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La agenda con Estados Unidos

La agenda con Estados Unidos

La agenda con Estados Unidos

La actual administración ha mostrado una agenda rebuscada con nuestro vecino del norte.

A nadie le queda duda de que la relación internacional más importante que tiene México es con nuestro vecino del norte. Con Estados Unidos compartimos 3,142 km de frontera común, cerca de 75% de nuestras exportaciones son para ese mercado, especialmente bajo el Tratado de Libre Comercio de América del Norte –que sigue vigente–, el cual genera 28% del PIB mundial y realiza 16% del comercio global, aunado a que los temas que más nos interesan como nación no pueden solucionarse sin una política bilateral, como es la problemática sobre seguridad y migración.

No obstante esto, parece que, a más de 100 días de la nueva administración federal, la agenda con ese país está prácticamente detenida. No hay avances sobre el TMEC –tratado que busca sustituir al TLCAN– por falta de aprobación del Congreso de Estados Unidos, no se ha resuelto el tema de los aranceles al acero que ahorcan a la industria en México, y no se ha anunciado la manera en que ambas naciones cooperarán para solucionar problemas como la crisis de migrantes –que la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, dijo se había solucionado en cinco días–, así como el creciente problema de violencia que se genera por las organizaciones criminales –cuya guerra terminó por declaración presidencial el pasado 31 de enero, aunque los narcos no se han enterado–, y que es imposible solucionar de manera unilateral, considerando que el mercado se encuentra principalmente de ese lado de la frontera.

Fuera de un par de llamadas telefónicas, ni siquiera se ha anunciado un encuentro bilateral entre los dos mandatarios, y la Secretaría de Relaciones Exteriores, a cargo de Marcelo Ebrard, no ha confirmado cuándo se llevará a cabo la primera gira internacional del Presidente, lo que es notoriamente extraño.

En lugar de eso, el gobierno ha mostrado una agenda rebuscada con Estados Unidos, dentro de la cual no se ha explicado la medida que desde enero implementó el Departamento de Seguridad Interior, conocida como Protocolo de Protección al Migrante, que permite que Estados Unidos devuelva a extranjeros no mexicanos a nuestro territorio, mientras esperan que se resuelva su situación legal.

Tampoco se entiende la reunión que hace algunos días sostuvo el presidente López Obrador con Jared Kushner –asesor y yerno de Donald Trump- en la que –según declaró el propio Presidente– sólo se habló de inversiones, pero bajo un ambiente de secrecía, privacidad y sin el necesario protocolo para casos como estos, siendo que los acuerdos tomados, en todo sentido, son de interés público.

Si bien el presidente Trump había dejado de hacer ataques directos a nuestro país –tal vez producto de una negociación en materia migratoria–, esta semana retomó una posición hostil e insiste en el tema de la construcción de un muro que no tiene ningún propósito salvo mostrar a su electorado que México no es un aliado sino la raíz de sus problemas, ante lo cual nuestro gobierno guarda silencio.

Parecería que el equipo del presidente López Obrador no ha logrado transmitirle que los temas fundamentales para el éxito de su gobierno no se pueden resolver sin una agenda fuerte con Estados Unidos, muy especialmente en materia económica y de seguridad, y en su lugar optan por una vecindad pasiva, poco transparente, y según parece, sumisa y subordinada.

Columna de Ricardo Alexander M. EXCELSIOR, México, 30-03-2019

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Al rey español Felipe IV (1605-1665) le gustaba que le llamasen «el Grande». Tras la pérdida de Portugal, el duque de Medinaceli (1607-1671) comentó:

—A su majestad le pasa como a los hoyos, que cuanta más tierra pierden, más grandes son.

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