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Y MÁS AÚN SOBRE LAS MUJERES

Y MÁS AÚN SOBRE LAS MUJERES

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Lillian Calm escribe: “Me parece perfecto que mujeres y, ojo, también hombres luchen por sus derechos (y nadie me puede discutir que hay hombres muy menoscabados), pero reconozco que me hizo  reflexionar muy a fondo un artículo publicado en el diario “ABC” de Madrid, cuya autoría es de la conocidísimas periodista española Isabel San Sebastián (que, dato al margen, hija de diplomático español nació en Chile) y que titula: ‘¡Dejen de utilizarme!’”.

Cuando pareciera que todavía no se acallan los ecos de la multitudinaria marcha de las mujeres, leí una información de apenas una columna en un diario del domingo que me hizo pensar. Tanto pensé que terminé escribiendo estas líneas. Esa pequeña crónica dominical se titula “Latinoamérica sin presidentas” y recuerda que entre 2007 y 2017 “América Latina tuvo su período más fecundo en cuanto a la cantidad de presidentas que llegaron al poder en sus países”. Enfatiza: “Algo inédito en la historia”.

Luego detalla que durante esa década asumieron Cristina Fernández, en Argentina; Laura Chinchilla, en Costa Rica; Dilma Rousseff, en Brasil, y Michelle Bachelet en Chile.

Para ser franca no conozco la labor de la señora Chinchilla, así es que por esta vez no me voy a detener en ella.

Para ser igualmente franca conozco demasiado la presidencia de Michelle Bachelet en Chile y, como me produce escalofríos, tampoco quisiera detenerme en ella. Solo diré, como lo he sostenido otras veces, que su actual cargo de Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos a mi juicio es otro volador de luces que el organismo internacional inventa para algunos adláteres, ya que aún esa entidad  continúa debatiendo, inclusive con el envío de una avanzada de cinco personas, cuándo la jefa va a pisar Venezuela.

Nos quedan dos: Cristina y Dilma.

Cristina sin duda se va a librar con su fuero parlamentario (ahora es senadora) de entrar en prisión: la Corte Suprema de Justicia de Argentina acaba de ratificar la orden de arresto y prisión preventiva contra ella, acusada  de encubrir el atentado al centro judío AMIA, en 1994, con la firma de un memorándum de entendimiento con Irán.

Cuando evalúa presentarse nuevamente a las elecciones presidenciales teniendo como contendor al actual mandatario Mauricio Macri (todo puede ocurrir con el desmemoriado elector), ella también se debate entre acusaciones y causas de envergadura en las que predominan las de corrupción. Incluso ha sido imputada por el delito de “ocultamiento, destrucción o exportación ilegal de documentos históricos”, tras haberse encontrado, en su hogar particular, una carta de José de San Martín a Bernardo O`Higgins.

Dilma es la otra ex presidenta mujer: la delfina de Lula tomó las riendas del gobierno de Brasil en 2011, y fue destituida acusada por dudosas cuentas fiscales y no menos dudosas firmas de decretos. En las elecciones de octubre de 2018, al perder la senaturía por el estado de Minas Gerais (salió cuarta, con poco más del 15,3% de los votos), le infligió otro dolor de cabeza al Partido de los Trabajadores de su mentor Luiz Inácio.

De más está decir que, al igual que el hombre, la mujer puede y debe acceder a presidir un país, pero todo depende de su integridad, valía y condiciones. No por ser hombre o mujer un ser humano va a tener mejores cualidades para dirigir una nación.

Me parece perfecto que mujeres y, ojo, también hombres luchen por sus derechos (y nadie me puede discutir que hay hombres muy menoscabados), pero reconozco que me hizo  reflexionar muy a fondo un artículo publicado en el diario “ABC” de Madrid, cuya autoría es de la conocidísima periodista española Isabel San Sebastián (que, dato al margen, hija de diplomático español nació en Chile) y que titula: “¡Dejen de utilizarme!”.

Escribe: “Me declaro objetora de esa presunta identidad de género inventada para provecho de algunos. El sexo no me define. Soy persona”.

Se declara, asimismo, “indignada ante la obscena utilización que hace la izquierda de mi sexo, asumiendo que por el mero hecho de ser lo que soy debo profesar su ideología. Hastiada de consignas huecas. ¡Basta ya! Déjennos en paz a las mujeres todos los partidos y céntrense en resolver los problemas acuciantes que sufre la sociedad, a menudo por causa de sus errores e indecencia”.

Y agrega: “No somos seres desvalidos necesitados de tutela. No formamos un conjunto homogéneo de muñecas manipulables. No nos tomen por imbéciles”.

Escribe que “el Día de la Mujer ni siquiera debería existir si de verdad tuviéramos interiorizado el concepto de igualdad. ¿O acaso conmemoramos un Día del Hombre?”.

Este texto, me parece, es para dejar callados incluso a los trolls, a esos que repletan las redes sociales escondiéndose en el anonimato. Pero pienso que nos hace reflexionar a fondo a quienes no somos trolls y a quienes nos importa pensar no en manada, sino solo como personas.

Lillian Calm

Periodista

TEMAS Y NOTICIAS, 14-3-2019

 

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Humor

En 1809, el famoso novelista escocés Walter Scott (1771-1832) escribía lo siguiente:

—Alumbrar las poblaciones con gas es una quimera y una ilusión que hace reír.

Años después, en su vejez, paradójicamente, fue presidente de una compañía de alumbrado con gas.

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En 1878, el profesor de la universidad de Oxford Erasmus Wilson (1809-1884) pronosticó que:

—En lo que respecta a la luz eléctrica, hay mucho que decir a favor y en contra. Creo poder afirmar que la luz eléctrica morirá con el fin de la Exposición Universal de París. Luego no volveremos a oír hablar de ella.

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En 1940 repitió diagnóstico el profesor de Harvard, Chester L. Dawes:

—La televisión nunca será popular. Hay que mirarla en una habitación semioscura y exige continua atención.

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