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EL LEGADO DE MARÍA LUISA VIAL DE VIAL

EL LEGADO DE MARÍA LUISA VIAL DE VIAL

EL LEGADO DE MARÍA LUISA VIAL DE VIAL

Lillian Calm escribe: “Curiosa columna la mía, fundamentada en una entrevista, pero también por mi parte con la gran admiración que recogí durante las muchas décadas en que la vi actuar con una consecuencia poco común”.

Grandes párrafos suelen escribirse cuando las personas mueren, pero esta columna, que data desde hace unos cinco años, tiene la fuerza de haber sido escrita no como necrología sino cuando la educadora María Luisa Vial estaba en pleno vigor.

El jueves pasado supe que había muerto. Conmovida, me demoré en reaccionar. Pero pasado el primer momento decidí bucear y retomar esa entrevista que entonces subí (en la web no se habla de publicar) a esta página de Temas y Noticias. Es ella la que habló y es a ella a quien quiero hacer hablar ahora.

Sus palabras no provenían  desde la academia ni desde la ideología, sino desde la experiencia vivida durante más de 50 años, 35 de ellos enseñando a los más pobres desde la sala de clases.

En esa ocasión fue la periodista Soledad Vial quien la entrevistó para el diario “El Mercurio”. María Luisa Vial, junto a su marido, el historiador y ex ministro de Educación Gonzalo Vial, crearon la Fundación  Educacional Barnechea y así fueron el motor del San Rafael, definido en ese momento como colegio subvencionado gratuito situado en esa comuna, donde se educan 840 niños hombres y mujeres con grandes resultados en el Simce. Cuenta entre los egresados a muchos profesionales, incluso médicos.

Su verdadera preocupación

Pero antes de entrar en la entrevista misma, un recuerdo: un día María Luisa Vial me dijo que tenía una preocupación, pues temía, en el futuro, no poder seleccionar a sus alumnos, porque a ella no le interesaban los primeros que llegaran a matricularse, sino los más pobres entre los pobres, aquellos que hay que ir a buscar, tal vez, a sus propios hogares.

En otras palabras, esos niños que manejan escasos vocablos y a los que ella convertía en grandes lectores, porque como señalaba luego en esa entrevista dominical que le hizo Soledad Vial, “una investigación de la Universidad de Chile demostró que un niño pobre maneja 75 vocablos a los cinco años y uno de familia normalmente culta, mil. Hay un handicap fuerte; más que material, una pobreza cultural que es la que más incide en el aprendizaje”.

Para ella los profesores que trabajan en su proyecto habían sido “clave”, y se merecían libertad y autonomía y buenos sueldos, para poder ser profesionales responsables de sus alumnos en aspectos que van mucho más allá del académico.

No observaba lo mismo en la gran mayoría de los  profesores dependientes del Estado. Y con esto no aludía solo a los bajos sueldos, sino a su falta de tiempo para preparar clases y corregir trabajos de los alumnos; a la falta de reemplazantes si enferman o se ausentan por otro motivo, por lo que el que ya tiene un curso a cargo debe lidiar con dos; a la falta de un perfeccionamiento serio; a la falta de autoridad que impide actuar en casos de negligencia, de malos resultados o incluso de maltratos por sus alumnos (sin contar esos casos en que son blanco de críticas sociales e insultos de algunos padres). También consideraba  el desafío de trabajar en un ambiente de vidrios rotos, llaves de agua que no cierran, y suciedad y fealdad extremas. En fin…

Con todos estos antecedentes leí detenidamente sus respuestas a “El Mercurio”, plenas de sencillez y sabiduría, dos virtudes que cuando son verdaderas suelen encontrarse.

Claridad en las respuestas

Estos son algunos de los párrafos que entonces marqué de esa entrevista aparecida en “El Mercurio”:

# “Esta reforma no está centrada en el niño. El foco está en la política, en el gremio, en la calle, y yo no le encomendaría los niños a la calle; menos los de las familias más modestas, que más necesitan de buenos colegios.

# “En nuestro colegio nadie paga y a mí, profesionalmente, como educadora, me interesa el niño más difícil, para demostrar que todos pueden. Hasta ahora, veo cómo les llegan cosas a los colegios municipales… Los peores colegios que he visto tienen pizarras electrónicas, proyectores, televisores, pero no tienen profesores bien pagados.

# “…es absurdo que una persona que está sirviendo a un niño, dándole lo único que puede sacarlo del barro, trabaje en un ambiente en que muchos alrededor suyo no cumplen. El Estado ha hecho lo que quiere con el profesor: por un lado lo protege para que no lo echen y, por otro, le da condiciones inhumanas de trabajo.

# “Un niño pobre necesita mucho más lenguaje que un niño de otro medio: oral y escrito, leer mucho y cosas muy buenas, variadas, que le generen interés. Los niños tienen un paladar fantástico para lo que es bueno, no están echados a perder. Me acuerdo de una niñita que tuve hace años. Era tan viva, que en abril de 1° básico ya leía y yo le pasé muchos libros; se los devoraba, pero a mediados de año tuvo un problema familiar muy serio y tuvimos que enseñarle a hablar de nuevo…

# “¿Qué significa fin a la selección? Es mentira que los colegios busquen los niños más fáciles; profesionalmente nos interesa el desafío más grande y veo que los niños son inteligentes, fallan más arriba, porque el sistema es malo y se les deshacen las familias.

# “Justicia, responsabilidad y libertad. Es de justicia que el profesor tenga las condiciones para hacer un trabajo que ya es difícil; también, que responda como persona recta y tenga libertad. Sin libertad no hay profesionalismo sino funcionarios, instrumentos o voceros de la ideología de turno.

# “El Estado es administrador y aporta los recursos de todos los chilenos: ¿vela porque se utilicen bien, porque los niños reciban buena educación?”.

Hasta ahí las citas.

Curiosa columna la mía, fundamentada en una entrevista, pero también por mi parte con la gran admiración que recogí durante las muchas décadas en que la vi actuar con una consecuencia poco común.

Hoy esa entrevista, esas percepciones, esas respuestas suyas se convierten en necrología. María Luisa Vial ya está cosechando demasiados frutos más allá de esta Tierra.

Lillian Calm

Periodista

TEMAS Y NOTICIAS, 21-3-2019

 

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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