Temas & Noticias



Latín y griego, lenguas vivas

Latín y griego, lenguas vivas

Latín y griego, lenguas vivas

«…¿Vamos a seguir pensando en Chile que estudiar la lengua de Homero, de Platón, de Catulo y Virgilio es algo tedioso, estéril o pasado de moda?…».

San Agustín reflexionaba sobre las ventajas, en los niños, de aprender una lengua al modo natural; esto es, entre bromas y juegos, en contraste con el aprendizaje de una lengua mediante preceptos complicados (conf. I, 14, 23). La verdad que esconde esta observación aplicada al aprendizaje de las lenguas es sencilla: se aprende mejor una lengua cuando se la enseña en condiciones naturales; es decir, de forma contextualizada y gradual.

Mutatis mutandis, la práctica docente de una lengua extranjera durante la adultez no difiere de este principio. Los métodos actuales para aprender inglés o francés no consisten primariamente en el aprendizaje y aplicación de principios o reglas, sino que proponen una «inmersión» total en la lengua mediante la simulación de situaciones de la vida cotidiana. Así, en primer lugar, se aprende a saludar, a despedirse y a nombrar objetos habituales. Solo a partir de la práctica se extraen reglas que permiten al hablante acceder a estructuras más complejas.

Esta verdad de Perogrullo en el aprendizaje de las lenguas modernas, ¿vale para el latín? A simple vista pareciera que no. En primer lugar, no existen contextos «normales» para hablar y escuchar el latín, dado que no se trata de una lengua en uso como el inglés o el francés. En segundo término, el latín es una lengua gramaticalmente árida, de suerte que parece difícil no enseñarla sin acudir a categorías gramaticales algo obscuras como «ablativo absoluto» o «perifrástica pasiva». Así, se suele criticar a las lenguas clásicas por su carácter abstruso y sus magros resultados (¿vale la pena invertir años para ser capaz de analizar y descifrar algunas pocas líneas?).

Antes de defender la existencia del latín en los colegios, hay que concederles algo a estas objeciones. En efecto, muchas veces la enseñanza del latín se ha reducido a una mera gimnasia intelectual que consiste en analizar, cercenar y descifrar oraciones descontextualizadas, supuestamente con el objeto de generar en el alumno una destreza superior de tipo lingüístico-formal. Los resultados de este tipo de educación lingüística suelen ser pobres. ¿Consideramos que sabe bien inglés quien, conociendo los principios de la morfología y la sintaxis, ni habla inglés, ni lo escribe, ni lo lee con fluidez, sino que solo es capaz de descifrar oraciones con la ayuda de un diccionario y de una gramática? ¿No podríamos preguntarnos lo mismo del latín?

Conscientes del peligro que entraña esta enseñanza pseudo-tradicional del latín (en realidad, una innovación del siglo XIX), numerosos latinistas se han propuesto recuperar los métodos inductivos para aprender latín, cosechando un enorme éxito. El método que el profesor Orberg formuló hace pocas décadas, que enfatiza el acercamiento contextual a la lengua, hoy forma parte integral del currículum de muchos colegios y universidades en Europa y América. Gracias al impulso de Orberg y tantos otros, existen hoy en el mundo institutos y facultades de filología que enseñan el latín y el griego antiguo como lenguas vivas. Su énfasis está puesto ya no en las habilidades formales, sino en un conocimiento práctico de las lenguas mismas y en el descubrimiento de los tesoros que ellas encierran: la historia, la mitología, la ciencia, la poesía, la filosofía. Institutos como Vivarium Novum en Roma, The Paideia Institute en Nueva York o Polis Institute en Jerusalén son la prueba de que las lenguas clásicas cultivadas como lenguas vivas sí logran entusiasmar a un gran número de estudiantes. Gracias a este impulso, cada vez son más numerosas las universidades en Europa y Estados Unidos que ofrecen cursos de verano intensivos de latín y griego en esta modalidad.

Estudiantes y profesores que se han encantado con el latín y el griego como lenguas vivas han ido fundando centros y agrupaciones en diversas ciudades del mundo. En Puebla existe hoy el Studium Angelopolitanum, en Valencia el Collegium Latinitatis, en Breslavia el Noctes Wratislavienses, en Oxford el Oxford Latinitas Project, todos con un éxito gigantesco.

Y nosotros en Chile, ¿en qué estamos? ¿Vamos a seguir pensando que estudiar la lengua de Homero, de Platón, de Catulo y Virgilio es algo tedioso, estéril o pasado de moda?

Patricio Domínguez, Instituto de Filosofía, Universidad de los Andes

EL MERCURIO, 26-09-2018

Video de la semana

Para mi, lo mejor de la pintura Impresionista

Video Recomendado

Guadalupe Ortiz de Landázuri

KATICA ILLÉNYI theremin - O sole mio




Humor

Se cuenta que durante una cacería, el rey Alfonso XIII decidió permanecer un rato sentado a la sombra de un árbol para así poder descansar un poco, mientras sus compañeros de la partida de caza continuaron con la actividad.

Poco después se paró frente a él un campesino que estaba de paso, quien le preguntó al monarca si era verdad que por allí andaba el rey y de ser afirmativo le podía indicar quién era, pues le gustaría conocerlo personalmente.

Alfonso XIII se incorporó y pidió a aquel hombre que lo acompañara hasta donde se encontraba el resto de cazadores de la montería y podría averiguar quién era el rey porque todos los presentes estarían con sus cabezas descubiertas menos él.

Al alcanzar al resto de la partida, todos se descubrieron ante el rey a excepción del campesino.

-«Ahora ya sabe usted quién es el rey» comentó Alfonso XIII

A lo que el hombre contestó:

-«Una de dos. O es usted o soy yo, porque somos los únicos que seguimos con el sombrero puesto»

----------------------------------------------------

El 8 de octubre de 1881, durante la inauguración de la línea férrea que unía las capitales de Madrid y Lisboa, con paso por Cáceres, el rey Alfonso XII tuvo un despiste a la hora de pronunciar unas palabras, en las que vitoreó a la ciudad de Cáceres.

Rápidamente fue advertido de su error, ya que no era ciudad sino villa, a lo que el monarca muy digno contestó:

«Pues desde hoy es ciudad»

Y así fue, ya que pocos meses después, el 9 de febrero de 1882, Alfonso XII ratifico sus palabras y nombró oficialmente ciudad a la hasta entonces villa de Cáceres.

---------------------------------------------------