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La Querencia

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Rusia es un país en el que se siente la historia y el sufrimiento de un pueblo estoico ante las circunstancias de su geografía, pero que, desde muy temprano en su historia, entendió que necesitaba ser fuerte para contrarrestar su vulnerabilidad ante las potencias europeas

Alguna vez un exdirector de la CIA dijo que Latinoamérica estaba predestinada al subdesarrollo. La razón es que no tiene amenazas naturales. En cambio, los países europeos y en particular Rusia, son países amenazados por su entorno, lo que provoca que deban desarrollar defensas hacia esas amenazas. No sólo me refiero a enemigos naturales que en Europa han sido todos contra todos, sino el frío como una amenaza permanente que requiere de trabajo, disciplina y estoicismo para sobrevivir.

Rusia es el país más grande del mundo y abarca dos continentes. Su población es pequeña en proporción a su territorio y consta de 140 millones de personas. La parte europea de Rusia, donde se encuentra 77% de la población, está formada por extensas llanuras que llegan hasta París. Dichas llanuras, aunado a las extensiones territoriales, hacen de Rusia un país extremadamente vulnerable para ser invadido. Como resultado de ello, decidieron poner tierra de por medio entre Moscú y su frontera como una estrategia de defensa. La estrategia constaba en que cuando entrara un enemigo, los rusos irían retrocediendo lentamente, quemando los pueblos que fueran dejando para permitir al enemigo entrar en su territorio, calculando la entrada del invierno. Una vez entrado el invierno, y con el enemigo muy dentro de la geografía rusa, la estrategia era cortar los suministros enemigos, que era relativamente fácil. Sin suministros y con temperaturas de 35 bajo cero, el enemigo estaba muerto sin haber podido llegar a Moscú.

En Latinoamérica no hemos tenido que preocuparnos de eso desde hace más de 150 años. Solamente México lo sufrió y tuvo un límite.

Rusia entendió muy rápidamente que, para sobrevivir, necesitaba dejar el poder en manos de hombres y mujeres fuertes, que tomaban decisiones difíciles, y hasta crueles, con tal de defender a la madre Rusia. Desde Pedro el Grande hasta Catalina, desde Iván el Terrible hasta Stalin, Rusia ha depositado su confianza y defensa en personas fuertes.

Cuando Gorbachov inició la perestroika, Rusia se sumió en un periodo profundo de debilidad. No sólo fue lo que sufrieron por el cambio de modelo económico, sino una aparente derrota frente al enemigo militar de Rusia que era Estados Unidos. No está en el ADN de los rusos la debilidad, en ellos está la fuerza, el estoicismo y la disciplina.

Es aquí, paciente lector, donde quería llegar. Rusia tuvo la oportunidad de cambiar su sistema político para asemejarse más a las democracias europeas occidentales, pero su condición la hizo volver al sistema de hombre fuerte que tanto le ha servido para defenderse (y dañado). Vladimir Putin es, indiscutiblemente, un líder querido en Rusia, porque les ha devuelto esa trascendencia geopolítica que tanto habían extrañado y esa seguridad en sí mismos que los ha hecho invencibles ante todo tipo de invasiones.

En eso se parecen a nosotros. Cada vez que leo la forma en que los poderes legítimos y los fácticos se rinden ante el presidente electo sin cuestionar nada a cambio, pienso que en nuestro ADN no está el ser institucionales. Que el camino de México hacia ser un país de instituciones ha sido interrumpido por la desesperación y la falta de comprensión de la importancia que tenía el cambiar de modelo político antes de permitir un voto regresivo. Ya es tarde.

España tuvo las mismas condiciones de Rusia y México en cuanto a hombres fuertes en sus gobiernos y reinos. Pero, al abrirse a la democracia, España cambió el modelo político para repartir el poder en un sistema parlamentario. Aunque hubo un intento de regresión en un golpe de Estado el 23 de febrero de 1981, la regresión fue imposible, la estructura institucional ya no lo permitía.

Luis F. Lozano Olivares, Abogado y opinante. llomadrid@gmail.com

Twitter: @LlozanoO

EXCELSIOR, México, 29-09-2018

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Humor

Se cuenta que durante una cacería, el rey Alfonso XIII decidió permanecer un rato sentado a la sombra de un árbol para así poder descansar un poco, mientras sus compañeros de la partida de caza continuaron con la actividad.

Poco después se paró frente a él un campesino que estaba de paso, quien le preguntó al monarca si era verdad que por allí andaba el rey y de ser afirmativo le podía indicar quién era, pues le gustaría conocerlo personalmente.

Alfonso XIII se incorporó y pidió a aquel hombre que lo acompañara hasta donde se encontraba el resto de cazadores de la montería y podría averiguar quién era el rey porque todos los presentes estarían con sus cabezas descubiertas menos él.

Al alcanzar al resto de la partida, todos se descubrieron ante el rey a excepción del campesino.

-«Ahora ya sabe usted quién es el rey» comentó Alfonso XIII

A lo que el hombre contestó:

-«Una de dos. O es usted o soy yo, porque somos los únicos que seguimos con el sombrero puesto»

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El 8 de octubre de 1881, durante la inauguración de la línea férrea que unía las capitales de Madrid y Lisboa, con paso por Cáceres, el rey Alfonso XII tuvo un despiste a la hora de pronunciar unas palabras, en las que vitoreó a la ciudad de Cáceres.

Rápidamente fue advertido de su error, ya que no era ciudad sino villa, a lo que el monarca muy digno contestó:

«Pues desde hoy es ciudad»

Y así fue, ya que pocos meses después, el 9 de febrero de 1882, Alfonso XII ratifico sus palabras y nombró oficialmente ciudad a la hasta entonces villa de Cáceres.

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