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VALPARAÍSO Y SU MALA RACHA

VALPARAÍSO Y SU MALA RACHA

VALPARAÍSO Y SU MALA RACHA

Lillian Calm escribe: “…le salió al paso en el diario “El Mercurio” un escritor que pienso conocía mejor que ella todo ese sistema. Era un joven comunista chileno que tuvo en la isla como suegro a un temido general castrista. Hoy es el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Roberto Ampuero”.

Valparaíso está viviendo una muy mala racha y por más horas y días que pasan, solo lo confirmo: Valparaíso está viviendo una mala racha.

Y esto no lo digo solo por los desastres que por poco empañan el ya tradicional Año Nuevo y que convirtieron al puerto, por unos días, en un campo de vandalismo, fuego y destrozos. Luego vinieron incendios intencionales. Ahora sus propias autoridades han propiciado -y nada menos que en el salón de honor de su Municipalidad- un homenaje a los 60 años “del triunfo de la revolución cubana”, los que califican “de dignidad y solidaridad”.

Por si acaso, y porque no me gusta confundirme, revisé de inmediato la Real Academia Española. Leo en su diccionario:

Dignidad: “excelencia, realce”. O, también, “gravedad y decoro de las personas en la manera de comportarse”. Me parece que ninguno de estos conceptos atañen a los prohombres de esa revolución, ni tampoco a la revolución misma.

Por su parte solidaridad es “adhesión circunstancial a la causa o a la empresa de otros”. Me pregunto: ¿Será de las víctimas que han dejado en el camino?

Todo esto me recordó una apología cepaliana a la muerte de Fidel, la que se produjo en noviembre de 2016. La mexicana Alicia Bárcena, secretaria Ejecutiva de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), es decir, la funcionaria internacional de una entidad financiada por los países miembros de Naciones Unidas, léase Chile incluido, puso un twitter que retiró a los tres días debido al escozor que produjo. Decía entre otros puntos: “Se ha apagado la vida fecunda de un gigante. Abrazo fraterno Raúl Castro y al pueblo cubano. Hasta la victoria siempre comandante Granma…”.

Pero le salió al paso, en el diario “El Mercurio”, un escritor que pienso conocía mejor que ella todo ese sistema. Había sido un joven comunista chileno que tuvo en la isla como suegro a un temido general castrista. Hoy ese ex joven comunista es el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Roberto Ampuero. Me remito a la columna en que él alude a Bárcenas:

Puedo entender que las diputadas Karol Cariola y Camila Vallejo manifiesten su congoja por el deceso de Fidel Castro y su admiración por él y la dictadura, pues se trata de militantes comunistas. Puedo entender también el elogio de Castro por parte de la Presidenta Bachelet, porque su corazón está atado al socialismo real, pero me cuesta comprender la apología del “máximo líder” de Alicia Bárcena, directora ejecutiva de CEPAL, por cuanto ella dirige una de las 5 comisiones regionales de la ONU, a la que uno supone identificada con derechos humanos, progreso, libertad y democracia.

Quiero imaginar que esta apología cepaliana causó escozor e irritación en algunos sectores de Naciones Unidas. Una cosa es expresar luto oficial entre países u organizaciones por el fallecimiento de figuras políticas, pero otra muy diferente es que una institución financiada con fondos internacionales celebre a un dictador sin mostrar el más mínimo respeto, pudor o sensibilidad hacia sus millones de víctimas”.

(Y ahora yo agregaría al homenaje de la autoridad de la CEPAL, el de la autoridad de la Municipalidad de Valparaíso).

Sigo con las palabras de Ampuero: “Y no hablo solo del drama de Cuba, que ha pasado más de la mitad de su vida independiente bajo los Castro. Chile -CEPAL tiene sede en Santiago- también exhibe un historial de violencia, dolor y muertes debido al castrismo. Como sabemos, el dictador instigó y financió la vía armada en Chile desde la década del 60, cuando éramos una democracia ejemplar, y entre 1971 y 73 hostigó la vía pacífica del gobierno de Salvador Allende a través de las acciones de la ultraizquierda. El dictador caribeño contribuyó así también al surgimiento de un dictador en nuestra patria. Es lamentable que una representante de mi querido México muestre esta falta de sensibilidad hacia cubanos, chilenos y latinoamericanos”.

(Recomiendo googlearlas para leerlas in extenso).

Recuerdo demasiado bien el 10 de noviembre de 1971, fecha en que Fidel llegó a Santiago a ver a su amigo Salvador. Se admiraban mutuamente.

Se quedó y se quedó y se quedó casi un mes: tres semanas, hasta el 4 diciembre (dos días después de la Marcha de las Cacerolas), y como escribí alguna vez propio de la época del Gengis Kan, conquistador mongol del siglo XII, centuria en que los medios de transporte se encontraban más atrasados que ahora… y los viajes se alargaban en forma interminable.

Fidel intervino sin disimulo en la política interna chilena. Fueron 22 días de enfrentamiento entre gobierno y oposición, y en ese largo lapso se exacerbó mucho más el antagonismo. Chile nunca más volvió a ser el mismo.

Hoy Valparaíso rinde homenaje a “los logros del pueblo cubano”.

Lillian Calm

Periodista

TEMAS Y NOTICIAS, 10-1-2019

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En el año 1780 el Rey Federico II “el Grande” de Prusia, que era un gran escéptico respecto a los avances de la medicina, le preguntó a su médico personal el Dr. Johann Georg Zimmermann:

-Decidme, sinceramente, doctor ¿de cuántos pacientes lleva su muerte en la conciencia?

A lo que el galeno respondió:

-De unos trescientos mil menos que Vos, Majestad.

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