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Brecha de sueños

Brecha de sueños

Brecha de sueños

Si hay que evitar los estereotipos sexistas, olvidemos el de la supuesta conspiración contra las aspiraciones femeninas y celebremos sus avances.

En cuanto se acerca el Día de la Mujer, la prensa compite a ver quién denuncia más “brechas”: brecha de género, brecha salarial, brecha en las pensiones… Este año me ha llamado la atención una nueva brecha: “brecha de sueños”. Al principio pensaba que la brecha consistía en que la estructura patriarcal impedía que las mujeres durmieran tanto como los hombres, o que les provocaba más pesadillas que sueños gratificantes. Pero al leer comprendí que el “dream gap” (siempre queda más científico en inglés) consiste en que, por lo visto, a las niñas se les cercenan a temprana edad sus sueños de alcanzar puestos importantes. Los estereotipos sexistas acechan para cortar las alas de las niñas, de modo que no desarrollan tanto su potencial como los niños.

El asunto preocupa mucho a la empresa Mattel, fabricante de la muñeca Barbie, que algo debe de haber contribuido a crear imágenes estereotipadas de la mujer con sus muñecas rubias, blancas y delgadas. No contenta con diversificar sus modelos con nuevas Barbies de distintas razas y oficios, el año pasado lanzó una campaña contra la “brecha de sueños”, que recorta las aspiraciones de las niñas. En el video de la campaña –recuperado otra vez por la cercanía del 8 de marzo– unas niñas nos aseguran que a partir de los 5 años las niñas dejan de soñar que pueden ser presidentas, grandes científicas, astronautas… Lamentan que es tres veces menos probable que les regalen un juguete científico que a un niño, y piden que se muestren ejemplos de mujeres brillantes. Para lograrlo, reclaman la ayuda de todos, de los padres, madres, hermanos, maestros, jefes…

Últimamente se lleva mucho la figura de niña predicadora de grandes causas, y hasta puede codearse con líderes mundiales en Davos. Pero aunque las niñas del video de la marca Barbie son un encanto, al oírlas es inevitable pensar que están repitiendo palabras que unos adultos han puesto en sus bocas. Yo, a su edad, soñaba con ser delantero centro del Athletic de Bilbao, y con que me regalaran un balón. Quizá las niñas de cinco años de hoy ya no desean ser princesas. Pero si sueñan de verdad con ser presidentas del gobierno y CEO, hay que reconocer que son bastante precoces y están ya muy empoderadas.

La empresa fabricante de Barbie asegura en su campaña que desde pequeñas las niñas están sometidas a estereotipos que sugieren que “las mujeres no son tan inteligentes como los hombres, estereotipos que a menudo son perpetuados por los medios y por adultos que sutilmente los refuerzan”.

Pues debe de ser muy sutilmente, pues los medios que yo leo y escucho no hacen más que repetir lo contrario: que las mujeres son tan competentes como los hombres en cualquier cosa y que pueden aspirar a todo. Es más, puedes decir sin riesgo que las mujeres hacen mejor ciertas cosas, pero como se te ocurra sugerir que hay algo que el hombre suele hacer mejor caerá sobre ti el estereotipo de machista. Probablemente, en Afganistán y en Arabia Saudí no ocurra lo mismo, pero en Occidente si a algo se dedican los medios últimamente es a jalear el potencial femenino (basta hacer una cata en la prensa de estos días).

Pero me temo que, con la idea de potenciar a la mujer, se abusa de un nuevo estereotipo, del que es un buen ejemplo esta campaña: el estereotipo de repetir que la mujer de hoy sigue atrasada respecto al hombre, como consecuencia de prejuicios culturales y sociales que frenan su empuje.

Eso, que antes era cierto, ha dejado de serlo. Es más, si lo que queremos es que hombres y mujeres desarrollen todo su potencial, lo que debería preocuparnos es por qué tantos varones se están quedando atrás en el sistema educativo.

Si en vez de prejuicios y estereotipos nos atenemos a los datos estadísticos, por ejemplo los contenidos en el informe de la OCDE Education at a Glance 2018, podemos encontrar datos como los siguientes referidos a 2017:

“Como media en los países de la OCDE, el 50% de las mujeres de 25-34 años han recibido enseñanza superior, frente al 38% de los hombres”.

“En casi todos los países de la OCDE, el porcentaje de estudiantes de menos de 25 años que ingresan por primera vez en la universidad es mayor entre las mujeres que entre los hombres. La diferencia media en los países de la OCDE es de 13 puntos”.

”El porcentaje de mujeres entre el nuevo alumnado de los programas de doctorado ha aumentado 2,5 puntos entre 2005 y 2016, y las mujeres representan ahora casi la mitad de los nuevos alumnos”.

Si hay una conspiración patriarcal para impedir que las niñas estudien y apunten tan alto como los niños, hay que reconocer que está teniendo poco éxito.

Ya va siendo hora de que, en vez de convertir el Día de la Mujer en un puro memorial de agravios, reconozcamos también que nunca las mujeres han avanzado más y que en algunos aspectos son los hombres los que se están quedando atrás.

Si se trata de presentar modelos femeninos positivos, ninguno más brillante que ese éxito colectivo que reflejan las estadísticas de educación universitaria y que augura un buen futuro profesional. Si hay que evitar los estereotipos sexistas, olvidemos el de la supuesta conspiración contra las aspiraciones femeninas y celebremos sus avances.

Al mismo tiempo, para evitar frustraciones futuras, será bueno advertir a las niñas en su momento que nadie les va a cortar las alas, pero que hasta los puestos de ángeles de Victoria’s Secret están contados, por no hablar de los de presidenta del gobierno o de astronauta (en España solo hemos tenido uno y ha terminado trabajando de ministro).

Quizá la empresa fabricante de Barbie sueña con vender más muñecas con este Dream Gap Project. Pero no debería rellenar la brecha de sueños con material desfasado.

Ignacio Aréchaga. ACEPRENSA, 06-03-2019

 

 

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