender una “cacería de brujas” para llevarlo a juicio político en vez de atender los riesgos a la seguridad nacional de su frontera sur.

De regreso al terreno bilateral, por eso el presidente Trump escala el conflicto en la lógica electoral. Primero amenaza con tarifas y, ante la presencia de la delegación mexicana enviada por el gobierno de México, tiene como paso inmediato el expresarse cansado de diálogo y exigir que nuestro país pase del terreno de las palabras a los hechos. El mandatario quiere llegar a su acto de arranque de campaña en Orlando, el próximo 18 junio, con la conversación mediática a su favor.

Sería irresponsable si México pretendiera inmiscuirse en la contienda electoral estadunidense. Sin embargo, con ese contexto en mente, debe emprender todas las acciones comerciales, sociales y económicas posibles, para encarecerle los costos políticos al presidente Trump de llevar a mayores extremos el agravio a nuestro país. De nuestro lado, el gobierno mexicano ha hecho bien en “no engancharse”, sin embargo, deberá conseguir sus objetivos de política bilateral, antes que la opinión pública mexicana se canse de hacer de la persuasión, el puente de entendimiento con Estados Unidos.

Columna de Max Cortázar. EXCELSIOR,  México, 04-06-2019

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Diagnósticos errados

En 1878, el profesor de la universidad de Oxford Erasmus Wilson (1809-1884) pronosticó:

—En lo que respecta a la luz eléctrica, hay mucho que decir a favor y en contra. Creo poder afirmar que la luz eléctrica morirá con el fin de la Exposición Universal de París. Luego no volveremos a oír hablar de ella.

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En 1864, el rey Guillermo I de Prusia (1797-1888), cuando le comentaron los avances del ferrocarril, afirmó convencido:

—Nadie pagará dinero por ir de Berlín a Potsdam en una hora cuando puede llegar a lomos de su caballo en un día y gratis.

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En 1940 el profesor de Harvard, Chester L. Dawes afirmó:

—La televisión nunca será popular. Hay que mirarla en una habitación semioscura y exige continua atención.

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