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¿SABE QUIÉN ES DÍAZ-CANEL?

¿SABE QUIÉN ES DÍAZ-CANEL?

¿SABE QUIÉN ES DÍAZ-CANEL?

Lillian Calm escribe: “Si al universo encuestado se le planteara la pregunta contraria, es decir, quién es hoy día el Presidente de Cuba, el resultado, pienso, sería más misérrimo aún”.

Si se hiciera una encuesta -no solo en Chile sino también más allá de nuestras fronteras- y se preguntara quién es Miguel Díaz-Canel  (así, con guion entremedio) supongo que el resultado sería misérrimo.

Si al universo encuestado se le planteara la pregunta contraria, es decir, quién es hoy día el Presidente de Cuba, el resultado, pienso, sería más misérrimo aún.

Es por eso que me llamó inmensamente la atención leer que el susodicho cumplió ya un año en ese cargo: Presidente de Cuba.

¿Y qué ha sucedido en la isla durante estos más de 365 días?

Investigo y me encuentro con puros desastres: una profundización de la crisis económica y financiera; un desabastecimiento de proporciones; un mayor distanciamiento con Estados Unidos y, en consecuencia, una intensificación del bloqueo, y naturalmente un incondicional apoyo al venezolano Nicolás Maduro.

Veo que algunos medios le achacan hasta un tornado y un accidente aéreo, que dejó un saldo de 112 fallecidos, pero por mi parte lo voy a eximir de esos dos desastres: el tornado y el accidente aéreo, que no creo hayan sido ineficacia suya propia. Es más en el caso del avión las investigaciones llevan a conclusiones demasiados dudosas.

Se supone que este personaje, que vino a reemplazar a los Castro (los hermanos Fidel y Raúl) debiera tener personalidad propia, pero me temo que, al menos por lo que ha demostrado hasta ahora, sea solo el elegido para hacer de fachada. Y punto.

Al escribir esto sé que estoy prejuzgando, pero la ideología en Cuba no ha evolucionado sino que ha permanecido estancada, y ya hemos visto en la historia ejemplos similares en otras latitudes donde las sucesiones de los jerarcas han sido manejadas por hilos movidos por las mismas directrices.  Como en un mundo de títeres, donde la ficción parece imponerse por sobre la realidad.

Es tal el escaso perfil del novel mandatario que estoy segura de que la ex Presidenta de Chile (y hoy Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU), quien salió casi saltando como niñita chica de una ceremonia en Cuba cuando le avisaron que Fidel la esperaba, ahora permanecería en su asiento casi estática.

Asimismo archivé unas declaraciones de la hoy parlamentaria comunista Camila Vallejo que, en el fragor de su juventud, tras estar con Fidel Castro en La Habana, dijo que todas las reflexiones que él haga “constituyen luz y esperanza para Chile”. ¿Diría lo mismo de Díaz-Canel?

Todo esto me hace recordar, como antítesis, la venida de Fidel a Chile: se quedó largos veintitrés días (conozco bien el tema porque entonces mi misión periodística fue seguirlo a donde fuera, y lo vi por primera vez en el aeropuerto, cuando llegó, y por última vez en el aeropuerto, cuando se fue). Esa estancia se prolongó tantísimo que me atrevería a afirmar que incluso el mandatario de entonces, Salvador Allende, aunque se diga lo contrario, ya estaba harto acachado con él porque ante esa  visita oficial que no terminaba nunca, la reacción de la oposición fue envalentonarse.

Pero volvamos a Díaz-Canel: si tuviera que definirlo no me quedaría otra que considerarlo un personaje grisáceo puesto en ese cargo para, me imagino, recibir las directrices del Partido Comunista del cual él, por supuesto, es fiel militante. Si no, no estaría donde está.

¿Quién era antes de asumir?

Para estos casos no hay como Wikipedia: “Es un político, ingeniero y profesor universitario cubano. Fue el presidente del Consejo de Estado de Cuba y del Consejo de Ministros desde el 19 de abril de 2018 hasta el 10 de abril de 2019”.

Y me remito a Wikipedia porque si uno navega por la web y busca y rebusca entre sus realizaciones… el resultado es paupérrimo. Que recibió en la isla al Príncipe Carlos de Inglaterra y poquísimo más. Ha criticado la posición del Grupo de Lima con respecto a Venezuela, y sigue siendo amigo de los Maduros y de los Ortega. Ni siquiera puede anotarse un triunfo en el referéndum sobre la Constitución, ya que esta no fue aprobada por el 97,7% de los inscritos como solía ser obligadamente en Cuba, sino por el 73,3% que denota, según los porcentajes isleños, signos de emancipación.

Quiero agregar un dato no menor: Raúl Castro dejó la Presidencia de Cuba pero sigue siendo, a sus 87 años, el todopoderoso secretario general del Partido Comunista cubano.

A mi modo de ver, en Cuba aún no se puede hablar de Glasnost ni de Pereistroika. De poscastrismo quizás sí, pero solo porque el apellido de su Presidente no es Castro sino… Díaz-Canel.

 Lillian Calm

Periodista

TEMAS Y NOTICIAS, 09-05-2019

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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