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Japón muda emperador

Japón muda emperador

Japón muda emperador

El emperador Akihito y su esposa la princesa Michiko (ver foto) se retirarán completamente de toda actividad pública. Se dice que quieren pasar sus días tranquilos. Uno de sus pasatiempos es la música. El emperador toca el chelo y la princesa el piano.

El emperador de Japón es el último emperador que resta en toda la historia de la humanidad. Su dignidad y status ya no la comparte nadie más. Y Japón es el último imperio que resta. Al inicio del siglo XX había diez emperadores –en equivalencias de zar, káiser, sultán, negus– y hasta la reina Victoria de Gran Bretaña lo era en su rango de emperatriz de la India. En aquella pasada borrascosa centuria de vendavales colosales atestiguando el derrumbamiento hercúleo de las dinastías, se extinguieron todos ellos por angas o mangas, pues lo mismo arrasó con el Shah de Persia que con el monarca austrohúngaro que también era rey apostólico de Hungría. Cayeron uno a uno del cuerpo de la Historia como prolapsos. Todos, menos el soberano nipón. Y en 2019 tocó mudarlo. Akihito ha abdicado y su hijo Naruhito ascendió al trono.

El Trono del Crisantemo sobrevivió y a no poca cosa. La dantesca derrota en la Segunda Guerra Mundial que atrajo aparejada la ocupación estadounidense, puso en riesgo la continuidad de una monarquía imperial de más de 2, 700 años. Una monarquía con varones al frente, que ha sabido consagrar una sucesión por línea masculina evadiendo entronizar a una emperatriz por derecho. La tradición se impone y se impondrá.

En este rubro, Japón es un imperio misterioso y con un peculiar cariz de realeza, poco conocido en sus detalles; de una casta discreta, inexpugnable después de todo, sobria, de esas que ya no hay. De aquellas cuyo temperamento la distingue, porque los reflectores no permean la línea marcada hacia el mundo exterior. Desconocemos si el nuevo emperador, Naruhito, de 59 años, la cambiará en algo.

Quienes aún tenemos vivo el recuerdo de la muerte del emperador Hirohito en 1989 –el mas prolongado reinado y bajo la era Showa, “Paz Iluminada” – y vimos aquellos funerales grandiosos reuniendo al más nutrido contingente de jefes de Estado hasta que los desbancó las exequias de Juan Pablo II, los vimos recargados de sobriedad y circunspección, de un luto riguroso que me trae a la memoria el prominente crespón colocado en el asta bandera de la embajada japonesa que mira al Paseo de la Reforma en Ciudad de México; y es que apenas podemos creer que ya pasaron 30 años, y con la precisión característica del admirado pueblo japonés, ya hace años que se dio aviso de la hora concreta de la jornada marcada para que se produjera el relevo de monarcas y así ha sucedido este 30 de abril de 2019 con una cronométrica puntualidad cual si estuviera marcada por un reloj Seiko. Desde las cero horas del 1 de mayo de 2019 ha cesado la era Heisei (“Culminación de la Paz”), iniciando la era Reiwa (“Hermosa Armonía”). A la abdicación de Akihito la precede una con más de dos siglos de haber sucedido. Este mudar tan distinto contrasta con aquellos días.

Al anuncio de la abdicación a título de retiro del viejo emperador (agosto de 2016) siguió tiempo después (diciembre de 2017) el aviso de la fecha en que se ha verificado tal relevo. Recién se la solemnizó presentando el nuevo kanji o símbolo o sinograma con el nombre de la nueva era, acompañándola del peculiar decreto prodigando diez días de asueto no universal con motivo de la proclamación del nuevo emperador, y hasta rechazado tal beneficio por muchos. Demasiado tiempo libre. Cosa que a los occidentales nos ha asombrado en cierta medida. Curiosidades como la de vender el aire enlatado como el último de la era que concluyó, adornan el suceso. Algo debe de quedar claro: el relevo es un cambio de era y eso conlleva un parteaguas consciente en el colectivo japonés. Resulta interesante, sin lugar a dudas.

Hasta Japón he pedido a mi amiga Luz de León que ya ha comparecido en ocasiones anteriores en esta columna, para que nos retratara la situación. Ha sido muy generosa y comparto sus queridas palabras, apreciados lectores en ambos hemisferios, pues ya días antes me contó que igual en su universidad una profesora marcó en solemnidad que procedería a impartir la última clase de la era ya ahora extinta, que igual me explicó que el cambio impacta hasta en el calendario. La fecha se cuenta por años de reinado del monarca de turno, mientras transcurre su era: “se está en el año tal del reinado de cierto emperador, de la era respectiva”. Y anota: “También hay quien está en contra, pero son los menos. Ayer hubo una manifestación en Tokio en contra del emperador, pero únicamente se juntaron 100 personas. En general la gente está de acuerdo con la abdicación. El emperador (Akihito) es muy querido y se merece pasar sus últimos años tranquilo al lado de su esposa. (Aquí) en Kumamoto hay una estación de tren que lleva el nombre de «Heisei» al igual que el barrio donde se encuentra dicha estación. En los últimos días mucha gente de todo el país ha estado viniendo exclusivamente a tomarse una foto. Es el caso de Tanaka San, un japonés que en los últimos meses ha viajado por todo el país, apostándose por las estaciones de tren que llevan los nombres de las diferentes épocas. Desde Taisho, Osaka; Showa, Kawasaki; hasta la estación de Heisei en Kumamoto. Impresionante recorrido. El emperador Akihito y su esposa la princesa Michiko se retirarán completamente de toda actividad pública. Se dice que quieren pasar sus días tranquilos. Uno de sus pasatiempos es la música. El emperador toca el chelo y la princesa el piano.

Como he dicho, el emperador es muy cercano a su pueblo. Es muy triste que abdique, pero los japoneses piensan que a sus 85 años merece llevar una vida tranquila, ya que ha hecho mucho por su pueblo. Es la primera vez que se presentará esta situación en muchísimos años, así que no se sabe exactamente si tendrá una repercusión económica. Le pregunté a mis alumnos de 7 años su opinión de la era Heisei y con toda la inocencia me contestaron «duró bien poquito, solo 7 años». Nos dio mucha risa”.

Hasta aquí el testimonio. Japón inicia una nueva era mudando emperadores, mas supone ello el encuentro con sus más caras tradiciones.

Marcos Marín Amezcua. EL IMPARCIAL, España, 30-04-2019

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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