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¿Por qué hay un monasterio español del siglo XII en Miami Beach?

¿Por qué hay un monasterio español del siglo XII en Miami Beach?

¿Por qué hay un monasterio español del siglo XII en Miami Beach?
abril 04

La ciudad sorprende a los turistas con un claustro original trasladado desde Segovia piedra a piedra

Cualquier guía turística de Miami incluye entre sus recomendaciones imprescindibles sumergirse en Little Havana -su barrio latino-, acercarse a las playas de South Beach -SoBe para los locales-, la Piscina Veneciana o Cayo Vizcaíno, pasear por el histórico distrito Art Déco o visitar algún museo. Sin embargo, esta ciudad, situada en el sureste de Florida, puede ofrecer al viajero más de una sorpresa insospechada.

Una de ellas se nos presenta en forma de monasterio cisterciense, una maravilla del siglo XII rodeada de jardines, en el norte de Miami. No se trata de una réplica, sino del claustro original del monasterio de Santa María la Real de Sacramenia, un diminuto pueblo de la provincia de Segovia, construido en el año 1141.

¿Qué hace un monasterio español del siglo XII en pleno Miami Beach? ¿Por qué y cómo ha llegado hasta aquí? Estas suelen ser algunas de las preguntas más frecuentes entre los foráneos. Para responderlas debemos remontarnos a 1925, cuando el magnate de la prensa norteamericano William Randolph Hearst, movido por un irrefrenable deseo, compró los claustros y las dependencias del monasterio segoviano, las desmontó y las trasladó, piedra a piedra, hasta los Estados Unidos.

El traslado hasta Nueva York, que se efectuó por mar, obligó a embarcar un total de 11.000 cajas de madera perfectamente numeradas que contenían 35.784 bloques de piedra cargados de historia. Y es que durante 700 años -hasta la desamortización de Mendizábal, que convirtió las instalaciones en establos-, entre los muros de Santa María la Real habían vivido centenares de monjes de la Orden del Císter.

La Gran Depresión y los problemas económicos de Hearst condenaron el proyecto al olvido, hasta que en 1952, William Edgemon y Raymond Moss, dos hombres de negocios de Florida, decidieron comprar la colección para convertirla en una atracción turística. Pagaron por ella 500.000 dólares -alrededor de 450.000 euros- e invirtieron tres veces más en el traslado a Miami y en el montaje posterior de este peculiar rompecabezas.

Patio del monasterio español de Miami (THEPALMER / Getty Images/iStockphoto)

Tras enfrentarse a infinitos contratiempos -entre ellos la elección errónea de una ubicación que acabó apartada de cualquier circuito turístico- y descubrir que sus previsiones económicas no se cumplirían, sus promotores se vieron obligados a vender la construcción. Fue adquirida una década más tarde a bajo precio por la Iglesia Episcopal de San Bernardo de Claraval, quien le ha dado nombre y hasta hoy continúa siendo su propietaria.

El viejo monasterio español, situado en Dixie Hwy, en North Miami Beach, está abierto al público diariamente previo pago de una entrada que oscila entre los cuatro y los ocho dólares (entre 3,5 y siete euros) y suele estar especialmente concurrido durante el fin de semana, cuando tienen lugar los servicios religiosos. Las instalaciones también acogen eventos especiales más allá de la religión, algo impensable hace casi nueve siglos.

Exterior del monasterio español de Sacramenia de Miami (Florida) (THEPALMER / Getty Images/iStockphoto)

Magda Bigas. LA VANGUARDIA, Barcelona, 30-03-2019

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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