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El verdadero final de Pretty Woman que Julia Roberts no quiso grabar

El verdadero final de Pretty Woman que Julia Roberts no quiso grabar

El verdadero final de Pretty Woman que Julia Roberts no quiso grabar

Por un giro de los acontecimientos, la actriz pudo quedarse conforme con el guion, pero estuvo a punto de no formar parte de la película

Hay papeles que marcan toda una carrera, y eso es lo que le pasó a Julia Roberts con «Pretty woman». La historia de la prostituta que conquista el corazón de un galán como Richard Gere enamoró al mundo entero, y consiguió que la actriz se convirtiera en la sonrisa de América. Lo que no se sabía hasta hoy, y que se ha descubierto gracias a las declaraciones de Roberts a «Variety», es que la película podría haber tenido un final completamente diferente, con el que la actriz no estaba para nada contenta.

«Hace muchísimos años hice una audición para una película llamada «3.000», que por si alguien no lo sabe, era el título del guion original de «Pretty woman». Pero aquella versión tenía un final bastante más duro», iniciaba en su conversación en la revista norteamericana con la actriz Patricia Arquette.

Tal y como narraron, una vez superó el casting, Julia Roberts recibió una copia del guion original, para que fuera preparando su papel. Según iba pasando las páginas, descubrió que el final para Vivian era muchísimo más trágico de lo que podía esperar. Hasta tal punto era la situación, que la propia actriz  pensaba no dar vida a su personaje, ya que no se encontraba cómoda con la situación que tendría que vivir en la cinta: «No tenía ningún interés en estar en una película como esa. Y eso que a mí sí me dieron el papel».

Según la primera versión de la película, tras la buena sintonía entre el personaje de Gere y Roberts, la cinta no acababa como un cuento de princesas. Ambos se encontrarían en la escena final en el coche del magnate cuando, llegado el momento, Edward Lewis empujaría del vehículo a Vivian para que saliera. Lewis le lanzaría por la ventana un fajo de billetes para pagarle los servicios prestados y el personaje de Roberts acabaría tirado en un callejón abandonado y oscuro, regresando a los orígenes de donde provenía al principio de la cinta.

Sin embargo, un golpe de suerte permitió que esta versión no fuera rodada y que Julia Roberts pudiera continuar dentro de «Pretty woman». «El estudio que iba a producirla quebró y tres días después de que me dijeran que me habían seleccionado me quedé sin trabajo» recuerda. Este hecho, en un primer momento, no le importó demasiado, ante la situación en la que se quedaba su personaje. «Me dijeron que antes de cerrar Disney les había comprado el guion y yo pensé que qué demonios iba a hacer Disney con esa historia. ¿Animarla? En serio, aquella película era lo menos Disney que he leído nunca», recuerda la actriz.

Sin embargo, la suerte hizo que, finalmente, pudiera hacer el papel cuando el director Gary Marshall se interesó por la cinta y Disney accedió a sus deseos. Una vez con el guion en su poder, Marshall, al que la actriz define como «un ser humano maravilloso», contactó con Roberts para volver a ofrecerle el papel, al saber que había sido la elegida por la anterior productora para hacer de Vivian. «Pero resulta que no solo me volvió a ofrecer la película, sino que habían cambiado también el guion hasta convertirlo en algo que realmente entraba en mi zona de confort», dijo Julia Roberts en su entrevista. De esta forma, la intérprete pudo dar vida a ese personaje que conquistó a medio mundo, que sigue enamorando a jóvenes y adultos y que le recompensó con el Globo de Oro a mejor actriz y la nominación al Óscar.

ABC, España, 05-06-2019

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.