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River-Boca, alegoría del caos

River-Boca, alegoría del caos

River-Boca, alegoría del caos

«Lo normal, hoy, es que sea el tornado el que provoque, en secuencia regresiva, el aleteo de la mariposa: que un partido de fútbol sea un caos de diez mil kilómetros»

Tiene un sentido contemporáneo lo sucedido con la final entre River y Boca, que, según parece, se jugará en el Bernabéu, a diez mil kilómetros del lugar donde debía jugarse. El matemático yanqui Edward Norton Lorenz revolucionó hace medio siglo el estudio de los sistemas caóticos con esta malvada pregunta: «¿Puede el aleteo de una mariposa en Brasil provocar un tornado en Texas?». Desde entonces, se conoce como «efecto mariposa» a las inesperadas consecuencias que una pequeña variación en las condiciones iniciales puede provocar en un sistema caótico.

Vivimos hoy una situación inversa. El gran desorden mundial se traduce por doquier en pequeños acontecimientos caóticos. Los tornados están causando aleteos de mariposa. En el «efecto mariposa», un partido entre dos equipos venidos a menos en un país estragado por el populismo causarían efectos que a su vez causarían más efectos, hasta llegar al cataclismo. Aquí pasa lo contrario: el caos de ideas y valores que es el nuevo desorden mundial se reproduce, aquí y allá, en pequeños desastres donde se mezclan pulsiones tribales, nihilismos y el desgobierno ante la violencia.

Vivimos en un mundo en el que Estados Unidos ha dejado de liderar a los libres y Europa, la única que podría llenar ese vacío, está peleada a muerte consigo mismo. Tan absurdo es todo, que los autoritarios orientales, como los chinos, suenan en ciertas cosas más sensatos que los liberales occidentales, y los déspotas de Eurasia o Asia Menor, como Rusia y Turquía, o los del Medio Oriente, como Arabia Saudí, emergen como guías reconfortantes ante millones de ciudadanos desnortados que olvidan (o que nunca supieron) los fundamentos occidentales de la civilización.

Miren lo que acaba de suceder en la reunión del G-20. Un foro que en 2008 dio un salto cualitativo para atacar problemas globales bajo el liderazgo de las democracias liberales ha terminado convertido en un aquelarre que, en los hechos, ha convalidado la brutalidad que acaba de cometer Putin en el Mar Negro contra Ucrania, o el vil asesinato de Khashoggi a manos de agentes de Bin Salman, o los bombardeos saudíes contra miles de civiles en Yemén. Al poner en equivalencia todos los valores y sistemas políticos como si no hubiera jerarquías morales entre los diversos regímenes, el G-20 halla normal que algunos de los participantes se estén tratando de cargar la UE, el mayor esfuerzo de integración de nuestro tiempo, y que otros desnaturalicen décadas de apertura comercial jugando con aranceles y cuotas de importación como si fueran plastilina, sin entender los estropicios del proteccionismo y la necesidad de defender principios liberales de cara al resto del mundo.

Los pocos adultos en la habitación, como Merkel, ya no mandan mucho, y parecen resignarse, como en Candide, la obra de Voltaire, a cultivar su jardín. Su voz serena se ahoga entre el ulular de energúmenos y su figura anodina se pierde entre los monigotes nacionalpopulistas y los autoritarios que usan estas reuniones como si no tuvieran que rendir cuentas. Lo hemos visto en otros foros. La última reunión del APEC no pudo producir un comunicado final porque EE.UU. está más interesado en torcerle el brazo comercial a Pekín que en la libertad comercial y en la última reunión del G-7 pasó lo mismo, pero esta vez la pelea no era entre una democracia confundida y una dictadura, sino entre EE.UU. y Canadá, ¡dos vecinos liberales! Lo normal, hoy, es que sea el tornado el que provoque, en secuencia regresiva, el aleteo de la mariposa y que River y Boca sean un caos de diez mil kilómetros.

Álvaro Vargas Llosa. ABC, España, 04-11-2018

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La empresa británica Rolls-Royce buscaba introducir uno de sus modelos en Alemania, concretamente el Silver Mist ( «Niebla Plateada»). Sin embargo, se percató afortunadamente a tiempo, de que mist significa «estiércol» o «porquería» en alemán. Desgraciadamente el remedio que propusieron era aún peor. Lo rebautizaron como Mist-Stick, sin advertir que la traducción germana de ese término era «bastón de mierda». Es lógico pensar que nadie se identificaría con un coche que transmitía unos valores, digamos, tan poco glamurosos.

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Auguste Lumière (1862-1954), coinventor del cinematógrafo en 1895 junto a su hermano Louis, ni se imaginaba la repercusión que tendría su innovación ni, mucho menos, los miles de millones que se moverían anualmente gracias al cine. Para él las expectativas eran mucho más modestas:

—Mi invención será explotada durante un cierto tiempo como una curiosidad científica, pero, aparte de esto, no tiene ningún valor comercial.

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Del mismo modo, el productor de cine estadounidense de origen polaco Harry Warner (1881-1958), cofundador de la productora y distribuidora cinematográfica estadounidense Warner Brothers, dijo en 1927:

—¿Cine hablado? Pero ¿quién diablos querría escuchar a los actores hablar?

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