Temas & Noticias



El pudor, un espacio de libertad

El pudor, un espacio de libertad

El pudor, un espacio de libertad
agosto 23

Autor: Monique Selz . Sígueme. Salamanca (2018). 160 págs. 14 €.

Traducción: Mercedes Huarte Luxán y Fernando García-Baró Huarte.

 

Una sociedad que premia la transgresión juzgará el pudor como una moda añeja o un atavismo prehistórico, de la misma manera que una sociedad que ha promulgado los dogmas de la transparencia y la espontaneidad estimará hipócrita y hasta impostado el ejercicio del decoro. Pero esa obsesión por mostrarlo todo impugna nuestro impulso adánico de abrigar la desnudez y perjudica, como apunta la psiquiatra francesa Monique Selz, la autonomía y la libertad humanas.

Aunque la autora se refiere sobre todo a la sexualidad, es bueno recordar que hay formas de vulnerar el pudor menos obvias que la burda y gratuita exposición de la corporalidad y que, en muchas ocasiones, la preparan o facilitan, como la grosería, la procacidad emocional o la falta de respeto por la intimidad, propia o ajena, que ventila la interioridad de las personas en los medios o las redes sociales.

Selz insiste una y otra vez en la trabazón que existe entre la virtud del pudor y el disfrute social de la libertad. Y es muy hábil para detectar aquellas situaciones en las que la primera queda comprometida, ya sea de un modo directo, como en la pornografía, o indirecto, como en la vulgaridad, en el poco tacto en el ámbito sanitario, o en ciertas actitudes que hermanan la impudicia con la mala educación.

En la medida en que resguarda al sujeto, el pudor lo preserva de las amenazas nacidas de su instrumentalización, tanto por la fuerza cosificadora de la mirada soez como por la presión de dominio que proviene del poder, de cualquier poder. En definitiva, el pudor salvaguarda la integridad personal. Por esta causa, ni en el contexto del amor se debe renunciar a él. Sin pudor, no se puede respetar al otro, solo usurparle cada vez mayores extensiones a su libertad.

Para Selz, el ultraje al pudor de hoy nace para compensar el puritanismo que combatieron los sesenta. Parece que en la actualidad lo legítimo es practicar la perversión; lo genuino, militar en el nudismo. Este breve ensayo muestra lo valioso de la modestia, reivindica la importancia del pudor y de la vergüenza incluso en la vida política y sostiene que el reconocimiento y el respeto por la alteridad tienen como base el pudor.

Formada en el psicoanálisis, Selz concede demasiado a Freud, cuando es indudable que el autor de Tótem y tabú contribuyó a invertir las patologías psíquicas, convirtiendo el pudor en un trastorno represivo, lo que está muy lejos ella de compartir. ¿Existe mayor obsesión por la sexualidad que la que universaliza el complejo de Edipo?

Pero estas debilidades freudianas, bien patentes, no restan valor y oportunidad a muchas de las tesis del libro, como la que sostiene que el menosprecio del pudor ha sido decisivo para divorciar el amor de la sexualidad o que el peso concedido a la imagen menoscaba el que tiene la palabra (logos) y, por tanto, la razón. Si hubiera explicado que el aprecio por esta virtud no se justifica solo por sus efectos sociales, sino también por la repercusión que tiene en la persona que la vive, se comprendería con mayor claridad por qué desprenderse de la hoja de parra vacía al individuo y lo deshumaniza.

Josemaría Carabante. ACEPRENSA

Social

Para leer en familia



Ver mas artículos

Powerpoint de la semana

Video Recomendado

Reabren la joya barroca de la Ópera del Margrave
Psiquiatra Marian Rojas Explica Que Es La Ideología De Genero
LA DEVOCION MARIANA DE UN SANTO
Asombroso lo que hizo

Humor

Un conocido en apuros económicos acudió en busca de consejo a John D. Rockefeller sénior. Su problema era que un individuo que le debía cincuenta mil dólares se había ido a Constantinopla, y él no tenía ningún comprobante o reconocimiento de deuda que le permitiera exigir su pago. Rockefeller le aconsejó:

—Escríbale una carta reclamándole los cien mil dólares que le debe. Seguro que él le contestará diciéndole que está en un error, que no son cien mil, que sólo son cincuenta mil. Y así ya tendrá usted su reconocimiento de deuda.

-----------------------------------------------

Cuando Jean-Baptiste Colbert (1619-1683) se hizo cargo de las finanzas de Francia, hizo llamar a los principales hombres de negocios del reino. A fin de congraciarse con ellos y para ganar su confianza, les preguntó:

—Caballeros, que puedo hacer por ustedes.

—Le rogamos, señor —le contestaron todos a una—, que no haga nada. Déjenos que lo hagamos nosotros.

------------------------------------------------------------