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Vargas Llosa, mal informado sobre el aborto en Argentina

Vargas Llosa, mal informado sobre el aborto en Argentina

Vargas Llosa, mal informado sobre el aborto en Argentina

El escritor merece respeto. Pero también se lo merece la Iglesia argentina, y los millones de argentinos que se han expresado en contra del aborto

El escritor Mario Vargas Llosa tiene todo el derecho a expresar su opinión a favor de la legalización del aborto en un país hermano al suyo, Argentina. Su pluma ha engrandecido las artes americanas, y le ha ganado un respeto mundial, que se mantiene incluso entre quienes se oponen diametralmente a sus ideas, públicamente conocidas y expresadas, en general, en la prensa de Madrid.

En un artículo publicado en el diario La Nación, el escritor peruano escribe que el aborto es la opción por un mal menor. Vargas Llosa lamenta que el Senado argentino haya rechazado la ley de legalización y juzga que “ha sido una victoria pírrica para los adversarios”, además de profetizar que, “al igual que en los países más modernos y civilizados del mundo, la Argentina legalizará el aborto dentro de las catorce semanas de la gestación”. Hasta allí, su juicio, no agravia. Es simplemente eso, un juicio.

Pero el Nobel de Literatura prosigue señalando entre los “enemigos del aborto” a la Iglesia Católica, a la que define como “muy escorada hacia la caverna y el oscurantismo”. Dice incluso que quienes se presentaron como “defensores de la vida” sugirieron que los opositores son “partidarios de la muerte”.

No se desprende de la declaración de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal un espíritu de ese estilo, al punto que los obispos pidieron escuchar todas las voces “sin descalificaciones, violencia o agresión”. Para ver esa declaración del 23 de agosto, presionar AQUÍ.

Asimismo, Vargas Llosa, buscando oponerse al discurso que cree los que se opusieron a la ley enarbolaron en la Argentina, dice que la “terrible decisión suele acarrear traumas y conflictos psicológicos”. Además, asegura no recuerda a una sola mujer que “no viviera esta decisión como un profundo desgarramiento”.

Si Vargas Llosa hubiera escuchado los debates parlamentarios hubiese escuchado que los que se opusieron a la legalización del aborto insistieron permanentemente en los efectos del aborto en las familias. Lo hizo por ejemplo el sacerdote Matías Jurado, uno los tres sacerdotes de entre los cerca de mil expositores que pasaron por el Senado y la Cámara de Diputados, quien acompaña desde hace años a mujeres a superar ese tipo de dolores.

Para Vargas Llosa, la difícil decisión es “generalmente adoptada por unas condiciones de vida paupérrimas que condenarían el proyecto de vida interrumpido a una existencia inhumana, es decir, a una muerte lenta, sin esperanza de cambio, y a hundir más a la familia (sobre todo a la madre) en la miseria”.

No tuvo oportunidad de escuchar, parece, las múltiples expresiones de mujeres, de referentes de las villas miseria, que insistieron en que el aborto no es un reclamo de los pobres. O al Obispo Gustavo Carrara, el único obispo de entre los cerca de mil expositores que pasaron por el parlamento, quien desempeña desde hace años su labor pastoral en las villas.

Vargas Llosa, tras recordar su paso por los colegios religiosos y laicos, dice que no recibió educación sexual. Acusa diciendo que una “de las grandes paradojas es que quienes se oponen al aborto son también los adversarios más enconados de que los adolescentes reciban aquella formación sexual que les permitiría tener solo los hijos que quieren tener”.

Vargas Llosa omite tanto el documento ya citado de la Conferencia Episcopal, como el último, dado a conocer tras el rechazo del Senado, en el que mencionan a la educación sexual responsable como un desafío pastoral, el primero en ser enumerado, “para anunciar con mayor claridad el valor de la vida”.

Además, en otros pasajes dice Vargas Llosa que no hay “otro campo donde la diferencia económica entre pobres y ricos (o simplemente afluentes)” se dé como en el aborto. No conoce el estado de la salud pública en la Argentina, el acceso a los diagnósticos y los tiempos de tratamientos. Y que el número de abortos clandestinos oscilaría entre 350.000 y 450.000 cada año, estimación cuestionada en varias ponencias y, entre otros sitios, www.centrodebioetica.org.

Vargas Llosa concluye su artículo reseñando el escándalo de abusos por parte de sacerdotes en Estados Unidos y escribe que “una institución objeto de revelaciones tan horrendas como el abuso sexual de niños y jóvenes por parte de sus propios religiosos debía ser menos intolerante e inflexible sobre un tema tan doloroso como el del aborto, al que siempre se ha opuesto con ferocidad, prescindiendo de los matices y las razones especiales, y condenando sin contemplaciones a las madres desgraciadas que recurren a él”.

No sólo en forma de declaraciones, sino con acciones concretas que sintetizan toda la postura ante el drama del aborto, no ha sido esa mirada la de la Iglesia hacia las madres que abortan. Es el caso del “Hogar del Abrazo Maternal” de la Pastoral de las Villas.

El escritor Mario Vargas Llosa merece respeto. Pero también se lo merece la Iglesia argentina, y los millones de argentinos que se han expresado en contra del aborto.

Esteban Pittaro. ALETEIA, 21-08-2018

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