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La versión secular de las leyes antiblasfemia

La versión secular de las leyes antiblasfemia

La versión secular de las leyes antiblasfemia
noviembre 29

Asia Bibi debería tener cuidado si obtiene asilo en Occidente.

 

La cristiana paquistaní Asia Bibi está más cerca de la libertad tras haber sido absuelta por el Tribunal Supremo del delito de blasfemia contra el islam. Aunque todavía no se le permite salir de Pakistán, varios países occidentales le han ofrecido asilo. Pero si emigra a Occidente deberá tener cuidado, pues unas declaraciones imprudentes podrían llevarla a ser acusada de “islamofobia”. Esta y otras “fobias” se están convirtiendo en la versión secularizada de las leyes antiblasfemia.

En Pakistán la ley antiblasfemia se ha utilizado como instrumento para atropellar los derechos de los no musulmanes y tenerlos así sojuzgados por intereses que no tienen nada de religiosos. En el incidente que está en el origen del caso de Asia Bibi, esta fue acusada por otras trabajadoras de ser una “inmunda cristiana” que contaminaba el agua por beber del mismo vaso que las musulmanas; esto dio lugar a una discusión en la que ellas hicieron consideraciones despectivas sobre el cristianismo, ante lo que Asia Bibi respondió: “Creo en mi religión y en Jesucristo, quien murió en la cruz por los pecados de la humanidad. ¿Qué hizo su profeta Mahoma para salvar a la humanidad? ¿Y por qué debería ser yo la que se convierta en lugar de usted?”. A partir de ahí vendría la acusación de blasfemia, que acabó en una condena a muerte y la ha mantenido ocho años en la cárcel.

Aunque se haya convertido en un símbolo de las minorías perseguidas, si se exilia en Occidente no sé si su fama podría ser un escudo suficiente para protegerla de una acusación de “islamofobia”. ¿No está diciendo que el cristianismo es la religión verdadera, y que Cristo es superior a Mahoma? ¿No es esto una visión despectiva del islam?

Es curioso que mientras en los países islámicos los cristianos son considerados como ciudadanos de segunda clase, cuando no perseguidos, en los países de antigua civilización cristiana estemos desarrollando una visión cada vez más escrupulosa de lo que puede resultar ofensivo para el islam. La policía británica está muy activa en esta línea, y se basa en una detallada definición de “islamofobia” que incluye todo lo que suponga considerar al islam como “incapaz de cambio”, “inferior a Occidente”, “violento”, “sexista”, “irracional”, “instrumento de una ideología política”… Así que si uno dice que el islam no ha favorecido los derechos de la mujer, puede ser acusado de islamofobia. Y si afirma que la confusión entre autoridad política y religiosa del islam se presta a la utilización política de la religión, también es un islamófobo. Lo mismo que si piensa que la cultura y sociedad islámica ha sido históricamente inferior a la occidental. En suma, una visión crítica del islam es vista automáticamente como un “discurso del odio”, una fobia, en suma, una blasfemia.

Es cierto que el islam no es monolítico, y que también hay musulmanes tolerantes, sobre todo si viven en países occidentales donde no son mayoría. Pero la verdad es que no ha habido muchas manifestaciones en países islámicos pidiendo la libertad de Asia Bibi, mientras que en Pakistán los musulmanes fundamentalistas exhibían pancartas pidiendo que la cristiana fuera ahorcada y ni tan siquiera han aceptado su absolución por el Tribunal Supremo. Amén de haber asesinado en estos ocho años a dos ministros –uno cristiano, otro musulmán– que defendieron la inocencia de Asia Bibi.

Se dice que Canadá se ha ofrecido a otorgar asilo político a Asia Bibi y a su familia. Estupendo. Justin Trudeau es un político siempre atento a los gestos que pueden aportar popularidad. Pero la paquistaní debería saber que el Canadá de Trudeau es un régimen políticamente correcto, donde una opinión que una minoría considere ofensiva puede ser castigada. Así en 2017 el Parlamento canadiense aprobó una moción (M-103) para eliminar el racismo y la discriminación religiosa, “incluida la islamofobia”, que por lo visto requiere un tratamiento especial. Ya entonces los críticos observaron que el término “islamofobia” estaba imprecisamente definido, y que podía coartar la libertad de expresión e impedir cualquier crítica del islam. Pero la moción fue aprobada.

Al llegar a Canadá, Asia Bibi podría declarar que se consideraba feliz de volver a estar con sus hijos de los que ha estado separada ocho años, pues los hijos necesitan un padre y una madre. Pero esto podría ser visto como un desprecio para otros modelos de familia a cargo de parejas del mismo sexo, que se considerarían ofendidas.

Asia Bibi no solo tendría que aprender inglés, también tendría que aprender a utilizar el pronombre personal adecuado según la identidad sexual elegida por el interlocutor –ya fuera “he” o “she”, “ze” u otros–, so pena de verse penalizada por “transfobia” conforme a la ley C-16 aprobada en 2017.

Asia Bibi debería enterarse de que en el Occidente progresista también hay leyes antiblasfemia, solo que aquí se presentan como leyes contra el “discurso del odio”. Hay una diferencia de grado en las sanciones, pues aquí no hay condenas de muerte, pero sí te expones a multas, a boicots o a ser borrado de la lista de invitados presentables. En el fondo existe una coincidencia en que hay discursos intolerables, palabras irreverentes por no amoldarse al nuevo pensamiento único que consagra las opiniones dominantes. Y los ayatolás seculares no son menos intransigentes que los islámicos.

Ignacio Aréchaga. ACEPRENSA, 21-11-2018

 

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Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía publicitando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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El rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francisco de Quevedo (1580-1645) que improvisara una cuarteta.

—Dadme pie —le dijo Quevedo.

El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó la pierna. Pero el escritor, que siempre fue de respuesta rápida e ingenio agudo, lejos de darse por vencido, improvisó, como le habían pedido, la siguiente cuarteta:

—En semejante postura / dais a entender, señor, / que yo soy el herrador / y vos la cabalgadura.

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