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La ley del embudo en Hollywood

La ley del embudo en Hollywood

La ley del embudo en Hollywood

Pero si cada uno es muy libre de donar su dinero a lo que quiera, otra cosa es que utilice su poder económico para condicionar las leyes. Esta es la novedad de la amenaza de boicot sugerida por portavoces de compañías como Netflix, Disney y WarnerMedia, que han declarado que podrían retirar su inversión y dejar de rodar en Georgia si la ley contra el aborto entraba en vigor.

No hace falta haber visto Las normas de la casa de la sidra para saber que Hollywood difunde activamente el mensaje pro-choice. Pero, además de canalizar su influencia a través de las imágenes, ahora grandes compañías del sector amenazan con utilizar su poder económico contra los estados que opten por una legislación provida. Así, cuando en Georgia y otros estados los legisladores han aprobado leyes que limitan mucho el acceso al aborto, influyentes personajes de Hollywood han tomado postura recaudando dinero en favor de organizaciones defensoras del derecho al aborto y amenazando con dejar de rodar en Georgia y demás estados disidentes.

En esos días se ha divulgado que uno de los magnates de Hollywood, el productor e inversor Peter Chernin, ha enviado mensajes a una selección de altos productores de los mayores estudios, pidiendo su contribución para recaudar 15 millones de dólares. La cantidad se destinaría a financiar los esfuerzos legales de la American Civil Liberties Union (ACLU) en contra de las leyes antiaborto aprobadas en esos estados. Habida cuenta de que los destinatarios son gente como Jeff Bezos, Tim Cook o Ted Sarandos, no parece difícil que puedan reunir la suma sin renunciar a sus vacaciones.

“Tenemos una responsabilidad moral de actuar inmediatamente”, les advierte Chernin, desmintiendo así el cliché de que la moral y los negocios van por separado. Cuando Hollywood tiene una causa acorde con la nueva ortodoxia, la defiende aunque le haga perder taquilla.

Guste o no, los magnates son muy libres de dedicar su dinero a causas que consideran defendibles, y hay que respetar su derecho a hacerlo. No hay por qué adoptar actitudes sectarias, como las que sufrió en 2014 Dan Cathy, dueño de la cadena de restaurantes Chick-fil-A, que, por haber donado dinero a organizaciones contrarias al matrimonio entre parejas del mismo sexo, sufrió el acoso de activistas gais que pedían el boicot a sus restaurantes, mientras que los alcaldes de Chicago, Boston y San Francisco declaraban que la cadena no sería bien recibida en sus comunidades. Ni la que experimentó ese mismo año Brandan Eich, recién nombrado director general de Mozilla, que dimitió de su puesto por las amenazas de boicot a su compañía. Su pecado había consistido en donar 1.000 dólares a la Proposición 8 que defendía en California el matrimonio solo como la unión de hombre y mujer, propuesta que fue aprobada en referéndum y anulada después en los tribunales.

Pero si cada uno es muy libre de donar su dinero a lo que quiera, otra cosa es que utilice su poder económico para condicionar las leyes. Esta es la novedad de la amenaza de boicot sugerida por portavoces de compañías como Netflix, Disney y WarnerMedia, que han declarado que podrían retirar su inversión y dejar de rodar en Georgia si la ley contra el aborto entraba en vigor.

En este asunto, la ideología liberal de Hollywood choca con sus intereses económicos. Georgia se ha atraído los rodajes con deducciones fiscales de al menos un 20% para las productoras de cine y televisión. A su vez, también Georgia depende de la industria del cine, pues 92.000 empleos del estado están relacionados con esta actividad. No en vano ha sido llamada “el Hollywood del sur”. Pero trasladar la producción a otros sitios sería poco rentable para las productoras y penalizaría a trabajadores –entre ellos, muchas mujeres– que dependen de sus sueldos para vivir.

Lo curioso es que este posible boicot sea bien visto desde una óptica liberal. Otros lobbies tienen peor prensa. Hay indignación cuando la Asociación Nacional del Rifle hace campañas contra los políticos que intentan poner más restricciones al comercio de armas. Se denuncia que en la crisis de los opiáceos han tenido mucho que ver las presiones de algunos laboratorios farmacéuticos en favor de una legislación excesivamente laxa. ¿Y qué diríamos de un fabricante de automóviles que amenazara con cerrar su fábrica en un estado si se aprueba un control de emisiones más estricto?

Por otra parte, la ley sobre el aborto no afecta para nada al sector cinematográfico. Se entendería más el boicot de Hollywood si la nueva legislación de Georgia les prohibiera dar en sus películas una visión positiva del aborto. Pero, al contrario, es Hollywood el que pretende prohibir a los legisladores de Georgia y de otros estados que adopten unas leyes que consideran más justas. En el fondo, no demuestran tener mucho aprecio por el método democrático, cuando pretenden imponer sus propias ideas con amenazas económicas.

Paradójicamente, los que llaman a boicotear a Georgia por no someterse a sus ideas, son los mismos que se escandalizan porque un fotógrafo o florista no quiera prestar su trabajo en una boda gay. Su boicot sería un ejemplo de ciudadanía responsable, mientras que el boicot del otro es una discriminación intolerable. Es la versión cinematográfica de la ley del embudo.

Ignacio Aréchaga. ACEPRENSA, 05-06-2019

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.