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Simon Schama: “el antisemitismo no es un problema del pasado, sigue vivo”

Simon Schama: “el antisemitismo no es un problema del pasado, sigue vivo”

Simon Schama: “el antisemitismo no es un problema del pasado, sigue vivo”
septiembre 27

El historiador británico publica el segundo volumen de su monumental Historia de los judíos (Debate), que abarca desde el fin de la Edad Media hasta el siglo XIX, recorre todos los continentes, y reflexiona sobre el concepto de pertenencia, dilema clave en la identidad hebrea.

El futuro de Europa y su rechazo frontal al Brexit han sido temas de conversación este fin de semana para Simon Schama (Londres, 1945) en su paso por el Hay Festival de Segovia. Pero el historiador británico recala además en nuestro país para presentar el segundo volumen de su monumental historia del pueblo hebreo, La historia de los judíos II. Pertenencia, un recorrido integral por los muchos mundos judíos desarrollados por todo el globo entre 1492 y finales del siglo XIX, que da cuenta de una diversidad vital y geográfica que quiere resaltar el autor. Con una prosa más novelística que académica, casi cinematográfica, Schama recorre la Venecia renacentista, la Inglaterra georgiana, la China Ming, o los Estados Unidos de la Guerra Civil, entre otros escenarios más habituales, para demostrar que “la historia de los judíos es la historia de la humanidad”.

Pregunta.- Cerraba su anterior volumen con la expulsión de los judíos de España, pero también relataba cómo fueron echados de casi todos los países europeos previamente, ¿Por qué es tan importante este éxodo iniciado en 1492?

Respuesta.- La expulsión de España, y décadas después de Portugal, fue un choque enorme por el gran número de población judía y por su antigüedad. Los judíos habían vivido en España desde mucho antes de que llegaran los cristianos, desde época romana. Además, a finales del siglo XV había en España unos 300.000 judíos y un tercio de ellos fueron asesinados. En términos literarios, poéticos y filosóficos fue, sin duda alguna y sin comparación, la expulsión más importante que hubo en Europa.

P.- Hoy en día se ha devuelto la ciudadanía española a muchos descendientes y se trata de recuperar algo de la riqueza de Sefarad, ¿es posible recuperar la comunidad judía de España?

R.- Ojalá, pero sinceramente no lo creo. ¿Cuántos descendientes de judeoespañoles se han acogido a esta medida? No, no creo que sea posible resucitar Sefarad. Volver a tener un judaísmo español, algo que por supuesto me encantaría, necesita un arraigo mucho más profundo que el actual, necesita tiempo y unas tradiciones mucho más complejas de cultivar en el mundo actual.

Pero trascendiendo lo local, una de las grandes virtudes del libro de Schama, como decíamos, es la multitud de personajes y el amplio campo geográfico que abarca, que se extiende por todo el mundo. Un intento del autor de huir de los estereotipos que muchas veces, especialmente en Occidente, empañan nuestra visión del judaísmo y de cómo debe ser un judío. “Efectivamente quiero huir de ese estereotipo. Lo que yo quería hacer en los tres volúmenes era huir de que el Holocausto fuera el soberano de todo, de que lo permeara todo y de que todo lo anterior fuera simplemente un preludio”, explica el historiador.

Durante siglos a los judíos nunca les permitió vivir de manera dual, ser a un tiempo judíos y españoles, franceses o alemanes”

“Es muy importante, pues, recordar que la religión y la vida judía encontraron su camino también en la India, en el norte de África, el sur de Arabia, América… Y reconocer que los judíos son un grupo muy heterogéneo, incluso en Israel. A la gente le sorprenderá muchísimo encontrar judíos negros o con rasgos asiáticos, porque tienen incluso hábitos culturales diferentes”, afirma el autor, que reconoce que ya tiene escritas algunas partes del próximo y último volumen, en concreto una que explora la realidad de los judíos etíopes de raza negra.

Ecos del pasado

P.- El subtítulo, Pertenencia, hace referencia al aspecto central del libro y al dilema de los judíos durante todos estos siglos, ¿cómo nace y evoluciona este sentido de pertenencia cultural y nacional?

R.- Mi tesis principal, la reflexión que hila todo, es que durante siglos a los judíos nunca les permitió vivir de manera dual, nunca les permitieron ser a un tiempo judíos y españoles, franceses o alemanes. No hemos sido los únicos, pero el judaísmo ha tenido la historia más larga y difícil en la lucha por esta idea de integración, que siempre terminó fracasando. Hasta hace muy poco, una y otra vez, una comunidad judía se instaló en una nueva tierra, se sintió en casa y luego fue desarraigada, a menudo violentamente. Pero es que además, este es uno de los grandes temas de nuestro mundo contemporáneo. ¿Puede uno ser musulmán y ser un buen ciudadano español, británico o francés? No he escrito el libro como una especie de alegoría a nuestro mundo contemporáneo, pero sí que este aspecto tiene ecos profundos hoy en día.

P.- Explora en el libro periodos como la Ilustración, con las grandes reformas civiles y la creación de los Derechos Humanos, podría haber una integración real, ¿por qué no triunfó?

R.- A partir de la Revolución francesa es cierto que comenzó a plantearse ese concepto de ciudadanía. Las ideas ilustradas decían que cualquier persona, independientemente de sus creencias privadas, podía ser un buen ciudadano, uno podía pertenecer al judaísmo y al mismo tiempo ser francés o alemán. En ese sentido la fusión no siempre terminó trágicamente, triunfó, pese a ciertos problemas, en lugares como Estados Unidos o Reino Unido.

