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Padres se rebelan contra el adoctrinamiento sexual de sus hijos

Padres se rebelan contra el adoctrinamiento sexual de sus hijos

Padres se rebelan contra el adoctrinamiento sexual de sus hijos
abril 11

La resistencia de los padres de una escuela de Birmingham a que se enseñe a niños de primaria sobre homosexualidad y transexualidad se ha convertido en un test nacional.

Parkfield, una escuela de enseñanza primaria en un barrio pobre de Birmingham, se ha convertido en noticia nacional por el rechazo de las familias a que se imparta a sus hijos un programa sobre homosexualidad y transexualidad. Manifestaciones con pancartas a las puertas de la escuela, retirada de los niños algún día, polémica en la prensa… Como tema de fondo: ¿quién decide lo que se enseña a los niños en asuntos que tienen que ver con actitudes morales y concepciones de la familia?

Parkfield es una escuela primaria situada en uno de los barrios más pobres de Birmingham, donde viven en su mayor parte minorías étnicas, sobre todo de origen paquistaní. Así que la mayoría de las familias son musulmanas, aunque también hay cristianas. Cuenta con más de 700 alumnos, de 4 a 11 años. Y las familias tendrían motivos para estar contentas, pues se trata de una escuela con buen nivel académico, lo cual no es frecuente en un barrio pobre. En la última evaluación de la Inspección, obtuvo calificaciones destacadas.

El choque con las familias

El choque con las familias surgió cuando este curso se empezó a enseñar un programa, “No Outsiders”, que pretende educar a los niños sobre la aceptación de los distintos tipos de familia y las diversas relaciones sexuales, y la no discriminación de gais y transexuales. El programa “No outsiders” ha sido creado por el director adjunto de la escuela, Andrew Moffat, gay comprometido.

Los críticos objetan que a niños de primaria se les hable de los derechos de gais y transexuales

Sin duda, Moffat se considera un hombre con una misión. Autor de Challeging Homophobia in Primary Schools, ya tuvo que dimitir de un puesto de profesor en otra escuela, después de que los padres objetaran sus clases de este tipo. Pero Moffat no se arredró y quiso trabajar en Parkfield, en una zona donde sabía que no iba a ser fácil. “Estaba decidido a que la igualdad para los LGTB fuera real en toda comunidad”, ha explicado.

Pues, si buscaba un reto, lo ha encontrado, hasta el punto de soliviantar a las familias. La escuela dice que el programa “No Outsiders” solo pretende inculcar tolerancia, igualdad y no discriminación de los gais y transexuales. Pero los padres lo ven de otro modo. Consideran que se trata de promover la homosexualidad como algo normal, algo que choca con sus convicciones. Y advierten que envían a sus hijos a la escuela para que se les enseñe inglés, matemáticas y ciencias, no para que se les hable de los derechos LGTB.

“Educar, no adoctrinar”, “No a promover la homosexualidad entre nuestros hijos”, dicen en las pancartas con las que se han manifestado varias veces centenares de padres y madres delante de la escuela. También han retirado algún día a sus hijos del colegio. Si en otros sitios los viernes los alumnos hacen huelga para exigir medidas contra el cambio climático, las familias de Parkfield la hacen para que no les cambien las ideas a sus hijos. También ha habido declaraciones a favor y en contra en la prensa. Los medios de izquierda, como The Guardian, que normalmente advierten del riesgo de islamofobia, no han dudado en este caso en poner en la picota la “intolerancia” de estos padres musulmanes.

Inapropiado para niños de primaria

Lo que cuestionan los padres es, en primer lugar, que a niños de primaria, que ni tan siquiera han llegado a la pubertad, se les hable de gais y transexuales, o de padres del mismo sexo. Cuando el hijo llega a casa y muestra su asombro porque en la escuela ha oído que un chico puede ser una niña, y una chica un niño, los padres se enfadan.

En este programa se utilizan libros para niños de cuatro y cinco años que pretenden sensibilizarlos con la idea de que hay distintos modelos de familia. “Algunas familias son grandes, otras pequeñas… algunas tienen un padrastro o madrastra, algunas adoptan niños… algunas tienen dos mamás o dos papás, algunas tienen un solo padre en vez de dos…” Pero el autor del libro ha olvidado que también hay familias que ven admisible la homosexualidad y otras que no, familias para las que lo normal es tener papá y mamá y no otras combinaciones.

