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El cannabis, pasaporte al desequilibrio

El cannabis, pasaporte al desequilibrio

El cannabis, pasaporte al desequilibrio
abril 11

Un reciente estudio relaciona el consumo de marihuana de alta concentración del principio activo, con manifestaciones de psicosis.

El uso frecuente del cannabis con altas concentraciones de tetrahidrocannabinol (THC) puede estar vinculado con episodios de psicosis. Así lo ha corroborado un equipo del King’s College de Londres y de la Universidad de Bath, que ha publicado los resultados de su investigación en The Lancet.

La pesquisa se realizó entre mayo de 2010 y abril de 2015, y abarcó 17 áreas de Inglaterra, Francia, Holanda, Italia y España, además de alguna zona en Brasil. Los expertos evaluaron a 901 pacientes de 18 a 64 años que hubieran sufrido un brote psicótico durante ese período.

Como resultado, observaron que quienes habían fumado marihuana con una concentración de THC de menos del 10%, tenían tres veces más probabilidades que un no consumidor de desarrollar una psicosis, mientras que para quienes habían consumido una variante con un porcentaje mayor del 10% el riesgo era por lo menos cinco veces mayor.

“En los tres sitios con el mayor consumo de cannabis de alta potencia –dice el estudio–, el uso diario de esa variante estuvo asociado con un mayor incremento de las probabilidades de trastorno psicótico, en comparación con quienes nunca la habían usado: cuatro veces más probabilidades en París, cinco en Londres, y más de nueve en Ámsterdam”.

Quienes consumen cannabis con un porcentaje de THC mayor del 10%, tienen un riesgo de desarrollar psicosis cinco veces mayor que un no consumidor

En España, concretamente en Madrid y Barcelona, las variedades más consumidas contienen niveles de THC de menos del 10%. Lo que no significa que haya “cero peligro”…

“Las barbas de tu vecino”

El pasado 26 de marzo, un niño de dos años fue atropellado mortalmente en un paso peatonal en Tarradell (Barcelona), por un conductor que dio positivo en cannabis. Dos meses antes, en Vitoria, otro chófer, también tras consumir marihuana, embistió a una adolescente que caminaba hacia su escuela…

Son dos casos entre muchos otros: si se examinan las cifras de los controles de drogas que efectúa la Dirección General de Tráfico, se observará que el cannabis ocupa un lugar preeminente. A día de hoy, 497.000 personas en España tiene un problema de consumo problemático de marihuana, según la encuesta oficial periódica sobre el tema.

Pese a tantos episodios lamentables a la mano, la idea de legalizar totalmente el cultivo y la tenencia de cannabis pugna por abrirse paso en forma de ley, de la mano de algunos políticos. Por ejemplo, en su programa electoral para los comicios del 28 de abril, Podemos apuesta por “despenalizar” y regularizar la producción, la distribución y el consumo de la hierba.

En Nueva Jersey, un proyecto para despenalizar el comercio y consumo de cannabis se ha detenido para evaluar las experiencias de otros estados

Quizás les pillan un poco lejos los lugares donde ya el narcótico, “libre de ataduras”, da verdaderos dolores de cabeza. En EE.UU., que ha visto la legalización de la sustancia en varios estados, Nueva Jersey había adelantado a finales de marzo su propuesta de ley para legalizar la marihuana, pero el proyecto pegó de momento un brusco frenazo.

La causa vendría a ser el viejo proverbio de “cuando las barbas de tu vecino veas pelar…”. Según el New York Times, las autoridades del estado han querido examinar antes qué tal les ha ido a otros territorios donde se la legalizado el comercio y el consumo. Algunos legisladores, dice, temen que una luz verde dé pie a que las ya congestionadas calles y carreteras del estado se llenen de conductores bajo los efectos de la droga, mientras que otros no se acaban de convencer de que la marihuana no constituya un problema de salud pública.

El gobernador y los legisladores han estado revisando un reciente informe sobre la experiencia de sitios como California, Massachusetts y Colorado. Si en los dos primeros la administración se devana los sesos sobre cómo mantener la marihuana alejada de los adolescentes, y si preocupa que haya ahora una mayor presencia de la droga en las comunidades latinas y afroamericanas, en Colorado se han disparado 33 veces más las visitas a urgencias.

Cuestión (también) de genes

Si finalmente parece que las grandes mayorías se han convencido de que el tabaco es perjudicial –las ilustraciones en las cajetillas hablan por sí mismas–, y, en cambio, el sustantivo cannabis viene acompañado cada vez más por el adjetivo medicinal, se comprenderá que muchos le hayan quitado al narcótico los cuernos y la cola terminada en flecha.

Lo curioso es que la realidad continúa mostrando tozudamente una relación entre el consumo de cannabis y perjuicios palpables, como un rendimiento académico menor (en el caso de los estudiantes), una mayor probabilidad de ir a dar a la cola del paro, o de involucrarse en acciones delictivas…

Huellas sociales a un lado, y devuelto el foco a la salud individual, hay que decir que la íntima relación entre el THC y los episodios de psicosis es algo a lo que, antes que la investigación publicada por The Lancet, ya otras habían hecho una aproximación.

En Quartz, Olivia Goldhill cita varias. Por ejemplo, una de 2013 de un equipo del King’s College, que concluía que los derivados del cannabis con alto porcentaje de THC pueden desencadenar síntomas psicóticos y afectaciones a la memoria. Otro estudio, desarrollado por expertos de las universidades de Bristol y Cambridge, apuntaba que, en algunos casos, iniciarse en el consumo del narcótico incrementaba los riesgos de padecer esquizofrenia, si bien podía suceder también al revés: que la esquizofrenia tuviera como efecto una mayor probabilidad de recurrir al estupefaciente.

Los individuos que presentan una alteración del gen AKT1 y que consumen la droga, tienen mayor predisposición a desarrollar psicosis, en comparación con los no consumidores

¿Por qué no todo el que consume sufre episodios psicóticos o esquizofrénicos? Al parecer, la genética del individuo pesa mucho en esto. La web del National Institute on Drug Abuse, entidad dependiente del gobierno de EE.UU., señala que los más afectados son quienes tienen una “variación específica” del gen AKT1, que se encarga de regular, por derivaciones, la presencia de dopamina en el cerebro. Cuando el THC entra en la ecuación, el nivel de la mencionada hormona neurotransmisora se eleva, y aquellos cuyo gen AKT1 exhibe la variación tienen siete veces más probabilidades de desarrollar psicosis, en comparación con quienes no han encendido jamás un porro.

Semeja, sí, una ruleta rusa: quien no tenga la modificación genética estaría a salvo. Pero no hay que confundirse: con el cannabis, para todo el que apriete el gatillo hay, de alguna manera, una bala en el directo de la recámara.

Luis Luque. ACEPRENSA, 09-04-2019

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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