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TIENEN UN NO SÉ QUÉ

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Lillian Calm escribe: “El tema es quién era Melgarejo y, mientras más lo estudio, más se me viene a la memoria Evo Morales, que acaba de dar un paso en falso en la Corte Internacional de Justicia de La Haya pensando en vano que los jueces de ese organismo iban a colaborar fabricándole un trampolín para su próxima campaña presidencial”.

Los bolivianos –no me refiero a todos, sino a aquellos que tienen cierta cultura- se indignan cuando sale a la palestra una famosa anécdota según la cual la Reina Victoria habría tachado en el mapa el país altiplánico.

No tengo por qué dudar de que sea cierta por mucho que algunos hasta hoy la ponen en duda. Habría sucedido cuando gobernaba en el vecino país el Presidente Mariano Melgarejo, allá en el siglo XIX, cuando no existían la ONU y menos su Corte Internacional de Justicia de La Haya.

Fue entonces, tras una arremetida de Melgarejo contra el embajador de Su Majestad, cuando la Reina Victoria de Inglaterra sentenció: “Bolivia no existe” y de un plumazo (entonces se usaban plumas verdaderas), tachó el país en un mapamundi.

Tiempo atrás recordé este hecho en una columna y algunos lectores oriundos de la nación vecina se ofendieron, pero dado el carácter de sus protagonistas la anécdota tiene más visos de verosimilitud que de “fake news”. Por lo demás se encuentra en diversas fuentes (como el diario “ABC” de Madrid). Hoy la vuelvo a recordar ya que pienso que el periodismo está para informar y no para cuidar susceptibilidades.

El tema es quién era Melgarejo y, mientras más lo estudio, más se me viene a la memoria Evo Morales, que acaba de dar un paso en falso en la Corte Internacional de Justicia de La Haya pensando, en vano, que los jueces de ese organismo iban a colaborar fabricándole un trampolín para su próxima campaña presidencial.

Y que, por lo demás, es un mandatario que sistemáticamente se ha burlado del Derecho Internacional. No olvidemos que dijo: “No soy jurista, no conozco derechos internacionales (pero) puedo entender que este tratado (el de 1904 con Chile) ya está muerto”.

Pero vuelvo mejor a Melgarejo, personaje decimonónico que fue Presidente de Bolivia gracias a un golpe de Estado y que gobernó desde fines de 1864 a principios de 1871, es decir, cuando paradójicamente en Chile gobernaba José Joaquín Pérez, un prohombre culto que había sido parlamentario, diplomático y ministro de Manuel Bulnes.

El inefable vecino Melgarejo entretanto daba pie para llenar páginas y páginas de autores tan variados como Tomás O’Connor D’Arlach, en “Dichos y hechos del General Melgarejo”; Max Daireaux, con “Melgarejo”; Alcides Arguedas en “Los caudillos bárbaros” y otros. Eso de caudillos bárbaros no es solo una hipérbole. Cuentan que cuando Prusia invadió Francia (el mandatario altiplánico era una ferviente admirador de Francia), le pidió a uno de sus altos mandos enviar tropas bolivianas para colaborar en la defensa de París (sic), aunque él no localizaba muy bien en el mapa la capital gala. Cuando el general le advirtió que demorarían mucho en cruzar el océano Atlántico, Su Excelencia le respondió con furia: “No sea tonto! ¡Tomaremos un atajo!”.

Ése era Melgarejo, que era sorprendido leyendo el diario al revés y, cuando se lo hacían notar, espetaba: “¡El que sabe leer, lee no más!”.

En esa columna a la que ya hice referencia conté que a su caballo Holofernes le concedió uno de los más altos honores. Max Daireux cita a Melgarejo: “Holofernes es más inteligente que todos esos tipos que están ahí reunidos: ministros, funcionarios, obispos y generales. Es él quien gana mis batallas, pues como puede verse mi cabeza es chica, mientras que la de él es muy grande. Por eso yo lo dejo pensar por los dos”.

Y el autor Tomas O’Connor D’Arlach consigna: “Una tarde de 1871, durante un gran banquete en el palacio de gobierno de La Paz, Melgarejo cansado de oír tantos brindis que sus cortesanos le dirigían, saturados de adulación y bajeza dijo a éstos: ‘Señores: creo que bastante han bebido ya ustedes a mi salud. Ahora les pido una copa a la salud de mi Holofernes’. Acto seguido hizo sacar al caballo de la caballeriza y aquellos hombres brindaron por el caballo Holofernes. Además pidió que uno de los invitados diera con mano propia, el forraje para el cuadrúpedo”.

Reitero, Evo me recuerda a Melgarejo. Tienen un no sé qué. Un Evo que se ha perpetuado en el poder de un país maravilloso (lo conozco: llegué un día a reportear una Asamblea General de la OEA; el Presidente era Walter Guevara Arze y cuando me fui, a los dos días, el Presidente era Alberto Natusch Busch, que en la noche había derrocado al anterior).

El tema está en que Bolivia, un país riquísimo pero empobrecido, merece muchísimo más que los que ahora lo gobiernan. Y tiene y ha tenido gente de excepción. De primera.

Recuerdo las clases que me hizo en Periodismo de la Universidad Católica, el profesor Jorge Siles Salinas, uno de los más destacados intelectuales que he conocido; recuerdo también a Yolanda Bedregal, a quien entrevisté cuando vino a un Encuentro de Escritores en Santiago… Y a tantos otros que conocí cuando me dedicaba al periodismo internacional.

Por todo eso Bolivia, por su propia valía, no puede realmente reelegir a un Evo Morales.

Lillian Calm

Periodista

TEMAS Y NOTICIAS, 04-10-2018

 

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Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía publicitando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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El rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francisco de Quevedo (1580-1645) que improvisara una cuarteta.

—Dadme pie —le dijo Quevedo.

El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó la pierna. Pero el escritor, que siempre fue de respuesta rápida e ingenio agudo, lejos de darse por vencido, improvisó, como le habían pedido, la siguiente cuarteta:

—En semejante postura / dais a entender, señor, / que yo soy el herrador / y vos la cabalgadura.

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