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Los mandamientos del periodismo

Los mandamientos del periodismo

Los mandamientos del periodismo

Las noticias deben ser veraces, no manipuladas de acuerdo a la conveniencia del medio periodístico o del gobierno de turno, y verificadas rigurosamente.

 

El reconocido periodista español Juan Luis Cebrián, en su libro de ensayos “El pianista en el burdel”, hace referencia a la obra “Los elementos del periodismo”, de los periodistas Bill Kovach y Tom Rosenstiel, y señala que, pese a las transformaciones propiciadas por el internet y la era digital en el periodismo actual, aún se mantienen vigentes ciertos principios básicos que comprometen a todos aquellos que dicen ejercer el periodismo. Señala Cebrián que apartarse de esos principios equivale a desertar de la condición de periodistas. Tomando en cuenta la triste realidad actual del periodismo en el Perú, paso a mencionar a continuación los nueve principios básicos, especie de “mandamientos”, del verdadero periodismo de acuerdo con Kovach y Rosenstiel:

1) La primera obligación del periodismo es la verdad.

2) Su primera lealtad es hacia los ciudadanos.

3) Su esencia es la disciplina de la verificación.

4) Sus profesionales deben ser independientes de los hechos y personas sobre las que informan.

5) Debe servir como un vigilante independiente del poder.

6) Debe otorgar tribuna a las críticas públicas y al compromiso.

7) Ha de esforzarse en hacer de lo importante algo interesante y oportuno.

8) Debe seguir las noticias de forma a la vez exhaustiva y proporcionada.

9) Sus profesionales deben tener derecho a ejercer lo que les dicta su conciencia.

De acuerdo con Cebrián, estos mandamientos se resumen -al igual que en el Decálogo de Moisés- en dos: el periodismo debe ser veraz e independiente. La pregunta del millón es: ¿Se cumplen estos principios básicos en el periodismo peruano de hoy? Limitémonos a analizar los dos principios resumen. Comencemos por preguntarnos ¿Qué significa un periodismo veraz? Para Cebrián: “Ser veraz significa que los periodistas han de contar con los hechos tal como sucedieron o, cuando menos, esforzarse en ello. No deben manipular los datos, ni resultarlos a su conveniencia; tienen que ser rigurosos en la verificación, exhaustivos en las pruebas, plurales en los puntos de vista, puntillosos en los matices; y, sobre todo, saber reconocer sus errores y sus equivocaciones y estar dispuestos a purgar por ellos”. ¿Cuántas veces vemos a diario “noticias” en donde los medios nos narran o muestran hechos incompletos, manipulados o medias verdades? Y peor aún ¡Noticias no verificadas! Solo en base a “oídas” (se dice, se comenta, al parecer, he oído, me contaron, todo indica que, etc.). De allí que las noticias deben ser veraces, no manipuladas de acuerdo a la conveniencia del medio periodístico o del gobierno de turno, y verificadas rigurosamente. De haberse cometido un error, debe ser éste reconocido de inmediato y rectificada la noticia. ¿Cuántos casos de difamación o calumnias contra el honor de las personas y por hechos que luego resulta que no eran verdad, vemos y leemos casi a diario? Esto lamentablemente es casi un pan de todos los días en nuestro país.

De otro lado, ¿Qué debemos entender por periodismo independiente? De acuerdo con Cebrián: “Ser independiente equivale a ejercitar el papel social que su tarea implica, al no administrar la verdad que conocen según las conveniencias o presiones del poder, a no inmiscuir sus opiniones o intereses personales con los de los lectores, a no cambiar su condición primaria de testigos por la de jueces, a ser críticos, discutidores, polémicos y brillantes sin que la pasión por las palabras los aleje de la primera pasión por la verdad, sirviéndose de aquellas para iluminar con mejor y mayor luz esta última”. Como se puede apreciar, el verdadero periodista se debe a “la verdad” y no “su” verdad o a la verdad del gobierno de turno. Tampoco el periodista es un juez que juzga y condena con antelación e impone “su parecer” a la opinión pública. Hoy se puede ver y oír a periodistas que además de dar la noticia, manifiestan su opinión de inmediato, como si al público le interesara su parecer, condenando o defendiendo a los implicados en la “noticia”. Ello no implica pues un periodista independiente pues se debe ser independiente hasta de su propia opinión. Si bien la libertad de expresión es condición básica de toda democracia representativa, como bien señala Cebrián, el periodismo “no puede ser una excusa para convertir a los periodistas en espías o delatores. Tampoco en ladrones. La invasión indiscriminada y abusiva de la vida privada que muchas veces se comete, jurando en falso en nombre de la libre expresión; el recurso a la utilización de métodos que en una democracia sana debe estar reservados a la caución y decisión judicial -como son las grabaciones clandestinas-; la incitación a cometer irregularidades y corrupciones para luego denunciarlas; la utilización del engaño y la mentira como métodos de trabajo, son cosas que permiten suponer que algunos periodistas de los denominados agresivos están convencidos de que el fin justifica los medios. Esa es la raíz y esencia del pensamiento totalitario”.

¿Acaso hoy el periodista constituye una especie de agente 007 con licencia para todo incluyendo matar? Pareciera que sí. Bajo el amparo de una supuesta libertad de expresión, el periodista de hoy en el Perú se ha vuelto un individuo con poder para absolver o para condenar a cualquier persona o institución. El IDL en el Perú, por ejemplo, constituye una especie de “periodismo” errado en donde la “invasión indiscriminada y abusiva” de la vida privada de las personas, en nombre de la libertad de expresión y utilizando medios que debieran estar reservados a las autoridades judiciales y fiscales como las grabaciones clandestinas -el denominado “chuponeo”-, así como el cometer actos irregulares, mentir, corromper, sobornar, etc. no pueden constituir “medios” por los cuales el periodista alcance “la verdad”. ¡Todo lo contrario!

En resumen, el periodismo debe tener siempre como meta la verdad. No “su” verdad ni la verdad del gobierno de turno o la verdad del poder dominante. Debe ser veraz. Así mismo, debe ser independiente del Poder. Debe respetar los nueve principios arriba señalados. No puede existir un verdadero periodismo mientras el Poder vigente o gobierno de turno “compre” y someta a los medios, por ejemplo, mediante “publicidad estatal”. De allí que, con el tiempo, la credibilidad de los medios decae o es casi nula para la opinión pública en general. Como escribiera alguna vez Soren Kierkegaard: “¡Ay, ay, ay de la prensa! Si volviera Cristo al mundo, Él -igual que es cierto que yo vivo- no tendría como adversarios a los Sumos Sacerdotes, sino a los periodistas” (Diario, Brescia, Morcelliana, 1980, Vol. XI, p.258).

Alfredo Gildemeister. LA ABEJA, Perú, 13-12-2018

 

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Humor

En 1809, el famoso novelista escocés Walter Scott (1771-1832) escribía lo siguiente:

—Alumbrar las poblaciones con gas es una quimera y una ilusión que hace reír.

Años después, en su vejez, paradójicamente, fue presidente de una compañía de alumbrado con gas.

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En 1878, el profesor de la universidad de Oxford Erasmus Wilson (1809-1884) pronosticó que:

—En lo que respecta a la luz eléctrica, hay mucho que decir a favor y en contra. Creo poder afirmar que la luz eléctrica morirá con el fin de la Exposición Universal de París. Luego no volveremos a oír hablar de ella.

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En 1940 repitió diagnóstico el profesor de Harvard, Chester L. Dawes:

—La televisión nunca será popular. Hay que mirarla en una habitación semioscura y exige continua atención.

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