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El nuevo Museo Nacional de Qatar, la rosa de Nouvel con alma española

El nuevo Museo Nacional de Qatar, la rosa de Nouvel con alma española

El nuevo Museo Nacional de Qatar, la rosa de Nouvel con alma española
abril 04

Dos compañías españolas, Empty y Acciona, diseñan las exhibiciones del gran espacio expositivo creado por el francés.

La primavera qatarí ha estallado en la corniche de Doha, frente a la bahía. Unos pétalos, hechos de 76.000 paneles, acaban de abrirse sobre su asfalto. Bajo su apariencia de rosa del desierto, en las entrañas de un rompecabezas de discos curvos, ángulos imposibles y sugerentes intersecciones, el Museo Nacional de Qatar presume de una memoria nómada transformada por la gracia de los petrodólares. Una institución esculpida por el francés Jean Nouvel e inaugurada este miércoles con grandes fastos en la que, sin embargo, late el alma española.

«Es un museo que respira alma española por todos sus rincones», reconoce Óscar Sáez, director de operaciones de Empty, la compañía española encargada, a través de una ‘joint venture’ con una empresa local, de diseñar la exhibición que ocupa una decena de salas que se desparraman por 52.000 metros cuadrados. Una ruta de 1,5 kilómetros que, cronológicamente, conduce al visitante desde los confines del mar, hace 700 millones de años; la formación geológica de la península que hoy ocupa Qatar; la vida de sus habitantes en el desierto; el hallazgo del gas en la década de 1970 o la independencia de la patria de los Al Zani.

Un recorrido repleto de muros convertidos en pantallas -hasta 3.000 metros cuadrados de proyección- que reivindican la historia de un país con un tamaño similar al de la región de Murcia y una población de 2,7 millones de almas -de las que solo el 12 por ciento es qatarí- que se jacta de ser el país más rico del mundo, con el mayor PIB por habitante del planeta. «Somos responsables de los 170 proyectores 4k que funcionan de manera sincronizada por todo el museo», desliza Sáez.

También proceden de la piel de toro las maquetas de madera de los «dhow» -las embarcaciones de velas usadas para la búsqueda de las perlas, la principal fuente económica hasta el hallazgo de petróleo y gas- o las propias vitrinas. «Hay material llegado de Madrid, Galicia, Andalucía, Murcia, Cataluña o Aragón. Un 30 por ciento llegó por mar y el resto por avión porque los plazos eran muy cortos», explica Sáez.

Hasta 70 profesionales españoles -entre ingenieros, arquitectos o diseñadores gráficos- han participado en el espectacular ensamblaje interior del museo en una batalla a contrarreloj. «Han sido 18 meses de dedicación absoluta. Hace tres meses muchos no creían que pudiéramos entregarlo a tiempo. Era un sueño», admite la arquitecta Dada Sanz. «Nouvel ha estado extremadamente pendiente del trabajo. Es una arquitectura muy complicada. No existe ni una sola línea recta con lo que no hay ni un solo mueble recto que puedas poner en un suelo plano».

Otra compañía, la filial de diseño y ejecución de museos de Acciona, ha sido la artífice de la producción de las 149 instalaciones audiovisuales que recrean el mundo submarino de Qatar; la vida nómada de sus habitantes; las batallas tribales que configuraron la monarquía; la ciudad costera de Al Zubarah, el primero recinto del país incluido en el listado de patrimonio mundial de la Unesco; o la veloz metamorfosis que desató el oro negro, tallada hoy en un horizonte de rascacielos y lujo.

El Pritzker galo parece estar satisfecho. «La museografía marca siempre el principio de algo», señala en conservación con EL MUNDO. A sus 73 años, Nouvel firma una de sus criaturas más complejas,  primero creada a través de un modelo en tres dimensiones. El diseño de su esqueleto, inspirado en un fenómeno natural que se forma a partir de la unión de cristales en la arena, ha requerido de un equipo de arquitectos que ha trabajado al unísono desde Nueva York, Londres y Sidney. «Cuando se construye un museo que aspira a ser símbolo nacional, se debe hacer con dignidad y respeto al país», apunta el arquitecto.

Un edificio de 434 millones de dólares que despliega su puzzle a unos metros del Museo de Arte Islámico, forjado hace una década por el arquitecto chino estadounidense I. M. Pei. «Es una ubicación perfecta. El primer desafío fue identificar la que iba a ser la colección y luego adaptar los cambios que se produjeron y que lograron extender la colección», admite Nouvel. «Contiene objetos que son arcaicos y misteriosos y también recoge la expresión de modernidad de este país».

Consciente de las críticas que despierta el proyecto, Nouvel defiende su obra. «No se trata de glorificar un país. No conozco un museo que critique al Gobierno que lo construye. Los arquitectos no tienen el poder para hacer eso. La Historia que se exhibe en un museo no la dicta un arquitecto. Ésa es labor del ministerio de Educación, pero no solo aquí. También en Francia», arguye el arquitecto. Bajo la piel de rosa desértica, el Nacional de Qatar es -confiesa su autor- resultado de «cálculos matemáticos» efectuados para estilizar el símbolo y adaptarlo a las necesidades de los qataríes.

«No es un edificio postmoderno. Tampoco es una parodia del clasicismo. Está unido a unos sentimientos», esboza Nouvel. El armazón ha tomado forma junto al palacio del jeque Abdalá bin Jasim al Zani, unas dependencias construidas a principios del siglo XX que albergaron el Museo Nacional hasta 1996 y que -tras un remozado- será usado como una extensión del nuevo centro. «Es un gran día. Hemos dedicado la última década a desarrollar esta idea», comenta a este diario Ahmed al Namla, director ejecutivo de la Autoridad de Museos de Qatar.

Desde hace más de dos lustros, el país ha pujado fuerte en las casas de subastas. Su nombre ha asomado tras las adquisiciones recientes y astronómicas de obras de Gauguin, Cèzanne, Warhol o Bacon. Un patrimonio que, sin embargo, no se muestra en ningunos de los museos que empiezan a poblar la urbe. «No voy a hacer ningún comentario sobre eso. Somos muy ambiciosos y no pararemos aquí. Cualquier oportunidad que tengamos la aprovecharemos», avisa Al Namla, interrogado sobre la posible creación de nuevos centros.

«Aquí no estamos tratando de competir con otros museos ni vamos a duplicarlos. El nuestro es un crecimiento orgánico», asegura a propósito de la sucursal del Louvre de Abu Dabi, inaugurada a finales de 2017. Otro hito arquitectónico firmado por el estudio de Nouvel, plantado también en la península arábiga y separado ahora por el abismo que abrió hace dos años el bloqueo a Qatar decretado por Arabia Saudí, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin. Una enemistad política enlazada ahora por el legado Nouvel. «Creo que la arquitectura es una buena manera de buscar la comprensión y ayudar a reducir las rivalidades entre países», concluye el galo.

Francisco Carrión, Qatar. EL MUNDO, España, 27-04-2019

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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