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A JUGAR CON MUÑECAS

A JUGAR CON MUÑECAS

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Lillian Calm escribe: “Por unos catorce dólares (un bien generalmente muy preciado en la vecina Argentina) se podía comprar una ¡Cristinita de trapo!, de unos 30 centímetros de alto y vestida de luto riguroso. No era sino una especie de reproducción a escala de la entonces Presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner”.

Qué ilusión le hace a una niña, por muy pequeña que sea, recibir una muñeca de regalo. La toma, la mece, la arrulla, la besa. A principios del siglo XX eran todavía de losa y aún permanecen, muy sentadas, en los rincones de algunos anticuarios. Luego, en los cincuenta, España hizo furor en la legendaria tienda Gath y Chaves (Huérfanos esquina Estado) con una exposición de su memorable Mariquita Pérez, cuya variedad de vestuario quizás inspiraría a los futuros fabricantes de la versátil Barbie.

En todo este mundo de feliz memoria surgió una muñeca, diríamos hoy con certeza, de infeliz memoria.

Ya tiene sus años (y no lo digo de adrede) pues nació allá por 2012 y se llamó Cristinita. Lo que nunca supe es qué efecto podía producirle a una niña que le regalaran la dichosa Cristinita.

Rebobinemos (palabra que suelo usar y que me sirve de mucho) y para ello me remito a una columna mía de entonces.

Por unos catorce dólares (un bien generalmente muy preciado en la vecina Argentina) se podía comprar una ¡Cristinita de trapo!, de unos 30 centímetros de alto y vestida de luto riguroso. No era sino una especie de reproducción a escala de la entonces Presidenta Cristina Fernández viuda de Kirchner.

¿Dónde se vendía? (Utilizo el pasado porque me imagino que las sobrantes fueron prontamente eliminadas). En un museo situado en la parte posterior de la Casa Rosada, residencia que de rosada pasaba a sonrojarse ante la comercialización emprendida por esa pyme inusitada.

Curiosamente, a medida que bajaba la popularidad de Cristina —la viuda de carne y hueso—, se agotaban las Cristinitas de trapo (realidad inversamente proporcional). Tanto que la primera partida fue considerada muy exigua de parte de los propios fabricantes en un país que cuenta con unos cuarenta y cinco millones de habitantes.

Cristina Fernández de Kirchner llegó a confirmar al presentar su propia muñeca que el entonces secretario Legal y Técnico de la Casa Rosada, Carlos Zanini, había expresado; “¡Le falta la escoba!”, y ella agregó tratando de hacer sonreír a sus más que abatidos conciudadanos que el funcionario la “trató de bruja”.

A estas alturas Cristina ha perdido el humor. Hoy ya no ordena fabricar muñecas de trapo vestidas de negro alusivas a su viudez, ni tampoco las de otros personajes que también comerciaba la pyme: el infaltable Néstor Kirchner (por supuesto, alado), Perón y Evita, el Che Guevara, y los entonces mandatarios Dilma Rousseff, José Mujica y Hugo Chávez (aún Maduro no estaba Maduro).

Al paso del tiempo todo parece cambiar. Cristina, como decía, ha perdido el humor, porque ahora, con la difusión de los cuadernos de las coimas K (K de Kirchner) se ha visto involucrada una vez más en un caso de corrupción que, al parecer, nada tiene que ver con un inocente juego de muñecas.

Sí. Ya parece no estar dedicada a crear figuritas de trapo vestidas de negro para una pyme, sino a defenderse, primero ante la Argentina pero también ante el mundo.

Lillian Calm

Periodista

TEMAS Y NOTICIAS, 30-08-2018

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-“Me sentí mortificada y le ofrecí disculpas a la reina, pero ella contestó, sin que se le moviera un párpado:

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