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Y ahora, ¿quién nos defenderá?

Y ahora, ¿quién nos defenderá?

Y ahora, ¿quién nos defenderá?

Todavía hay mucho margen para la interpretación respecto del anuncio hecho el lunes en la Casa Blanca sobre el acuerdo alcanzado por México y Estados Unidos en materia comercial.

Antes de emitir una opinión definitiva sobre lo negociado deben revisarse con cuidado los capítulos que se han dado a conocer y ver qué pasará con Canadá y su eventual incorporación o rechazo a lo suscrito por sus socios.

Dicho eso, es justo reconocer el esfuerzo y el talento del equipo negociador mexicano. Logró transformar una situación potencialmente desastrosa para el país –recuérdese lo que pasaba con la cotización del peso frente al dólar cuando se dio a conocer que Donald Trump había ganado la Presidencia de Estados Unidos– en algo que se acerca mucho a un triunfo diplomático si no es que, de plano, lo es.

No me lo crea a mí. Revise lo que han dicho sobre el “entendimiento” alcanzado en Washington el presidente electo Andrés Manuel López Obrador y su equipo. Se lo resumo: se pusieron a salvo la estabilidad económica y la soberanía nacional.

Eso no se dio por generación espontánea. Fueron casi 13 meses de conversaciones –y casi mes y medio de pláticas bilaterales México-Estados Unidos– para llegar al anuncio del lunes.

Ponerse al tú por tú con un hombre obstinado en que el libre comercio ha hecho daño a Estados Unidos (me refiero a Donald Trump) no debió ser un día de campo.

El equipo negociador mexicano se enfrentó en los hechos con la principal promesa de campaña que encumbró al hombre más poderoso del mundo. Trump había dado la impresión de que no le importaba mandar al diablo el TLCAN. Todavía ayer alegaba que sus antecesores habían negociado unos acuerdos comerciales deplorables.

Por eso respeto mucho lo logrado por Ildefonso Guajardo y sus colaboradores –especialmente Juan Carlos Baker y Kenneth Smith–, quienes pusieron su talento al servicio de México durante más de un año, metiéndose en la boca del lobo trumpiano sin perder el estilo, y todavía tuvieron tiempo para atender entrevistas periodísticas, en las que jamás tomaron el pelo a los medios (lo digo por lo que a mí consta), e incorporar al grupo a Jesús Seade, representante del equipo del presidente electo Andrés Manuel López Obrador.

Estoy seguro que la historia reconocerá el esfuerzo de esos funcionarios mexicanos. Porque no sólo lograron todo lo anterior, sino que lo hicieron en medio de una campaña presidencial que ganó un candidato disruptivo, que varias veces puso en duda su patriotismo. Es como ganar un partido de futbol con nueve jugadores, en campo ajeno y con el árbitro en contra. Chapeau.

Mi pregunta, ahora, es qué pasará con gente como Smith y Baker. ¿El próximo gobierno les dará el lugar que merecen?

Por desgracia, las autoridades que tomarán posesión el 1 de diciembre se han atado de manos. El Presidente electo ha decidido que nadie en el gobierno gane más de 108 mil pesos mensuales, lo que implica que Baker y Smith perciban algo así como 30 mil pesos. Cierto, es tres veces lo que gana el asalariado mexicano promedio, pero tal vez los deje a merced de sus acreedores bancarios, que les dirán “pues usted valdrá lo que sea, pero debe un mes de hipoteca y ya”.

¿Cómo hará el nuevo gobierno para retener en la Secretaría de Economía a talentos como los de Baker y Smith? No lo sé.

Lo que sí sé es que México los necesita, a ellos y a otros funcionarios, y no creo que el mercado laboral –el más libre que existe– vaya a ser piadoso y paciente con el nuevo gobierno.

No faltará la empresa que quiera tener a ese tipo de talento en sus filas y esté dispuesto a llevárselos, con un salario que el nuevo gobierno no quiera pagar. Porque, como ya dije, la línea es que nadie gane más que el próximo Presidente de la República.

Quizá usted me diga que 30 mil pesos mensuales son suficientes para que viva cualquier familia. No se lo discuto. Quienes lo harán serán las empresas que pagarán más que eso y que –es inevitable– aprovecharán la nueva política salarial para los trabajadores del Estado para piratear talentos.

Tal vez usted replique “que sólo trabajen en el gobierno los patriotas que estén dispuestos a sacrificarse con los nuevos salarios”. Y, de nuevo, tal vez tenga razón. Pero, júrelo, no verá usted en posiciones clave a funcionarios con la experiencia que se requiere en situaciones como la que acaba de darse en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Pascal Beltrán Del Río, Bitácora del Director

EXCELSIOR, México, 29-08-2018

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-Me encanta lo simple, pero no como marido.
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El político y economista francés Jean-Baptiste Colbert (1619-1683), confesaba que:
—El arte de los impuestos consiste en desplumar el ganso en orden a obtener el máximo de plumas con el mínimo de alaridos.
El jefe de gobierno de la Unión Soviética, Nikita Kruschov (1894-1971) decía:
—Cuando despellejes a tus contribuyentes, déjales algo de piel para que crezca de nuevo; así podrás hacerlo más veces.
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