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Barcelona y las fotos del arquitecto que vuela alto

Barcelona y las fotos del arquitecto que vuela alto

Barcelona y las fotos del arquitecto que vuela alto
noviembre 16

Jon Tugores, arquitecto, aviador y fotógrafo retrata la ciudad desde la cabina de su Airbus

Sucede casi siempre al llegar a Barcelona. Cuando se llega por el noreste y con el avión configurado para el aterrizaje en El Prat, los pasajeros que viajan en el lado derecho de la aeronave pueden disfrutar de una visión panorámica de la ciudad y su puerto. La ven, reconocen y disfrutan incluso antes de llegar a ella. Es uno de los privilegios de esta capital en la costa: compacta y con un aeropuerto que casi toca el lado sur de la metrópoli.

Algunos viajeros apuran esos últimos segundos en el aire mirando por la ventana e incluso hay quien toma alguna foto con su teléfono. Mientras eso sucede, en la cabina de vuelo los pilotos ya tienen la pista a la vista, gestionan la llegada del avión a tierra con seguridad y también disfrutan de las vistas desde la atalaya privilegiada que es su puesto de trabajo.

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El puerto y el centro de Barcelona desde el aire. Al fondo, Collserola y más atrás asoma Montserrat (Jon Tugores)

En uno de estos aterrizajes de Airbus cabe la posibilidad de que quien esté al mando del avión o supervisando el vuelo de su primer oficial sea Jon Tugores i Kirtley, un personaje singular: arquitecto, comandante de Airbus, fotógrafo, profesor universitario, conferenciante y curioso compulsivo.

Nacido en Reino Unido, criado en Mallorca y luego formado y desarrollado en Catalunya, Estados Unidos y Oriente Medio, ha plasmado una de sus fijaciones, la fisonomía de Barcelona desde el cielo, a través de un libro de fotografía, una idea en la que le apoyaron dos compañeros de profesión: los arquitectos Carles Llop y Vicente Guallart. Estos firman dos breves textos que cierran un libro no habitual, pues cada foto no tiene una explicación al uso, sino que esta llega a modo de resumen al final de sus 80 páginas de la mano de quienes, seducidos por las fotos del arquitecto-aviador, le animaron a editarlas en una obra de papel.

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De norte a sur y entre brumas, las montañas del Maresme y una Barcelona que está allí, al pie del Tibidabo, del que solo distinguimos el templo y la Torre de Collserola (Jon Tugores)

A Tugores le gusta contar historias y llegar al origen de las cosas. En lo personal, curiosamente, le cuesta algo más abrirse. Cuenta que su interés por casi todas las cosas le viene de su padre, que en Mallorca llevaba a su familia a conocer lo desconocido para entender las historias secundarias de la isla, paralelas a las más conocidas. También recuerda perfectamente su primer viaje en avión, volando desde Palma a Manchester en un Lockheed Tristar de Brisith Airways, un enorme trimotor donde pudo visitar a los pilotos, quedando pasmado por la tranquilidad de los aviadores ante un escenario de luces, palancas, botones y tecnología. Se quedó para siempre con esa sensación.

Cuando tuvo que empezar decidir qué hacer con su vida adulta, tuvo un gran empujón sobrevenido: se presentó a un concurso de pintura apadrinado por un gran pintor mallorquín: Juli Ramis. Para sorpresa de todos, ganó. Al ser menor, en lugar de un galardón con dotación económica, el premio se convirtió en un viaje de diez días por Italia.

Allí conoció El Castillo de Sant’Angelo, en Roma, Santa Maria di Fiore y Santa Maria Novela en Florencia… “Esas eran lecciones magistrales de hacía siglos. La hostia en mi fue tan colosal que tuve claro que quería saber más de ese mundo y pensé ¿Cómo serían esos edificios si los hiciéramos ahora?” comenta Tugores sobre la adolescencia y la influencia de aquel primer viaje italiano que desembocó en una vocación.

