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Jorge Acosta: Admisión Justa, el Chile que merecemos

Jorge Acosta: Admisión Justa, el Chile que merecemos

Jorge Acosta: Admisión Justa, el Chile que merecemos

Hay algunos que dicen que el proyecto de Ley Admisión Justa es un buen eslogan que ha instalado el gobierno para usar esta iniciativa como una moneda de cambio, ya que en el ejecutivo saben que no cuentan con los votos en el parlamento para aprobarlo. Imagino que Mateo Muñoz Barraza, su madre Yiliang y su padre Juan Carlos (quienes son los verdaderos protagonistas de esta historia) piensan radicalmente distinto y tienen puestas sus esperanzas en que esta vez sí se haga justicia con aquellas familias que sólo quieren salir adelante y entregar lo mejor a sus hijos.

Por algunos minutos, imagine que nació en San Clemente, comuna de unos 40.000 habitantes, ubicada en el interior de la Región del Maule. Sus padres, personas de esfuerzo, le han inculcado -desde que tiene recuerdos- que la educación es la única herencia que le pueden dejar. Por eso, desde muy pequeño, gracias al apoyo de su familia ha desarrollado un constante hábito de estudio y ha puesto todas sus energías para ser el mejor de su curso. Esto es reconocido no sólo en sus excelentes calificaciones (con un promedio 6.7 al terminar la enseñanza básica), sino que también por sus profesores e incluso por sus pares al entregarle el premio al “mejor compañero”.

Al egresar de básica, sus padres desean seguir alentándolo en sus buenos resultados y por eso esperan poder entregarle la mejor educación posible. Deciden postularlo a un colegio de excelencia, que no tiene copago y cuyos egresados tienen buenos resultados en la PSU. Ellos están seguros que usted sería un gran profesional, pero necesitan entregarle las herramientas para que pueda alcanzar el sueño de ser el primero de la familia en llegar a la universidad.

Acercándose el periodo de las postulaciones para ingresar al Liceo, en dicho establecimiento le dicen que, debido a la Ley de Inclusión, ahora no debe postular para ingresar directamente a ese colegio, sino que existe un nuevo Sistema de Admisión Escolar -muy bueno, recomendado por expertos internacionales y aprobado por el Congreso- que se basa en la no discriminación y que ha mostrado grandes resultados como política pública. De hecho, dicen que cerca del 60% queda en la primera preferencia y más del 80% en alguna de las primeras tres.

A decir verdad, sus padres no están muy contentos con las respuestas que les dieron, pero no tenían otra alternativa que acatar la situación. Su familia no dispone de los recursos para pagar directamente un colegio privado. Asimismo, no les queda claro si también los congresistas o los expertos internacionales usarán el mismo sistema (que en el barrio llaman “la tómbola”) para saber a qué colegio podrán irán sus propios hijos. Quizás, si es verdad que es el mejor sistema, también lo aplicarán con ellos mismos.

Luego de todo el proceso, las expectativas de acceder a ese colegio -que sabían seguiría aumentando las oportunidades de tener una educación de calidad- se vieron estrepitosamente frustradas cuando les llegó la resolución del sistema de admisión. Usted había sido asignado a la quinta de las seis prioridades que debía elegir previamente. Tan inesperado era el desenlace que sus papás ni siquiera conocían bien el proyecto educativo. Entre otras razones, porque estaban prohibidas por ley las entrevistas con los directivos de los colegios a los que se estaba postulando. Sus padres podrían ser recibidos por la administración del liceo, para interiorizarse con el proyecto institucional, solo después de que lo matricularan.

Después de leer esta historia, no es difícil imaginar qué pueden sentir esos padres o visualizar la desilusión de su hijo. Resulta comprensible la enorme rabia que puede generar en la población cuando una política pública diseñada en los escritorios de varios burócratas capitalinos afecta tan profundamente a las esperanzas de familias humildes que no tienen más opción que dejarse llevar por caprichos ideológicos de algunos gobiernos.

Desde un tiempo a esta parte, ha llamado la atención la desconexión de la izquierda con los problemas reales y cotidianos de las personas. No han sido pocas las voces que han responsabilizado a esa desafección por las estrepitosas derrotas electorales que han experimentado en los últimos años. Para muchos es evidente que la única salida de ese laberinto vacío de sentido común en el que se ve entrampada la izquierda pasa por mirar a la cara a los chilenos afectados por sus políticas y pedirles perdón por legislar obnubilados por una borrachera ideológica. Así como darles propuestas de futuro que les hagan sentido. En caso contrario, seguirán condenados a seguir siendo enviados a la oposición.

Hay algunos que dicen que el proyecto de Ley Admisión Justa es un buen eslogan que ha instalado el gobierno para usar esta iniciativa como una moneda de cambio, ya que en el ejecutivo saben que no cuentan con los votos en el parlamento para aprobarlo. Imagino que Mateo Muñoz Barraza, su madre Yiliang y su padre Juan Carlos (quienes son los verdaderos protagonistas de la historia que se relata más arriba) piensan radicalmente distinto y tienen puestas sus esperanzas en que esta vez sí se haga justicia con aquellas familias que sólo quieren salir adelante y entregar lo mejor a sus hijos.

Estamos contra el tiempo para no seguir afectando a más personas de esfuerzo. Urge reconocer su mérito y perseverancia. Ese es el Chile que merecemos.

Jorge Acosta. Director Ejecutivo Instituto Res Publica

EL LIBERO, 16-01-2019

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