Temas & Noticias



Neruda, un regreso polémico

Neruda, un regreso polémico

Neruda, un regreso polémico

Contra lo que se podría haber esperado, la reacción ciudadana no ha sido favorable a renombrar el Aeropuerto de Santiago. Más bien han existido muchas críticas contra el poeta precisamente por sus acciones de vida personal, aunque también es posible advertir una crítica política hacia su figura.

 

Pablo Neruda fue durante su vida un caso curioso, que disfrutó de la admiración y adulación de muchas personas, fue famoso como poeta y sin duda llegó a ser uno de los grandes escritores en habla castellana de todos los tiempos. Pese a ello, también tuvo numerosos detractores, sea por las tradicionales luchas literarias -de egos, como dicen los críticos-, o bien por los combates políticos, en los que se involucró desde joven, con posiciones definidas en un mundo dividido: fue un disciplinado militante comunista, por afecto desde los tiempos de la Guerra Civil Española y con militancia activa desde 1945 hasta su muerte.

Neruda era un hombre duro para atacar a los personajes y regímenes que detestaba, como queda reflejado en “El general Franco en los infiernos”, en “Satrapías” –dedicado a diversos dictadores latinoamericanos- y contra muchos otros que sufrieron sus invectivas y ataques sin matices: en Chile se expresaron con claridad contra los presidentes Gabriel González Videla, en un poema muchas veces repetido del Canto General; y contra Eduardo Frei Montalva, a quien se refirió en sus Memorias con acusaciones que quedarían para la historia. Paralelamente, el poeta era leal con sus amigos, incluso adulador acrítico de correligionarios y de los dictadores afines. Entre ellos son famosas su “Oda a Stalin” o “En su muerte”, sendos homenajes al dictador soviético, que había sembrado de terror a su patria y a otros lugares de su imperio. También utilizaría su pluma para alabar a Fidel Castro en Canción de Gesta (1960) y a los regímenes edificados en Europa oriental. Una obra publicada en el año de su muerte es ilustrativa de este ímpetu maniqueo: Incitación al Nixonicidio y alabanza de la revolución chilena (1973).

La proliferación de estudios sobre Neruda muestra, en buena medida, la admiración que hay hacia un poeta de excepción, que alcanzó prestigio tempranamente, cuyos versos eran repetidos por enamorados de distintos lugares del mundo y que alcanzó en 1971 el Premio Nobel de Literatura. Tan solo en el último tiempo hemos podido ver una reedición ampliada de Confieso que he vivido. Memorias (edición reciente y completa en Seix Barral, 2017), así como también ha comenzado a publicarse Poesía completa (Seix Barral, 2018), cuyo primer tomo abarca desde 1915 a 1947, lo cual muestra una vitalidad que tiene poca comparación en el mundo editorial en español.

Sin embargo, paralelamente, en los últimos años han empezado a aparecer críticas de carácter personal contra Neruda, que de alguna manera lo bajan del pedestal y lo ubican en otro tipo de polémicas. Desciende del mito al hombre y, por lo mismo, permite una discusión más abierta, que incluso deja de lado su poesía -la gran causa de su fama-, para concentrarse en su personalidad y ciertas acciones especialmente polémicas.

“El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia”, confesó Neruda en sus Memorias.

Hay dos casos que resultan especialmente ilustrativos del poeta en su ámbito íntimo. El primero se refiere a una experiencia narrada por él mismo en sus Memorias, que sería la confesión de una violación cometida en su época en el extremo Oriente: “Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia”.

El segundo caso se refiere a la relación que tuvo con su hija Malva Marina, a quien Federico García Lorca dedicó unos hermosos versos. Neruda, por su parte, la abandonó cuando todavía era una niña pequeña, que padecía de hidrocefalia: la describió en una carta como “un ser perfectamente ridículo, una especie punto y coma, una vampiresa de tres kilos”. En un poema referido a la enfermedad habla que de “una sonrisa que no crece” y del poema que “es solo un lamento”. Desde hace algunos años han aparecido investigaciones e informaciones sobre esta relación, y emergen unas cartas de Maruca, madre de Malva Marina y que Neruda había dejado al iniciar una relación con Delia del Carril: le pide que envíe dinero y que cumpla sus deberes de padre, aunque se adivina una indiferencia del poeta (El Cultural, “El secreto mejor guardado de Neruda”, 14 de octubre de 2004).

En Chile se ha propuesto recientemente cambiar el nombre del Aeropuerto Internacional Arturo Merino Benítez, de Santiago: el nuevo nombre sería, precisamente, Pablo Neruda. La propuesta debería ser discutida por la Cámara de Diputados, en espera de una resolución. Sin embargo, contra lo que se podría haber esperado, la reacción ciudadana no ha sido favorable -como han mostrado algunas encuestas y opiniones-, sino que han existido muchas críticas contra Neruda, precisamente por sus acciones de vida personal, aunque también es posible advertir una crítica política hacia su figura. Es necesario destacar que otros, legítimamente, prefieren que el Aeropuerto conserve su actual nombre o bien adquiera otro, como el de Gabriela Mistral, la primera chilena en obtener el Premio Nobel de Literatura, en 1945.

El tema seguirá abierto a la discusión. Por Neruda, como hasta ahora, seguirán hablando sus numerosos libros, versos y premios acumulados, aunque también su biografía compleja que, en estos días, ha generado más polémica que apoyo generalizado.

Columna de Alejandro San Francisco, Profesor de la U. San Sebastián y UC. Director de Formación del Instituto Res Pública

EL LIBERO, 24-11-2018

 

Social

Para leer en familia



Ver mas artículos

Video de la semana

Video Recomendado



JUAN PABLO II
Párroco: "Tenemos que mirar para adelante, decir que es la parroquia de Karadima es tendencioso"
Reabren la joya barroca de la Ópera del Margrave
Psiquiatra Marian Rojas Explica Que Es La Ideología De Genero

Humor

Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía publicitando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

------------------------------------

El rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francisco de Quevedo (1580-1645) que improvisara una cuarteta.

—Dadme pie —le dijo Quevedo.

El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó la pierna. Pero el escritor, que siempre fue de respuesta rápida e ingenio agudo, lejos de darse por vencido, improvisó, como le habían pedido, la siguiente cuarteta:

—En semejante postura / dais a entender, señor, / que yo soy el herrador / y vos la cabalgadura.

------------------------------------------------