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Un eclipse para mayor gloria de Einstein

Un eclipse para mayor gloria de Einstein

Un eclipse para mayor gloria de Einstein

Hace 100 años, el astrofísico británico Sir Arthur Eddington realizó el experimento que comprobó científicamente la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

Eclipses solares ocurren cada pocos años. Pero el que ocurrió el 29 de mayo de 1919 se considera uno de los puntos culminantes de la ciencia del siglo XX.

Aquel día y gracias a aquel fenómeno, el astrofísico británico Sir Arthur Eddington realizó el experimento que comprobó científicamente la teoría de la relatividad de Albert Einstein.

Tanto la vieja teoría de la gravedad de Newton como la nueva de Einstein predecían que la luz no viaja necesariamente en líneas rectas, sino que puede ser desviada cuando pasa cerca de algo tan pesado como el Sol. Pero el genio alemán predecía que se desviaba más. Suficiente como para que las posiciones aparentes de las estrellas detrás del Sol se desplazasen de forma detectable con respecto a las posiciones conocidas y verdaderas.

Desde Oxford, Arthur Eddington observó la posición de las estrellas en enero y febrero de 1919. El eclipse sería visible desde ambos lados del Atlántico por lo que, para asegurarse buen tiempo en al menos un punto de observación, Frank Dyson, el Astrónomo Real, mandó un equipo de observación a Sobral (Brasil) y a Eddington a Santo Tomé y Príncipe (África). Los cielos estuvieron despejados en ambas localizaciones y, durante cinco minutos en total, ambos equipos se las arreglaron para tomar varía fotografías nítidas de las estrellas.

Cuando Eddington volvió a casa y comparó las posiciones aparentes de las estrellas detrás del Sol con las reales, ambos conjuntos de datos confirmaron que la teoría de Einstein era correcta. El descubrimiento fue publicado en Philosophical Transactions of the Royal Society.

El fenómeno predicho por Einstein y comprobado por Eddington es conocido hoy día como lente gravitacional. El efecto se usa a diario por parte de los astrónomos y en él se basa mucha de la investigación sobre la materia y energía oscuras.

EL CULTURAL, España, 26-05-2019

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Humor

El cardenal Richelieu (1585-1642) era hombre de pocas palabras. En una de las fiestas en que se veía obligado a participar, permanecía apartado del resto de los invitados y se dedicaba a observar todo lo que sucedía a su alrededor. Notando su soledad, un duque se le acercó y le dijo:

—¿Se aburre, su eminencia?

—No —contestó lacónicamente Richelieu.

—¿De veras no se aburre, su eminencia? —insistió el duque al rato.

—No, estimado duque; no me aburro jamás, a no ser que los demás insistan en aburrirme.

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El escritor satírico español Luis Taboada (1848-1906) publicó en 1890 un tomo titulado Madrid en broma. A todos y cada uno de sus amigos y conocidos les fue diciendo:

—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención. El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.