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“FAKE POPE”, UN LIBRO MÁS QUE REVELADOR

“FAKE POPE”, UN LIBRO MÁS QUE REVELADOR

“FAKE POPE”, UN LIBRO MÁS QUE REVELADOR

Lillian Calm escribe: “¿Cuántas noticias falsas sobre el Papa Francisco recopilaron? OCHENTA. Si bien vengo siguiendo el tema desde hace bastante tiempo debo reconocer que la cuantía, OCHENTA, me supera. Las redes sociales están saturadas (además de informaciones veraces sobre sacerdotes y monjas que no han sabido ser  fieles) de los llamados bulos sobre la Iglesia, según la Real Academia “noticia falsa propalada con algún fin’”.

El periodismo chileno, hasta el momento,  me parece que ha hecho oídos sordos. Pero ha sido noticia en “La Stampa”, en el “Vatican Insider” y en muchos otros medios foráneos. Quizás se explique porque todavía no se traduce al castellano, aunque se trata de un libro más que revelador.

Su título deriva de fake news (noticias falsas): “Fake Pope, le falze notizie su papa Francesco”, y ha sido escrito por dos periodistas italianos: Nello Scavo y Roberto Beretta, ambos del periódico “Avvenire”.

¿Cuántas noticias falsas sobre el Papa Francisco recopilaron? OCHENTA. Si bien vengo siguiendo el tema desde hace bastante tiempo debo reconocer que la cuantía, OCHENTA, me supera. Las redes sociales están saturadas (además de informaciones veraces sobre sacerdotes y monjas que no han sabido ser  fieles) de los llamados bulos sobre la Iglesia, según la Real Academia de la Lengua “noticia falsa propalada con algún fin”.

Así un público cautivo de esas redes, es decir todos nosotros, debe pasearse, sin jamás buscarlo, entre vulgares memes, fotos trucadas, videos falseados y hasta supuestas homilías papales que no son sino inventos con olor a New Age.

Incluso se reenvían algunas frases de esa dudosa procedencia, que ya le fueron atribuidas a sus antecesores, y hoy se las achacan a Francisco. Como, por ejemplo, la de los jeans: “Necesitamos santos con jeans y zapatillas” u otras tonterías semejantes en las que jamás caería pontífice alguno.

Hay ingenuotes que llegan a preguntar: ¿Pero qué importa que no sean del Papa si son palabras tan bonitas?, como si la verdad fuese la mentira.

Y así incluso se llegó a anunciar la agonía y presunta muerte de Benedicto XVI. Fue su secretario personal, Georg Gänswein, quien salió de inmediato a desmentir esa frase que se le había atribuido a él y que falseaba:  “El Papa Benedicto es como una vela que se desvanece lentamente. Está sereno, en paz con Dios, consigo mismo y el mundo. Él ya no puede caminar sin ayuda y ya no puede celebrar Misa”.

Respondió monseñor Georg Gänswein: “La frase que han puesto en mi boca es pura invención. ¡Es falsa y equivocada! Quisiera saber quién es el autor de esta”.

Y para qué hablar del famoso fotoshop que une en una sola imagen a tres Papas: Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.

Incluso el flemático “The Times” de Londres cayó y la publicó como auténtica, y el portal ACI Prensa tuvo que aclarar: “La foto en cuestión –en blanco y negro- habría sido tomada en la década de los ‘80 y en ella no figura el entonces sacerdote Jorge Bergoglio. El tercer personaje es el Cardenal Edouard Gagnon”.

Pero luego se confirmó que no era Gagnon, prelado canadiense, sino que el rostro amputado donde se colocó en cambio el de Jorge Mario Bergoglio era el del cardenal Luigi Dadaglio, quien fuera nuncio en Venezuela y España, y murió en 1990. Como consignó la página “Religión en Libertad”, la foto original (la que luego sería trucada) se encuentra en los archivos de la agencia Associated Press, “su autor fue Massimo Sambucetti y está tomada el 20 de diciembre de 1985 durante la felicitación de Navidad de Juan Pablo II a los cardenales en la Sala Clementina del Vaticano”.

Luego el mismo sitio explicaba: “En esa época, Jorge Mario Bergoglio tenía 49 años y no era obispo  (fue consagrado como auxiliar de Buenos Aires en 1992) ni cardenal (fue designado para la púrpura en 2001)”.

Esa imagen se sigue difundiendo, a pesar de todo, con la siguiente lectura: “En una fotografía única, los últimos tres Papas de nuestra Iglesia. Emociona verlos juntos. Ellos lo ignoraban. ¡¡¡Dios ya lo sabía!!! Muy pocos la han recibido. Disfrútenla!”.

Son demasiados los que se creen los cuentos que reciben por mail, Facebook, Instagram, WhatsApp o lo que sea.

Por todo esto decidí reproducir, de la página web Almudi, una de las respuestas de Lucio Brunelli, director de TV 2000, en que Alver Metalli, periodista y escritor italiano, le pregunta precisamente sobre el reciente libro “Fake Pope”.

Brunelli responde que Scavo y Beretta “seleccionaron cerca de ochenta noticias falsas que circularon en las redes sociales sobre el Papa Francisco. En este caso también hay algunas tan absurdas que uno se pregunta cómo es posible que alguien muerda el anzuelo y las tome en serio. Pienso en la historia de la sombra con forma de diablo que proyectaba la figura de Bergoglio la noche de su primera aparición pública, cuando bendijo desde el balcón de la basílica de San Pedro (un fotomontaje ridículo). Otras son más elaboradas, mezclan verdades y mentiras para resultar verosímiles, y están destinadas sobre todo a un público que se considera más influenciable en sentido crítico respecto del Papa”.

Me pregunto: ¿quiénes son los ociosos que se dedican a falsear la verdad? ¿O, más que ociosos, no serán aplicados funcionarios a sueldo que trabajan veinticuatro horas quizás bajo qué directriz con la única misión de ir falseando la verdad?

Estaba escribiendo esta columna cuando me topé de bruces con otro artículo que se refiere a una recopilación de frases que la madre (hoy santa) Teresa de Calcuta NUNCA dijo y que se le atribuyen  a ella. Pensé: no me puedo alargar, así es que dejo material para una próxima columna.

Lillian Calm

Periodista

TEMAS Y NOTICIAS, 06-09-2018

 

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Humor

Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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Durante la llamada «ley seca» puesta en vigor en Estados Unidos durante los locos años veinte, se vendían unos paquetes de zumo de frutas en los que se podía leer el siguiente mensaje:

«Atención: el contenido de este paquete no debe ponerse en una vasija de barro, mezclarlo con levadura y ocho litros de agua, porque entonces se obtendría una bebida alcohólica cuya fabricación está prohibida».

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