Por eso las familias objetan que en la escuela se enseñen valores contrarios a lo que se inculca y se vive en casa, e incompatibles con las enseñanzas del islam. Como dice Ahmed, uno de los líderes de la protesta: “Moralmente no aceptamos que la homosexualidad sea una relación sexual válida. Esto no es homofobia… del mismo modo que si uno no cree en el islam, no por eso es islamófobo”.

Las familias no quieren que en la escuela se enseñen valores contrarios a lo que se inculca y se vive en casa

Por el momento, lo que ha conseguido el programa “No Outsiders” es crear conflicto entre las familias y la escuela. Los padres se manifiestan. Los niños han faltado a clase. Los profesores están cansados de la polémica, y ha aumentado el absentismo. Paradójicamente, Moffat tiene una condecoración de la Orden del Imperio Británico por su trabajo para promover la cohesión social.

El conflicto se considera un test no solo local, porque a partir de 2020 la asignatura “Relationships and Sex Education” (RSE) será obligatoria en las escuelas de Inglaterra. Los padres tendrán derecho a retirar a sus hijos de las clases de educación sexual hasta los 16 años, y luego la decisión corresponderá al alumno. Pero no se puede retirar al alumno del conjunto de la asignatura.

¿Manda la escuela o la familia?

El conflicto ha sacado a la luz un problema de fondo: ¿debe prevalecer la autoridad paterna o la dirección escolar en asuntos que tienen que ver con la educación moral de los hijos? No se pone en tela de juicio que se enseñen hechos biológicos sobre la sexualidad. Pero cuando se trata de proporcionar a los niños no ya datos científicos sino criterios morales, los padres piden que se respete su papel de primeros educadores de sus hijos, sin que la escuela contradiga sus convicciones.

Pero, como escribe Brian O’Neill en Spiked, hoy en muchos programas de educación sexual vemos que se utiliza a los niños desde muy pequeños para promover cambios en el conjunto de la sociedad. “Quizá temiendo que no podrán convencer a los adultos de que la transexualidad es una buena idea o que un niño de seis años puede ser gay, los nuevos instructores morales tratan de inculcar en los niños esas ideas con la esperanza de que se filtren en casa y en los estúpidos cerebros de los adultos”.

El multiculturalismo puesto a prueba

En cambio, los defensores del programa se han sentido escandalizados cuando la escuela ha decidido suspender las clases. Si en otros casos contar con la comunidad escolar es un signo democrático, en esto no. “Se está enviando el mensaje de que el currículo es negociable según la ley de la calle”, dice Colin Diamond, de la Universidad de Birmingham. Las instituciones financiadas con fondos públicos no deberían capitular ante posturas religiosas particulares.

A su juicio, aquí se trata de enseñar algo que pertenece a “los valores británicos”, “the law of our country”. A lo que Fatima Shah, una de las madres críticas, responde: “No tenemos ningún problema con que se enseñen los valores británicos, pero esto no es enseñar los valores británicos sino promover la homosexualidad”. ¿Desde cuándo pertenece a los “valores británicos” que niños de primaria tengan que ser educados sobre gais y transexuales?

La escuela ha suspendido las clases hasta que se alcance un acuerdo con los padres

En este tema, la izquierda multiculturalista se encuentra atrapada en un dilema. En teoría, defiende que hay que respetar los valores propios de cada cultura, sin imponer la hegemonía de valores del país de acogida; pero en este caso exigen que la cultura ajena se someta a la suya. En nombre del respeto a la diversidad sexual ignoran la diferencia de puntos de vista de las familias en estos temas. Porque tampoco puede decirse que entre los propios británicos haya unanimidad al respecto.

Por el momento, la escuela ha suspendido las clases del programa “No Outsiders”, mientras busca un acuerdo con los padres. Un portavoz del Ministerio de Educación ha adoptado una postura conciliadora. Por una parte, mantiene que “el Ministerio hará todo lo necesario para que los profesores puedan hacer su trabajo, libres de toda intimidación”. A la vez, dice que “es el momento de que las escuelas consulten a los padres sobre cómo deben ser enseñados los nuevos temas”.

El Ministerio teme que la resistencia de los padres en esta y otras escuelas haga naufragar la introducción de la asignatura de RSE en 2020. De hecho, otras cuatro escuelas de Birmingham han interrumpido este tipo de clases por quejas de las familias. Si esto se interpreta como una “capitulación” ante los padres, es señal de que se está haciendo con los niños algo que sus padres no quieren.

Ignacio Aréchaga. ACEPRENSA, 08-04-2019

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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