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Misión: Imposible.Repercusión, así se hace un blockbuster

Misión: Imposible.Repercusión, así se hace un blockbuster

Misión: Imposible.Repercusión, así se hace un blockbuster

La saga protagonizada por Tom Cruise alcanza con esta sexta edición, dirigida como la anterior por Christopher McQuarrie, la solera que no tenía

 

Vaya por delante, soy fan absoluto de la saga Mission: Impossible. Desde que arrancara hace nada menos que 22 años con aquella maravillosa película de Brian de Palma, en sus seis entregas Tom Cruise ha demostrado, una y otra vez, que nadie le supera a la hora de hacer cine de acción. Cada vez más lejano en la memoria el recuerdo de la serie original, del que solo parece quedar la icónica sintonía y la vaga idea de una “misión” que sea “lo imposible”, Ethan Hunt no tiene ni aparenta los 56 años de edad de Cruise pero la saga alcanza con esta sexta edición, dirigida como la anterior por Christopher McQuarrie, algo que no tenía: solera. Hunt ya no solo maneja helicópteros, se queda suspendido de un hilo a decenas de metros de altura, conduce motos por calles intrincadas, escala arrecifes empinados, pilota aviones y, en último término, salva el mundo. Hunt siempre será un héroe, pero aquí lo vemos apaleado y hundido, víctima de sus malas decisiones y del mismo sistema por el que se juega la vida. Es un Hunt menos triunfal, más humano y mejor.

Recibida con halagos y elogios unánimes en toda la crítica mundial, parece que el debate ahora se centra en si Fallout (que significa ‘caída’) es o no la mejor película protagonizada por Cruise como Ethan Hunt. Si no la mejor, es el título que logra algo que a Hollywood últimamente no se le ha dado tan bien, crear un personaje, contar una historia, darle un cierto dramatismo que lo ennoblezca y, al mismo tiempo, no errar el tiro y hurtar al espectador lo que está esperando: un espectáculo grandioso. Del Grand Palais de París a los clubes cool de Berlín, asistimos a una sucesión de set pieces de ritmo diabólico en las que el lema de la saga, “lo imposible”, cobra una nueva dimensión. En pleno dominio del género, en todo momento queda claro que el verdadero director de orquesta es Cruise, que en plenitud de facultades, monta un circo a su alrededor que durante dos horas y media no da respiro.

Prosigue el juego de máscaras pero Fallout, como el propio personaje, es menos ingenua y sus jefes del Gobierno, más oscuros. El planteamiento de la serie, ese baile de disfraces que refleja un mundo cambiante en el que las lealtades no son fijas, parece hoy más adecuado que nunca en plena era de las fake news. Hay algo incomprensible en la trama, que no acaba de tener sentido, pero se corresponde con esa “modernidad imposible de entender” en la que vivimos. Del mismo modo, es fácil ver en la caída del héroe y su resurrección, en este caso menos gloriosa y más áspera, una metáfora del resurgimiento del propio astro, que con este film va a conseguir un éxito atronador a la altura de sus gestas épicas con Top Gun (1986) o Minority Report (2002) porque aunque cueste recordarlo viéndolo hacer acrobacias en la película, el actor no ha parado desde aquellos ya lejanos 80. Fallout viene a ser una metáfora de su propia caída y una suerte de solicitud de perdón público, como si Cruise quisiera decirle al mundo “me he equivocado pero miradme, sigo siendo el mejor en lo mío”.

Por supuesto, esto es Misión: Imposible y sigue siendo Cruise, se trata de salvar al mundo de los malos por mucho que el héroe se haya equivocado. En este caso, los villanos, llamados “los Apóstoles”, han robado plutonio con el que piensan construir potentes bombas atómicas que destruirán las principales ciudades del mundo. Un planteamiento clásico que podría salir de cualquier película de James Bond (que sigue siendo el referente más claro, Hunt no deja de ser la versión americana y más puritana del personaje) y cuya propia simplicidad sirve a McQuarrie para centrarse en lo que de verdad le interesa que es ese juego de espejos, plasmado de forma literal en una icónica secuencia, en el que Hunt debe averiguar quiénes son sus amigos y quiénes sus enemigos, lo que le da al filme altura dramática porque es una situación que todo el mundo conoce. Entre los buenos, por supuesto, sigue Simon Pegg como simpático inglés o Ving Rhames como socarrón compinche y en una zona borrosa que conviene no acabar de desvelar están Henry Cavill, muy guapo, Angela Basset o incluso Alec Baldwin. Como dijo aquel: ¡Cuerpo a tierra, que vienen los nuestros!”.

Juan Sarda. @juansarda

EL CULTURAL, España,27-07-2018

 

 

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—Perdona, chico, si en mi libro te aludo un tanto así... descaradamente. No hay nada de mala intención.

El amigo, intrigado, compraba el libro y no veía en el alusión alguna a su persona. En pocos días se agotó la edición.

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