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LIBERTÉ, ÉGALITÉ, FRATERNITÉ

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Lillian Calm escribe: “Mi título de esta columna, en francés, obedece precisamente al logo de la OFPRA (Oficina de Protección a los Refugiados y Apátridas), la entidad –jamás de los jamases había oído yo de su existencia, pero eso nada quiere decir- que tomó la decisión de asilar en Francia al asesino de Jaime Guzmán”.

Recuerdo ese momento en que pisé París por primera vez. En que pisamos París, porque formábamos todo un grupo. Era mi primer viaje a Europa, acababa de pasar a segundo año de Periodismo y, claro, París se me aparecía –se nos aparecía a todos- como una ciudad algo más que mágica. Sabíamos de su cultura, de su pasado y su presente, de su aura republicana, de su Declaración de los Derechos del Hombre… Pero nada sabíamos de su futuro. Imposible vaticinarlo.

La mayoría éramos universitarios. El tour iba a cargo de Carmen Errázuriz quien, por primera vez, llevaba con ella a sus tres hijos: Rosario, María Isabel y Jaime Guzmán, estudiante de Derecho que aún no cumplía la mayoría de edad.

¿Podíamos imaginar entonces, embelesados por una Francia que estábamos descubriendo, lo que ocurriría décadas después? ¿Que Jaime moriría asesinado y que sería ese país el que le daría asilo a su asesino?

El 1º de abril de 1991, día del mortal atentado, ese estudiante ya era un abogado de prestigio que había sido elegido senador por votación popular con un total de 224.396 sufragios. Y en un Chile de régimen democrático y en pleno estado de Derecho, el parlamentario murió acribillado por militantes de extrema izquierda (el letal Frente Patriótico Manuel Rodríguez), mientras salía tranquilamente, una tarde, del Campus Oriente de la Universidad Católica, donde impartía clases en la misma Facultad de Derecho que lo había formado.

Mi título de esta columna, en francés, obedece precisamente al logo de la OFPRA (Oficina de Protección a los Refugiados y Apátridas), la entidad –jamás de los jamases había oído yo de su existencia, pero eso nada quiere decir- que tomó la decisión de asilar en Francia al asesino de Jaime Guzmán. Ese asesino ya había sido condenado en Chile y se fugó en 1996 cuando cumplía cadena perpetua en la cárcel de Alta Seguridad de Santiago.

La Embajada de Francia en Chile y otras reparticiones galas han procurado maquillar de independencia a la tal Oficina y señalar que actuó “en el marco de la ley francesa, sobre las solicitudes de asilo que llegan a esta entidad”.

Ni siquiera han considerado que se trata de alguien que perpetró un magnicidio. ¿Pero qué es magnicidio? Transcribo de la web: “Según la definición de la Real Academia Española, el significado de esta palabra refiere a un asesinato, una muerte violenta dada a una persona muy importante por su cargo o poder. En la historia de la humanidad son muchos los casos perpetrados de magnicidios. Estos casos suelen darse por cuestiones ideológicas y políticas con intenciones de producir una crisis institucional o también un golpe de estado. En el ámbito judicial y penal este concepto es una de las figuras más penadas históricamente por los estados de los diferentes países…”.

¿Cómo imaginar que precisamente los franceses, que se supone están muy por sobre el subdesarrollo y el tercer mundo, al que miran desde muy pero muy arriba, fueran a resultar ajenos a un magnicidio?

Ese país que tanto nos encandiló entonces -y que conocí a la par que Jaime Guzmán y sus hermanas- es el que hoy le da la espalda al senador asesinado y también a Chile. A nuestras perdurables relaciones diplomáticas, a la jurisprudencia y a sus propios Derechos del Hombre tan requete cacareados desde su Revolución Francesa. ¿Por qué a Jaime Guzmán tendrían que serle vetados?

Los asesinos eligieron cobardemente a una víctima que no se iba a defender. No sabía lo que era andar armado. Jamás en sus planteamientos existió violencia alguna. Por el contrario: ayudó siempre a quienes no pensaban como él y más aún en tiempos en que esa ayuda fue de vida o muerte, pero esos beneficiados de antaño hoy permanecen callados.

Aclaro que nada tengo que ver con la UDI, que él fundó, pero sentí que debía escribir ante este atentado perpetrado por Francia a un senador chileno. A un abogado, ideólogo, orador y ensayista destacadísimo, a un católico de esos que tanta falta hacen hoy en día.

Pero Francia parece, hasta aquí, haber optado por proteger a su asesino.

Nadie está pidiendo venganza. Solo justicia.

Lillian Calm

Periodista

TEMAS Y NOTICIAS, 08-11-2018

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