Sin embargo, pese a los éxitos en ciertas sociedades, la integración de los judíos se topó en el siglo XIX con nuevo encarnizado enemigo que supondría un claro paso atrás y, a la postre, daría nueva luz al problema: el nacionalismo. “A los judíos les pilló totalmente desprevenidos que en el mundo moderno del XIX naciera una ideología centrada en un conjunto de fantasías rurales y mitos sobre la pureza nacional basados en la sangre, la antigüedad la tierra… todo lo que le gustaba a Wagner”, explica Schama. “De pronto no llegaba con ser un auténtico patriota, como fue Dreyfus en Francia, el judío volvía a ser un extranjero en su país”.

En las manifestaciones supremacistas de Estados Unidos una de las consignas es “los judíos no nos van a reemplazar”

P.- Se habla mucho hoy de los ecos nacionalistas que regresan en Europa, ¿es posible la vuelta del antisemitismo o ya es algo superado?

R.- El antisemitismo no es un problema del pasado, ahora mismo tiene un nuevo auge que estamos viendo en muchos lugares. En Hungría, por ejemplo, se da en los últimos tiempos el típico caso de antisemitismo, aunque ahora está un poco más codificado. El presidente (Viktor Orbán) ha empapelado el país con la cara del multimillonario y filántropo George Soros que aparece en grandes carteles donde pone que ese hombre está minando la soberanía de Hungría. Y cuando dice este hombre, todo el mundo sabe que se refiere a “este judío internacional”. Otro ejemplo: durante las manifestaciones de supremacistas blancos de Charlottesville del años pasado, una de las consignas era “los judíos no nos van a reemplazar”. Y esto ocurría en 2017 en Estados Unidos…

Un lugar seguro

P.- Precisamente este nacionalismo provocó una reacción en el mundo judío: el nacimiento del sionismo político. ¿Crear un Estado judío era la única solución?

R.- Para su fundador, Theodor Herzl crear un Estado propio era la única manera de encontrar un lugar donde estar a salvo físicamente, donde poder encontrar un hogar realmente propio. Para ellos significaba sobretodo una idea de protección, de protección de tu propio pueblo. En su día Herzl, profetizó: “llegará un día donde van a querer matarnos a todos nosotros”. Y no se equivocó. Aunque no quiero, como decía, que el Holocausto empañe nuestra interpretación del pasado. He tratado de resistirme a remitirme a ese polo gravitacional, a esa gran estrella de la muerte. Aunque es cierto que no podemos sonreír al final del libro.

P.- Estos intentos decimonónicos demuestran que el anhelo de Jerusalén en los judíos era muy anterior al fin de la Segunda Guerra Mundial, ¿saber esto replantea el conflicto palestino-israelí?

R.- En Jerusalén ha habido históricamente una gran presencia judía, en 1900 habría unos 75.000. Para mí era importante contar la vida de las comunidades judías en Galilea bajo el Imperio Otomano, para explicar que la creación de Israel no se debió a un lapso repentino de imperialismo a la europea. Es imposible entender el sionismo y toda la relación de la vida judía en Oriente Medio, no se puede tener una opinión sobre el conflicto con Palestina, salvo que uno entienda cuál es el trasfondo histórico de ambas partes. Hubo 750.000 judíos que se vieron obligados a abandonar los países árabes, incluyo, por ejemplo, el pogromo de Bagdad de 1941, donde murieron 300. También tenía que haber un lugar que acogiera a los judíos de Túnez, Marruecos, Yemen… ¿Por qué los judíos tienen que ser los únicos que no puedan proteger su vida?

Existe el mismo problema de pertenencia para los árabes israelíes: ¿Puede uno ser un buen musulmán y ser ciudadano israelí? Yo digo que sí”

P.- ¿Valorando todo lo ocurrido en las últimas décadas, ¿ha dado resultado la creación de Israel, ha merecido la pena?

R.- Quizá la existencia de Israel no ha salvado a suficientes judíos, pero la vasta cantidad que llegó a Palestina huyendo de Polonia, Rusía, Alemania… hubieran sido exterminados, así que por supuesto que ha valido la pena, sin duda. Con esto no quiero ni mucho menos defender la postura del gobierno israelí en Palestina, con la que soy bastante crítico, como se sabe. En el volumen tres, al ocuparme de Israel, descubro que existe el mismo problema de pertenencia para los árabes israelíes: ¿Puede uno ser un buen musulmán y ser ciudadano israelí? Yo digo que sí, y creo que la respuesta de los judíos tiene que ser sí, por supuesto que se puede. Por eso, a alguno de nosotros nos agobia y disgusta esa idea radical de Estado nación.

P.- Encara ahora el tercer libro, que termina en la actualidad, ¿dónde le pondrá el punto final?

R.- Seguramente terminará con lo que ocurra el día que termine de escribir. Hay un dicho popular en el Talmud que dice que nunca hay final, aunque dejes de escribir siempre habrá otro capítulo. La historia y la vida son interminables.

Andrés Seoane. EL CULTURAL, España, 25-09-2018

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Humor

Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía publicitando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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El rey español Felipe IV (1605-1665) le pidió al escritor Francisco de Quevedo (1580-1645) que improvisara una cuarteta.

—Dadme pie —le dijo Quevedo.

El rey, creyendo hacer una gracia, le alargó la pierna. Pero el escritor, que siempre fue de respuesta rápida e ingenio agudo, lejos de darse por vencido, improvisó, como le habían pedido, la siguiente cuarteta:

—En semejante postura / dais a entender, señor, / que yo soy el herrador / y vos la cabalgadura.

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