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Diferencias entre un niño hiperactivo y otro con TDAH

Diferencias entre un niño hiperactivo y otro con TDAH

Diferencias entre un niño hiperactivo y otro con TDAH

«Se diagnostica TDAH con evaluaciones de 10 minutos y eso es una barbaridad»

Con demasiada frecuencia hay padres que aseguran «mi hijo es hiperactivo, tiene Tdah (Trastorno por Déficit de Atención y/o hiperactividad)», cuando afirman que su pequeño no para, se pasa el día corriendo de un lado a otro, está poco tiempo sentado, juega a una cosa y al rato se cansa y juega a algo distinto… Sin embargo, no hay que olvidar que ser inquieto es algo intrínseco a la edad de los niños, una actitud que poco a poco va cambiando según marca su desarrollo madurativo. Por este motivo, no son pocos los expertos que apuntan que calificar a un niño —por el simple hecho de ser un pequeño y suponer un esfuerzo para los padres seguir su ritmo— de Tdah no siempre es acertado.

Manuel Antonio Fernández, director del Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica y Neuropediatría experto en aprendizaje y conducta, matiza que precisamente hasta los seis años ningún niño debe ser diagnosticado de Tdah puesto que a esa edad es a la que se fija el inicio de la escuela y el comienzo del aprendizaje de la lectura porque se presupone que ya está en disposición de comenzar a concentrarse y controlar sus movimientos para estar sentado en clase.

Explica que a los niños pequeños inquietos les cuesta mucho prestar atención a un tema concreto salvo que sea muy de su agrado. Además, no son capaces de mantener esa atención durante mucho tiempo. Cualquier cosa les distrae. «Además de por el gran nivel de energía y metabolismo que tienen, la falta de regulación del movimiento hace que no paren de saltar, correr o jugar. No son capaces de estarse quietos durante mucho tiempo. Y, a menor edad, menos capacidad de control de impulsos, por lo que suelen manifestarse caprichosos, impacientes y “egoístas”. Cuando quieren algo, no quieren esperar. No toleran las frustraciones y tienen rabietas cuando no consiguen sus objetivos».

Para diferenciar a un niño inquieto de un niño Tdah —con un elevado nivel de actividad respecto a lo que se ha establecido normal para su edad—, este experto apunta que deben darse al menos dos de los siguientes escenarios:

Escolar: plantea dificultades para concentrarse, para entender los conceptos, para el aprendizaje y atención en general. No consigue evolucionar al ritmo del resto de la clase.

Social: tiene dificultades de integración, no sigue el ritmo del juego con sus compañeros, se muestra inquieto, retador, impulsivo, competitivo, siempre quiere ser el ganador, el número uno. Esta actitud puede causarse el rechazo del grupo de amigos.

Familiar: no es capaz de obedecer ninguna orden, no se muestra razonable, no manifiesta autocontrol en su conducta. Supone, normalmente, una fuente de conflictos familiares.

«Hay ocasiones en que los niños Tdah pueden autocontrolarse en clase y a nivel social porque tienen que mantener su imagen ante los demás pero, al llegar a su casa, suponen una verdadera explosión y dan rienda suelta a todo lo que durante el resto del día se han contenido. Cuando esto ocurre, suele despistar mucho en las conversaciones entre los padres y docentes, puesto que los profesores consideran que el problema es de educación en el entorno familiar».

El director del Instituto Andaluz de Neurología Pediátrica no deja de advertir de que se trata de una cuestión subjetiva y difícil de medir, por lo que ha habido mucha controversia al respecto, tanto que muchos opinan que la hiperactividad no existe, que todos los niños son nerviosos.

Para acabar con este tipo de especulaciones y aportar más luz a esta cuestión, asegura que existe una técnica que es objetiva llamada Realidad Virtual Aula de Nesplora. «Consiste en que el niño a examinar se coloque unas gafas 3D y unos auriculares. De esta forma sencilla se sentirá dentro de un aula y se le dará unos minutos para que se acostumbre a ella. Un profesor virtual le dará unas indicaciones para realizar un par de actividades. El programa resgistrará, de esta forma, cuál es su nivel de atención, de control de impulsos, de tiempo de respuesta, su cansancio mental, así como los movimientos que realiza gracias a los sensores de sus gafas virtuales. Los datos resultantes —matiza— se comparan con los de una base de datos de niños de su misma edad y que miden todos los parámetros evaluados para saber si está por encima o no de la media. Se trata, en definitiva, de hacer una valoración lo más objetiva posible».

Si el valor está muy por encima de la media se puede proceder a realizar un tratamiento que puede ser farmacológico o terapéutico, en función de cada caso. «El farmacológico ayuda a la maduración del cerebro y deberá mantenerse según el estado inicial de cada niño. En contra de lo que pueda decirse, este tratamiento no es para toda la vida. Una vez conseguido el proceso madurativo del cerebro se deja esta tratamiento porque el niño habrá superado su problema», indica este experto.

Laura Peraita. ABC, España, 05-11-2018

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