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Caballo de Troya

Caballo de Troya

Caballo de Troya

Como reacción al fallo favorable a Chile obtenido en La Haya frente a Bolivia, el Presidente Sebastián Piñera dijo que ayer era un buen día para el derecho internacional.

El destino ha querido que hoy sea lo contrario: un día triste para el derecho internacional. Primero, porque ha muerto Francisco Orrego Vicuña, Premio Nacional de Humanidades, el mayor internacionalista chileno y el más importante del mundo hispanoparlante en las últimas décadas. Juez (ad-hoc) de la Corte Internacional de Justicia (caso Perú vs Chile), y jurista reconocido mundialmente como uno de los mejores árbitros del mundo. Por coincidencia del destino, quien tan fielmente representó los intereses de Chile (notablemente, como miembro de la comisión chilena para la Mediación Papal entre Chile y Argentina), nos deja al día siguiente de haber concluido otro caso histórico con un vecino: Bolivia.

Pero el deceso del maestro Orrego Vicuña no es la única razón para un ánimo más sombrío, a 24 horas del fallo de la Corte Internacional de Justicia que diera un triunfo apabullante a Chile.

El Presidente boliviano Evo Morales, de regreso en La Paz, ha tildado la decisión judicial como un “informe injusto”. Ha dicho que la Corte “no entiende” que la salida al mar “es un pedido clamoroso del pueblo boliviano”, y la acusa de ‘beneficiar a los invasores, a las transnacionales”. Aseveró que la Corte “se ha equivocado” y precisó que enviará al tribunal una carta en la que pedirá que la institución “haga justicia con Bolivia”, demostrando las “contradicciones” del fallo y la supuesta intención de “no acompañar a hacer justicia a Bolivia”.

Además, el Presidente Morales anunció que su gobierno realizará una investigación para cuantificar los daños económicos que serían consecuencia del “saqueo” de los “invasores” chilenos desde 1879, y de la presunta deuda que Chile tendría con Bolivia por efectos de “territorio arrebatado”, “bloqueo de exportación e importación” y “paros en los puertos chilenos”.

La reacción del Presidente Morales no debe entenderse como una mera respuesta emocional a una derrota jurídica aplastante. Es más grave de lo que parece, pues él cuenta con asesores de alto nivel que lo han asesorado por muchos años y que naturalmente le advirtieron sobre la posibilidad de un escenario adverso. De hecho, cuando la prensa le pidió antes del fallo palabras garantizando cumplimiento, se negó a darlas, argumentando que no revelaría su estrategia.

Los dichos del Presidente Morales traslucen la negación deliberada por parte del Gobierno de Bolivia del valor de la sentencia judicial en el caso con Chile. Los jueces no son consultores que evacuan un mero informe que las partes pueden considerar o no. Lo decidido es cosa juzgada e inapelable. Sin embargo, el Presidente Morales planea no enviar una mera carta a la Corte Internacional de Justicia, sino evadir el cumplimiento del fallo y dar -urbi et orbi- la apariencia de una apelación, torciendo el sistema al que acudió y que tanto ha alabado en estos años de litigio.

Los recursos de interpretación o revisión de fallos de la Corte no son apelaciones: son excepcionalísimos y muy escasos en la historia de la Corte. Respecto de la revisión, debe haber surgido algún asunto del que no tenía conocimiento la parte que lo solicite, y debe haber constituido un factor decisivo en la dictación del fallo por parte de la Corte. Respecto de la interpretación, la parte que reclama debe indicar el punto en que a su juicio el fallo es confuso en su parte dispositiva. Tratándose de un fallo de claridad meridiana en su totalidad -tanto en su parte dispositiva como en el análisis de la evidencia presentada por las partes- no hay oscuridad que deba ser aclarada. Tampoco hay, respecto de la mentada obligación de negociar (que ya se estableció que no existe), hechos nuevos, desconocidos por Bolivia. Sin embargo, aunque los supuestos para estos excepcionalísimos recursos no se dan respecto de esta sentencia, es probable que las palabras de hoy se transformen en acciones que, en los hechos, serán presentadas como una apelación que el sistema no autoriza.

Chile debe, por lo tanto, prepararse para gastar más tiempo y energía en lidiar con un caballo de Troya boliviano que no conduce a ninguna parte; y la comunidad internacional, para observar con desazón cómo la solución pacífica de una controversia entre vecinos se frustra por la tozudez de un gobernante que nunca fue capaz de plantear con realismo su caso ante su propio pueblo y que ahora, nuevamente, pretende negarse a aceptar la realidad.

Paz Zarate Barahona. Abogada especialista en derecho internacional público (Oxford/ Cambridge/ Univ. of Chile)

EMOL, 03-10-2018

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Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía publicitando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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El rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francisco de Quevedo (1580-1645) que improvisara una cuarteta.

—Dadme pie —le dijo Quevedo.

El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó la pierna. Pero el escritor, que siempre fue de respuesta rápida e ingenio agudo, lejos de darse por vencido, improvisó, como le habían pedido, la siguiente cuarteta:

—En semejante postura / dais a entender, señor, / que yo soy el herrador / y vos la cabalgadura.

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