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Mi pareja no es machista

Mi pareja no es machista

Mi pareja no es machista
mayo 16

Para que triunfen sus ideas, los movimientos feministas deberían convencer primero a las mujeres.

¿Se considera usted feminista? La pregunta no es fácil de responder en una encuesta, pues no todo el mundo entiende lo mismo cuando se trata de definir en qué consiste ser una feminista moderna. Todos están dispuestos a defender la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pero el calificativo de feminista tiene todavía una connotación de activista militante, que sigue viendo a la mujer como víctima oprimida. Sea porque se considere una actitud ya innecesaria, sea porque se vea como demasiado radical, no todas las mujeres están dispuestas a ponerse la camiseta de feminista.

Así lo revela una encuesta llevada a cabo por el YouGov-Cambridge Globalism Project, realizada entre 25.000 personas de 23 grandes países. Esta iniciativa forma parte de un proyecto conjunto entre un instituto de la Universidad de Cambridge y The Guardian, para medir la opinión sobre temas que influyen en la globalización. En el caso del feminismo, el propio diario británico parece sorprendido por los resultados. Países que deberían ser la vanguardia del feminismo resultan tener muchas menos autoidentificadas feministas de lo que cabría esperar.

El diario británico pone como caso paradigmático entre los países desarrollados el de Dinamarca, en el que solo una de cada cuatro mujeres se considera feminista, porcentaje al nivel de México e inferior al de Turquía. Si se tiene en cuenta al conjunto de la población, el porcentaje de daneses feministas baja a uno de cada seis. La proporción contrasta con la de la vecina Suecia, que encabeza la clasificación con un 46,6%. Pero también es inferior a la de países como Italia, España o Reino Unido, que están por debajo de Dinamarca en lo que se refiere a igualdad de género.

Más arriba o más abajo, en ningún país la proporción de feministas supera el 50%, lo que también lleva a plantearse hasta qué punto las asociaciones feministas pueden hablar en nombre de todas las mujeres.

Quizá el hecho de declararse o no feminista no tiene mucho que ver con la situación real de la mujer en un país. En este sentido, Dinamarca es uno de los mejores países del mundo para ser mujer, si nos fijamos en la escasa brecha salarial, en los derechos laborales, en la conciliación y en los servicios de guardería gratuitos. A lo mejor por eso no se ve mucho sentido a presentarse hoy como feminista reivindicativa. Pero en Suecia la situación es similar, y la proporción de feministas es casi el doble. Y en la Alemania de Merkel hay bastante menos feministas que en los EE.UU. de Trump.

No es fácil interpretar los resultados, pero parece que la adscripción al calificativo feminista depende más del clima de opinión pública que de los datos reales sobre el bienestar femenino. The Guardian recuerda que incluso la ministra de Igualdad de Dinamarca, Karen Ellemann, declaró al ser nombrada hace tres años que no se consideraba feminista. Imagínese lo que se diría si su homóloga española dijera lo mismo.

Pero los daneses no se conforman solo con sacudirse el calificativo de feminista. Tampoco les gusta mucho el #MeToo. Dos de cada cinco tienen una opinión negativa del movimiento. Solo el 4% de los hombres y el 8% de las mujeres danesas dicen tener una impresión “muy favorable” del #MeToo, porcentaje realmente bajo comparado con el 19% y el 24% del conjunto de países de la encuesta.

También es curioso que #MeToo se haya convertido en el movimiento que encarna el cuaderno de quejas de la mujer de hoy, cuando la gran mayoría no tiene una buena opinión del clima que ha desencadenado. Así, algunas danesas interrogadas por The Guardian lamentan que algunos hombres teman interactuar con las mujeres en el trabajo, por temor a ser acusados de algo.

Y es que en esto de las relaciones entre hombres y mujeres, una cosa es la opinión sobre el feminismo o el machismo en general y otra lo que a mí me afecta. Cuando en el pasado Día de la Mujer los medios españoles competían en publicar artículos reivindicativos a favor de la mujer frente a la discriminación, la brecha salarial, la precariedad laboral y la violencia machista, que, por lo visto, predominan en la sociedad española, una encuesta de Sigma Dos para El Mundo preguntó: “¿Su pareja es machista?” El 77% de las mujeres dijeron que no, el 11,9% que sí, y el 11,2% no sabe/no contesta. O sea, la inmensa mayoría de las mujeres españolas han tenido una gran suerte, porque en esta sociedad que oprime a la mujer su pareja es una excepción. El hombre en general es un machista, pero mi hombre es encantador.

Ignacio Aréchaga. ACEPRENSA, 14-05-2019

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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