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El arquitecto, aviador y fotógrafo Jon Tugores (Cristian Casanelles)

El arquitecto inició sus estudios superiores a mediados de los 80 y ahí llegó un tercer gran flechazo tras Mallorca y la arquitectura: Barcelona. “Barcelona es LA ciudad, mi ciudad. Lo supe el primer verano universitario, cuando volví a Palma. Decidí que sería el lugar donde vivir. Una ciudad con historia, naturaleza y su energía vital que se suma a una inteligencia colectiva que te hace pensar que estas en buenas manos”, reconoce.

Un gran ejemplo fueron las respuestas ciudadanas que se produjeron cuando llegué a Barcelona allá el 1986. Año de proclamación olímpica. Donde los estudiantes de arquitectura fuimos los más afortunados del momento. La transformación arquitectónica pasaba frente a nuestros ojos en tiempo real. Tuvimos lecciones de nuestros maestros en directo. Fue sensacional”, recuerda de aquellos primeros tiempos universitarios y de una ciudad rumbo a los juegos de 1992.

Como amante de Barcelona, también es crítico con ella y reconoce que le cambiaría dos cosas: la recuperación de patios del Eixample y la regularización de las alturas. Pensando en el futuro también se plantea que más pronto que tarde la ciudad sin coches transformará a la ciudad del mismo modo que las tabletas lo han hecho con las bibliotecas. Luego, ante una pregunta inevitable a un arquitecto, Tugores contesta que su obra favorita en la ciudad es la intervención de Viaplana y Piñón en la antigua Casa de la Caritat, que acoge el CCCB. Un proyecto que le hubiera gustado firmar. “Es sensacional y está envejeciendo con gran elegancia en el corazón de Barcelona”, reconoce.

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Dos Barcelonas en una misma imagen (Jon Tugores)

Hay un aspecto del área urbana de Barcelona sobre el que habla sin pelos en la lengua y lo hace desde sus dos facetas profesionales: piloto comercial y arquitecto en ejercicio: el aeropuerto de Barcelona. “Ricardo Bofill es un maestro del encargo. Ha conseguido hacer dos terminales de arquitecturas antagónicas en el mismo aeropuerto. Nadie en la historia ha conseguido emular este despropósito”, brama sin ambages.

En el concurso de la actual Terminal 1, hubo otros proyectos de los que nos sentiríamos más orgullosos de haber salido adelante estos. La Terminal 2, funciona mejor que la T1. Puedes llegar de un vuelo de 12 horas y desde que sales del avión hasta el taxi transcurren 200 metros” y remata con una sentencia: “En España no sabemos hacer aeropuertos. Son salvajadas económicas o afuncionales”.

Javier Ortega Figueiral. LA VANGUARDIA, Barcelona

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Jon Tugores i Kirtley vestido con uniforme de comandante, su segunda ocupación (Cristian Casanelles)

Tugores ha vivido en Manchester, Mallorca, Madrid, Viena, Berlín, Dublín, Texas, Bahréin por estudios o trabajo y ha volado profesionalmente en compañías españolas y del Golfo Pérsico. Decidió compaginar la arquitectura con el pilotaje por el concepto de la mirada atrás. “No quiero llegar a los 85 años y lamentarme de aquello que no he hecho. Volar era una necesidad mental.

Mallorca se me quedaba pequeña, e imaginaba cómo volando podía superar el límite del mar y acercarme a cualquier parte del globo”, reconoce. “Al pilotar aviones puedo seguir apreciando aquellos detalles que mi padre siempre compartía, pero en otros lugares del planeta. Me hice aviador, por placer, por deseo. Fue un reto intelectual y humano. La aviación hoy en día me da libertad en la arquitectura y viceversa”, concluye al hablar de sus dos vertientes profesionales.

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El escritor francés Jean Lorrain, célebre en su época, no podía ver al pintor Henri de Toulouse-Lautrec (1864-1901). Durante una discusión le gritó:

—¿Usted me toma por imbécil?

—En absoluto, pero puedo equivocarme —le respondió Toulouse-Lautrec.

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Alejandro Dumas, padre, contaba con un equipo de escritores fantasmas que le ayudaban a escribir sus novelas. Sólo así pudo publicar tanto en tan poco tiempo. Se cuenta que un día que se encontraron Dumas padre e hijo, el primero preguntó:

—¿Has leído, hijo, mi última novela?

—No, padre. ¿Y tú?

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