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La inmigración desde la frontera marroquí: “Hacemos el trabajo sucio mientras España hace de buena”

La inmigración desde la frontera marroquí: “Hacemos el trabajo sucio mientras España hace de buena”

La inmigración desde la frontera marroquí: “Hacemos el trabajo sucio mientras España hace de buena”

En Rabat miran con temeridad a la vecina y amiga España. Con los gobiernos socialistas de González y Zapatero mantuvieron un idilio. Pero a Sánchez le acusan de que sus políticas migratorias provocan que se dispare esa visión de Dorado que atrae a más inmigrantes.

 

En la carretera que va de la frontera de Ceuta hasta el puerto de Tanger Med se vislumbran varias furgonetas de las fuerzas auxiliares marroquíes apostadas en los arcenes. Por primera vez en mucho tiempo, no se ve a ningún subsahariano deambulando al otro lado del quitamiedos, intentando parar a algún taxi que le lleve hasta la ciudad de Castillejos a por algo de comida. Desde Rabat encomendaron a su ejército de paramilitares «limpiar» los campamentos de inmigrantes cercanos a la valla fronteriza: eso les empuja a saltar o a lanzarse en patera al Estrecho. Hoy no quedan muchos campamentos tras el salto masivo del jueves.

Debajo de la carretera, en el bosque de Beliones, aún se ve el humo de los fuegos para cocinar dentro de algunos campamentos de mantas y plásticos. Hay que bajar durante una media hora ladera abajo y esquivar los matorrales para encontrar a los primeros inmigrantes. La mayoría vienen de Guinea Conacry, Camerún y Nigeria. Muchos vienen de malvivir en Tánger intentando sin éxito cruzar el Estrecho en una balsa de plástico. A los demás las mafias les han llevado en furgonetas hasta el bosque nada más cruzar la frontera con Argelia. Los que quedan se dividen en grupos de no más de 10 personas, para que si hay una redada no se lleven a todos.

«Nos están empujando a salir. La policía quema y asalta los campamentos y luego miran a otro lado porque no quieren que nos quedemos en Marruecos. Somos muchos los que no tenemos dinero para ir en una patera y no nos queda otra que intentar saltar la valla», sentencia un joven guineano. Otro chico, de Camerún, cuenta que cada vez están llegando más subsaharianos al norte. «Muchos ya llevamos varios años en Marruecos, en Casablanca o Fez. Algunos incluso ya no queríamos irnos a Europa y queríamos conseguir papeles para quedarnos. Pero la policía está destrozando nuestras casas y dicen que nos tenemos que ir. Y, ahora, cuando llegamos al norte, no nos dejan en paz. Nos están abriendo camino para que crucemos», asegura.

El bloqueo fronterizo se tumbó el jueves. Hacía más de año y medio que en Ceuta no se repetía esa escena: cientos de subsaharianos correteando por el barrio de El Príncipe hacia el CETI tras saltar la valla. Esta vez usaron «medios virulentos», como lo llama la Guardia Civil: recipientes de excrementos, de cal viva, piedras y palos para evitar que les cojan y devuelvan a Marruecos. Muchos vestían camisetas del Barça y del Madrid; gritaban a la carrera el ¡Viva España! y su popular expresión de júbilo, Boza, que significa victoria, que todo lo malo ha pasado. Ha sido la mayor entrada por tierra este año y supera a las 571 personas que han entrado estos meses en Ceuta colándose, sobre todo, escondidos en los coches.

La amenaza de siempre

Desde el Majzen (Estado marroquí) hace tiempo que hablan de «tapón migratorio». Y piden a Europa que llene sus bolsillos. En voz baja, la amenaza de siempre: abrir la mano con los inmigrantes para que salgan. «Nosotros hacemos el trabajo sucio mientras que en España ponen cara de buenos. Nos pintan como el malo de la película. Y estamos dispuestos a serlo mientras cumplan sus promesas», exclaman desde el reino de Mohamed VI. En Rabat miran con temeridad a la vecina y amiga España. Con los gobiernos socialistas de González y Zapatero mantuvieron un idilio. Pero a Sánchez le acusan de que sus políticas migratorias provocan que se dispare esa visión de Dorado que atrae a más inmigrantes.

En Rabat no les hace gracia la intención de Grande-Marlaska de retirar las concertinas de las vallas de Ceuta y Melilla -para Marruecos, las dos ciudades autónomas españolas están «ocupadas»-. Así se lo hizo saber su homólogo marroquí, Abdelouafi Laftit. Tampoco aprueban la idea europea de los «centros de desembarco controlados de inmigrantes» en suelo alauí. Y desde el parlamento marroquí, un diputado explica que la desconfianza hacia España se debe sobre todo a los aliados de Pedro Sánchez. «Los de Podemos son amigos de los saharauis. Pero al gobierno español no le queda otra que mantener las buenas relaciones con nosotros. Si no, pasará como la crisis de los cayucos de Canarias.”

Lucas de la Cal, Marruecos. EL MUNDO, España, 29-07-2018

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Humor

Durante un viaje en avión a Chicago, un amigo del multimillonario Philip Knight Wrigley (1894-1977) le preguntó que por qué seguía promocionando los chicles que fabricaba su empresa si esta ya era la más exitosa de todos los tiempos en todo el mundo. Wrigley le respondió:

—Por la misma razón que el piloto de este avión deja los motores en marcha cuando ya estamos en el aire.

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Al devolver un original no solicitado a un autor novel, el sabio estadounidense Samuel Johnson (1709-1784), sin más miramientos, le dijo:

—Su manuscrito es a la vez bueno y original; pero la parte que es buena no es original, y la parte que es original no es buena.

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